5 testimonios: Qué encontraron los profesores al volver a las clases presenciales

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Historias del regreso a clases contadas por profesores

Jorge López Orozco – The Clinic

A principios de marzo, los establecimientos educacionales del país volvieron todos a clases presenciales. El regreso ha tenido luces y sombras. Desde la alegría del reencuentro con compañeros y maestros, hasta reportes de violencia y cuadros de estrés. ¿Qué les ha tocado ver a los profesores en estas semanas? Cinco de ellos responden a The Clinic.

El 2 de marzo se dio por iniciado oficialmente el año escolar en el país, y más de tres millones de niñas y niños volvieron a clases de manera presencial. El retorno total a las aulas había sido defendido con fuerza por el anterior ministro de Educación, Raúl Figueroa, pero debió saltar escollos y varias oposiciones en el camino. Hasta que se concretó hace tres semanas, en medio de protocolos de prevención y seguridad sanitaria para evitar los contagios de una pandemia que sigue activa. Quienes defienden este regreso, dicen que es la forma para poder recuperar los dos años en que la educación fue entregada a través de internet.

Aún no termina el mes y las noticias reportadas de este regreso son diversas: desde el gusto del reencuentro en el colegio hasta violencia escolar, sobrepoblación de salas y estrés en estudiantes o docentes. La felicidad del volver a verse de manera física se mezcla con los miedos a los contagios. Las aprensiones de los apoderados o la falta de habilidades sociales para desarrollarse de los alumnos, recorre por igual a colegios privados y escuelas especiales, establecimientos rurales o urbanos, enfrentando prácticamente los mismos problemas y dilemas.

La felicidad del volver a verse de manera física se mezcla con los miedos a los contagios. Las aprensiones de los apoderados o la falta de habilidades sociales para desarrollarse de los alumnos, recorre por igual a colegios privados y escuelas especiales, establecimientos rurales o urbanos, enfrentando prácticamente los mismos problemas y dilemas.

¿Cómo ha sido este retorno a la presencialidad? Cinco profesores de Antofagasta, La Serena, Santiago, San Javier y Parral relatan en primera persona sus impresiones a tres semanas de iniciadas las actividades escolares 2022. La visión de lo que ha sido este crucial momento en la educación nacional en medio de la peor pandemia en un siglo, sigue a continuación en las voces de sus protagonistas.

Daniel Martínez (45), profesor de música, colegio San Luis de Antofagasta

«Trabajo hace 15 años como profesor. Mi colegio es particular, pertenece a la Compañía de Jesús y está enfocado principalmente a niños de estrato social alto, aunque también posee muchas becas para estratos medios y medios bajos».

«El año pasado comenzamos con la modalidad híbrida y ahí fue la primera vez que pude ver la felicidad de los niños, sobre todo de los pequeños, al volver a estar en un espacio más grande, corriendo, gastando la energía que tienen a esa edad y compartiendo con sus pares de manera real. El ver la felicidad de ellos después de un año de pandemia, me impactó».

Profesor Daniel Martínez

«Ahora que volvieron todos juntos al colegio están muy felices, la verdad. Con tanto tiempo de medidas restrictivas siento que todos tenemos consciencia de lo que debemos hacer. En las salas se usa alcohol gel y mascarillas, ya saben lo que pueden o no hacer, y eso ha hecho más fácil el poder compartir de una manera distinta».

«Mis clases de música online durante la pandemia no tienen comparación con hacer música de manera presencial. Tiene otro sentido. La música se hace en conjunto y debe sonar en vivo. Eso es más lindo para ellos y son muy felices en ese sentido».

«Las clases on line por mucho que pudieron ayudar a sostener en este tiempo a la educación, no se compara a lo que uno puede entregar a los estudiantes de manera real. Hay un vínculo que se produce entre profesor y alumno que es la clave del aprendizaje y de la motivación. Educativamente, hay que entender que hubo un estancamiento. El estar por una pantalla a través de un Zoom con los chiquillos que no prendían las cámaras, que no tenías un real control de lo que el alumno estaba o no escuchando o practicando en clases, provocó este estancamiento».

«Las clases on line por mucho que pudieron ayudar a sostener en este tiempo a la educación, no se compara a lo que uno puede entregar a los estudiantes de manera real. Hay un vínculo que se produce entre profesor y alumno que es la clave del aprendizaje y de la motivación».

«Pienso que a todos los niños les debió afectar la pandemia. Pero tienen diferentes herramientas para hacerle frente, tanto personales como familiares, y poder sobrellevar este tiempo. Hay muchos estudiantes que tienen ayuda sicológica y hay algunos que incluso les ha costado volver. No son los mismos de hace dos años. Algunos lo han podido sobrellevar de mejor manera, y en otros siento que este tiempo de presencialidad les ha hecho muy bien en la parte psicológica«.

«Desde mi humilde punto de vista como profesor hubiese esperado que después de todo este tiempo de pandemia nos hubiésemos dado cuenta como sociedad que quizá el método educativo que tenemos en nuestro país no era el normal. No es normal que los niños se levanten a las 6 AM y estén todo el día en el colegio o que es súper importante que los niños almuercen con sus padres. Siento que volvimos a esa ‘anormalidad’ y que probablemente a los estudiantes les hubiera hecho mejor que hiciéramos un cambio en el paradigma de la educación y dar un vuelco a una sociedad con el ser humano como centro primordial en la educación».

Ximena Orozco (52), profesora general básica en tercero básico de escuela rural de Parral

«El retorno a clases se produjo gradualmente desde septiembre del año pasado. El primero de marzo, volvieron mis nueve estudiantes. Llegaron todos muy contentos no solamente por el aspecto socializador, sino que por las ganas de seguir aprendiendo. La distancia social no se da como quisiéramos porque son muy de piel y querendones, ente ellos y con sus profesores».

«En cuánto lo académico, sus rendimientos han descendido porque no es lo mismo aprender en casa que en el aula, aún con todo el empeño puesto por sus padres. En cuanto a lo emocional también observamos algunos temores, nerviosismo y falta de contención debido a todo el tiempo que duró el encierro y la falta de salida a lugares públicos. Los profesores hemos tenido que estar dispuestos a estas eventualidades y el retorno a clases no ha sido la excepción: desde tener una sala acogedora hasta las planificaciones, enseñanza y contención».

Profesora Ximena Orozco

«Las clases telemáticas me restaron tiempo personal y para mis hijos. Pero eso ha sido más o menos igual con o sin pandemia. En la escuela nos esmeramos por ser muy responsables, nuestro desafío es nivelar la brecha que se produce entre los objetivos de enseñanza priorizados y el comportamiento social. Las principales dificultades, sin embargo, después de todo este tiempo, lo vemos en los estudiantes más grandes con actitudes violentas, lenguaje deplorable, faltas de respeto con compañeros y docentes, sin interés de volver a los estudios. Son los pequeños a los que podemos rescatar. Seguimos aquí haciendo con cariño nuestro trabajo».

«En lo personal, regresar a clases presenciales es un desafío porque tenemos que intentar recuperar el tiempo y los aprendizajes ausentes, las clases en línea sólo presentaron problemas y tuvieron una finalidad de contacto y contención más que de un sentido pedagógico. Especialmente en los sectores rurales donde la cobertura de internet fue muy deficiente. Para mí era crucial volver al aula y mis estudiantes querían volver a su escuela y se sienten felices de poder hacerlo».

«Las principales dificultades, sin embargo, después de todo este tiempo, lo vemos en los estudiantes más grandes con actitudes violentas, lenguaje deplorable, faltas de respeto con compañeros y docentes, sin interés de volver a los estudios. Son los pequeños a los que podemos rescatar. Seguimos aquí haciendo con cariño nuestro trabajo».

Cecilia Pérez (52), profesora de música y directora Escuela San José Obrero de Peñalolén

«La vuelta a clases ha sido desgastante porque los niños están socio-emocionalmente muy afectados. Trabajo en un colegio con alta vulnerabilidad -cerca de un 90%- y es de una congregación de religiosas. Es un ambiente bastante protegido porque es una escuela básica pero actualmente tenemos niños de primero básico con cero rutinas de sociabilización, con una importante sobreprotección de los padres. Tenemos un curso de quinto básico que durante la pandemia vinieron dos o tres niños a clases, en que también se han perdido bastante estas rutinas socioemocionales, haciendo todo muy complejo».

Profesora Cecilia Pérez

«Los niños han vuelto con muchas ganas, tenemos los cursos llenos y con muy pocos ausentes, pero con problemas de relación entre ellos. La mayoría entendiendo la situación, pero con focos complejos. Nosotros como colegio vulnerable tenemos problemáticas como violencia intrafamiliar, que en algunos casos se ha acentuado. Tenemos alumnos que ejercen violencia sin provocación aparente. Tuvimos que hacer un consejo general de profes y abordar un plan con los niños en que prime lo socioemocional para que luego se pueda producir la recuperación de aprendizajes«.

«Nuestros profesores que se habían acostumbrado a una rutina on line, también están muy estresados y tenemos muchas licencias médicas que cubrir. En dos días hemos tenido siete licencias, lo que lo hace muy difícil».

«Actualmente tenemos niños de primero básico con cero rutinas de sociabilización, con una importante sobreprotección de los padres; y tenemos un curso de quinto básico que durante la pandemia vinieron dos o tres niños a clases, en que también se han perdido bastante estas rutinas socioemocionales, haciendo todo muy complejo».

«Durante la pandemia trabajamos mucho con los profesores en capacitaciones permanentes. Hemos tenido paralelamente jornadas de autocuidado y aunque nos preparamos a principio de año no ha sido suficiente. Una es la teoría y lo otro es la práctica. Y cuando no funciona tanto la teoría, colapsamos. Ha sido un marzo medio desordenado».

«A los niños les cuesta la sociabilización con los otros y ponerse en el lugar de esos otros. La rutina de no usar el celular o hacer grabaciones internas que afecten a otro está un poco desbocada; y lo siento como un retroceso. Continúa el miedo al contagio, pero los niños no lo ven como tan terrible. Les cuesta usar la mascarilla de la forma correcta, sin embargo, hacen caso cuando uno se los dice».

«Tuvimos que cambiar los protocolos de almuerzo, de entradas y salidas, pero les ha costado asimilar las medidas. Creo que nos costará todo el semestre poder hacerlo. Hay niños que estaban más abandonados porque sus padres trabajan todo el día y al volver a la escuela quieren puro abrazarte, hacerte cariño y a uno también le dan ganas. Uno está con mascarilla y con distanciamiento, pero te preguntas ¿cómo no abrazar a un niño que quiere hacerlo y no ves hace dos años

«El desafío para los profes es reconstruir la comunidad en términos socio emocionales, que es lo más relevante; porque sin ello es imposible que el aprendizaje se realice. Hay que volver a encantar a los niños con el aprendizaje, pero a través de la emoción. Necesitamos profes sanos para eso y ése el desafío más grande».

«Hay niños que estaban más abandonados porque sus padres trabajan todo el día y al volver a la escuela quieren puro abrazarte, hacerte cariño y a uno también le dan ganas. Uno está con mascarilla y con distanciamiento, pero te preguntas ¿cómo no abrazar a un niño que quiere hacerlo y no ves hace dos años

Exequiel Coñoman (36), profesor Escuela Especial Ema Sepúlveda De Lobos F-409 de San Javier

«Ha sido un año de reencuentros. En general podemos decir que los estudiantes están alegres, motivados y ansiosos por trabajar y aprender. Es indiscutible que su estadía en la escuela les ha permitido volver a tener las relaciones personales que tanto extrañaban y que tenían antes del inicio de la pandemia y que suele ser limitada en personas con discapacidad intelectual».

«Si bien nuestros estudiantes suelen tener dificultad para resolver conflictos de la vida cotidiana, la pandemia los agudizó. He visto en algunas ocasiones menor tolerancia y mayor irritabilidad o frustración en sus experiencias de socialización. Muchos de ellos están con miedos y angustiados por tener que guardar el distanciamiento físico. Para algunos el proceso de adaptación ha sido difícil. En ocasiones se han visto cansados por sobrellevar las condiciones como el uso de la mascarilla o el distanciamiento».

Profesor Exequiel Coñoman

«Creo que la mejor preparación que pudimos tener los profesores y profesionales que trabajamos en nuestro establecimiento fue el trabajo colaborativo que realizamos durante los años de trabajo remoto, esto nos ha permitido tomar decisiones en equipo y actuar ante diversos cambios en la realidad del día. Entendemos que hoy la mirada debe estar puesta en el desarrollo de habilidades socioemocionales y aquellas competencias funcionales para la vida diaria que algunos de nuestros estudiantes han visto disminuidas en este tiempo».

«Un desafío específico es el miedo que tienen muchas familias debido a las comorbilidades o enfermedades que presentan algunos de nuestros estudiantes. Si bien la mayoría están vacunados, las familias temen a que pueda pasarles algo negativo, lo cual se ha acentuado. Ha sido una gran sobrecarga emocional que han vivido las personas con discapacidad y sus familias. Mientras estén bien emocionalmente y los podamos acoger, tendremos mayores aprendizajes integrales».

«Si bien nuestros estudiantes suelen tener dificultad para resolver conflictos de la vida cotidiana, la pandemia los agudizó. He visto en algunas ocasiones menor tolerancia y mayor irritabilidad o frustración en sus experiencias de socialización. Muchos de ellos están con miedos y angustiados por tener que guardar el distanciamiento físico».

«Es indispensable visibilizar que muchos estudiantes con discapacidad requieren de contención, apoyo físico para realizar actividades de la vida cotidiana y escolar como comer o ir al baño, por lo que algunas de las normativas como el distanciamiento social no se pueden respetar pensando en el desarrollo integral de nuestros jóvenes. Sabemos que no podemos controlar todas las variables y que es imposible afirmar que no tendremos casos con COVID, pero estamos entregando un gran esfuerzo para que las familias y los estudiantes se sientan cómodos, confiados y tranquilos«.

Yerko Martínez (47), profesor de biología y ciencias naturales, Colegio Montessori de La Serena

«Llevo 21 años como profesor y mi experiencia es bien particular. Por las características de mi colegio, el año pasado desde abril estuvimos en un sistema híbrido con alumnos en sala y otros de manera telemática».

«Este año están todos de manera presencial y ha sido bien particular ver que los que más tienen miedo son los papás y no los estudiantes. Me he dado cuenta que los chicos en el trato presencial evidencian algunas faltas o carencias de los procesos de sociabilización normal que posee un niño entre los 12 y 17 años. Les cuesta socializar entre ellos, comunicarse de manera fluida, se ha empobrecido el vocabulario, las habilidades de razonar y analizar también se han mermado. Hay que hacer un trabajo bien de base y fondo. Algunos especialistas señalan que lo que se perdió en estos dos años va a tardar el doble en recuperarse y la verdad es que eso no es lejano a la realidad».

Profesor Yerko Martínez

«El nivel de distracción que los chicos tenían en casa con el trabajo telemático atentaba negativamente a la posibilidad de aprender. Ahora cuando se reincorporan están muy ansiosos por el celular y se distraen fácilmente por lo tanto ha sido bien complicado pedirle que se concentren. Hemos tenido que inventar muchas formas para mantenerlos entretenidos, enseñamos también a niños Down y del espectro autista y a ellos les cuesta aún mucho más».

«El trabajo que hemos tenido que hacer los profes de manera interdisciplinaria ha sido bien exigente. Hemos tenido que seguir trabajando con mucho ahínco y ahí va la crítica para el ex ministro Figueroa que nunca se puso en los zapatos del profe. Si educar de manera telemática fue difícil, trabajando muchas más horas de lo normal, ahora hemos debido redoblar el esfuerzo para que de manera consciente entregar y recuperar las habilidades que los niños han perdido«.

«El nivel de distracción que los chicos tenían en casa con el trabajo telemático atentaba negativamente a la posibilidad de aprender. Ahora cuando se reincorporan están muy ansiosos por el celular y se distraen fácilmente por lo tanto ha sido bien complicado pedirle que se concentren».

«A los niños más chicos le cuesta el tema de la mascarilla, pero a los más grandes no, entienden el protocolo y se dan cuenta de que se pueden enfermar o enfermar a alguien. En mi colegio al menos los chicos son muy conscientes de eso. Hemos visto lo que sucede en otros colegios con muchas riñas y violencia, pero en la realidad de mi establecimiento con una matrícula pequeña es más manejable y la metodología Montessori apunta a la calidez y desarrollo humano. En escuelas donde la matrícula es de 800, 1000 o 1200 niños, en que los cursos son de 45 alumnos, podemos ver estas olas de violencia entre alumnos que revelan que están tremendamente carenciados de habilidades sociales y que hemos normalizado la violencia en todo sentido».

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