Aulas multiculturales: La diferencia como un eje clave en la labor docente – columna USS

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Autores: María Liliana Delgadillo, directora Magister en inclusión e interculturalidad educativa y Jorge Sánchez, coordinador.

Una mujer asiste a su primera reunión de apoderados en Chile. La profesora que preside la junta comienza advirtiendo que es necesario potenciar el lavado de manos en sus hijos, ya que muchos se han enfermado de la “guata”. La apoderada, en todo el transcurso de la reunión no pudo sacar de su cabeza esa palabra: “guata”. No sabía si preocuparse, levantar la mano y preguntar no era opción, ya que temía ser vista como diferente.

Dicha experiencia es parte de un conjunto de narraciones de mujeres migrantes que hemos ido recopilando con un grupo de investigadores(as). Estas han develado cómo el fenómeno migratorio presenta variados desafíos a un modelo educativo que tiende a la homogenización de las subjetividades de toda la comunidad educativa (solo un modelo de profesor, de estudiante, de apoderado, de portero(a), etc.). Y es el lenguaje la forma más invisibilizada de violencia simbólica sobre el cada vez mayor porcentaje de estudiantes migrantes en Chile.

Según el MINEDUC (2019) desde el 2015 al 2018 se ha cuadruplicado el número de estudiantes extranjeros, pasando de un 0,9% a un 3,2%.  Si bien, el Estado otorga un conjunto de beneficios y existe una mayor conciencia sobre la diversidad diatópica que habita en la escuela, esto —en general—se ha reducido a gestos que ven a la diversidad cultural vinculada solo a manifestaciones folclóricas, protocolos de bienvenida o adecuaciones mesocurriculares (2018, Naudón, Carmona, Celedón).

Volvamos a la experiencia narrada inicialmente, menor (por cierto), pero que sirve para evidenciar un eje clave que en la labor docente se ha naturalizado: evitar la diferencia. El estallido de la migración logra que el diccionario aprendido se vea sacado de su zona de confort y exija un cambio mayor, que supere el protocolo escrito, la adecuación curricular recomendada o la fiesta multicultural, apuntando a lograr una comunicación desde la diferencia.

María Liliana Delgadillo, directora Magister en inclusión e interculturalidad educativa

Esto no significa el uso de dos o más diccionarios o que todos deban aprender el baile representativo de las diversas naciones, sino que el cambio simbólico vuelque la diferencia como una posibilidad de ser, de aparecer en la sala de clases, en el patio, en la fiesta folclórica, en la reunión de apoderados. El desafío, así, no es el uso de la palabra “guata”, sino que no exista el espacio de confianza para poder preguntar qué significa esa expresión.

La meta entonces es ampliar las posibles experiencias de relaciones entre toda la comunidad educativa sin temor a la diferencia. Efectivamente, estos cambios son lentos, pausados, pero finalmente son los que importan en Educación.

 

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