Colegios monogenéricos, una tendencia a la baja

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Colegios monogenéricos

Roberto Gálvez y Francisca Mayorga – La Tercera

En Chile quedan 361 colegios monogenéricos. Eso es menos de un 2,5% de los establecimientos del país y la cifra va a la baja, considerando que hasta 2020 eran 409 los que recibían a alumnos de un solo sexo.

“La creación de los colegios monogenéricos estuvo enfocada en diferenciar la educación de niños y niñas para preparar a hombres trabajadores y mujeres esposas y madres. Esto se perpetuó hasta los ‘60, que vino la primera reforma educativa y se empezaron a masificar los colegios mixtos e instaurar la idea de homogeneizar el currículum para educar a niños y niñas por igual”, contextualiza Macarena Vargas, encargada de género del Centro Saberes Docentes de la U. de Chile.

En efecto, la masificación de lo mixto -o plurigenérico como se le ha comenzado a llamar- ha llegado a tal punto que según el último registro del Ministerio de Educación, hasta 2021 son apenas 139 instituciones exclusivas para mujeres y 222 para hombres en el país. La Región Metropolitana es la que, tanto de hombres como de mujeres, tiene más establecimientos de este tipo: 33 femeninos y 34 masculinos. En el caso de estos últimos la sigue de cerca La Araucanía (32) y Los Lagos (31).

En cuanto al tipo de sostenedor, los municipales son los que tienen más establecimientos de mujeres (62) y hombres (118), seguido por particulares subvencionados, con 54 y 73.

A su vez, hay regiones que no cuentan con ningún establecimiento municipal monogenérico, como Atacama o Arica y Parinacota, y solo Aysén no tiene colegios de un solo género de índole particular subvencionado. Eso se repite en muchas más regiones en otro tipo de sostenedor: Arica y Parinacota, Atacama, Coquimbo, O’Higgins, Maule, Ñuble, La Araucanía, Los Ríos, Los Lagos, Aysén y Magallanes no tienen colegios particulares que solo reciban a mujeres u hombres.

Y mientras para algunos sostenedores de instituciones monogenéricas es parte de sus cimientos el mantenerse como tal, otros ya viven o vivirán sus procesos de transformación.

En el caso de los primeros está la Red Seduc -ligada al Opus Dei- de particulares pagados, que tiene a los colegios femeninos Los Andes, Huelén y Los Alerces; y los masculinos Tabancura, Cordillera y Huinganal. “Más que pensar en cambiar un modelo que nos ha dado buenos resultados y que añade pluralidad al panorama educativo, nos ilusiona mejorarlo incorporando aspectos que lo hagan todavía más fecundo”, señala Gonzalo Celis, director de Formación y Estudios de la Red Seduc.

En la misma línea, el Colegio Montemar de Concón solo acoge a hombres y, según Héctor Valenzuela, su director, no está en los planes cambiar: “En una sociedad libre y democrática deben existir alternativas de educación tanto mixta como diferenciada, por lo que no contemplamos la idea de transformarnos y creemos que es importante ser una opción para esas familias que consideran beneficiosa esta modalidad”, dice.

En la vereda del frente es posible encontrar diversos ejemplos de establecimientos que pasaron o pasarán de ser monogenéricos a mixtos. Quizás el Instituto Nacional sea el más emblemático de ellos, pero no es el único.

“Este proceso comienza con el estudiantado y está planificado para desarrollarse durante este año con todos los actores de las comunidades escolares”, dice Marcela Bornand, coordinadora comunal del Área de Género de la dirección de Educación de Santiago, municipio liderado por Irací Hassler (PC), quien en su campaña prometió avanzar hacia la transformación de los nueve establecimientos municipales monogenéricos que quedaban en la comuna. “Esperamos próximamente resolver temas legales vinculados con infraestructura que hoy son obstáculos para transformar otro liceo monogenérico a plurigenérico. Esperamos en mayo tener noticias al menos en relación con un liceo”, añade la coordinadora.

En Melipilla seguirán esos pasos. Luego de una consulta a la comunidad del colegio Ignacio Serrano, la sorpresa -dicen desde el municipio- fue grata al saber que la mayoría anhelaba abrir las puertas de la escuela, hasta ahí la única monogenérica de la comuna, a las mujeres.

“Considerando que la sociedad actual nos demanda evolucionar continuamente y acercarnos cada vez más a la pluralidad, anunciamos el 8 de marzo que la Escuela Ignacio Serrano puso en marcha las gestiones para que, en un futuro cercano, reciba en sus aulas toda la diversidad presente en nuestra comuna, dando un paso hacia una sociedad más justa y equitativa”, señala Elizabeth Arce, directora del departamento de Educación de la Corporación Municipal.

Ejemplos como el de Santiago y Melipilla no son aislados.

En San Antonio, el liceo femenino Santa Teresita de Llolleo, que es particular subvencionado, también tiene en el horizonte el mismo cambio. “Nuestro enfoque es de un colegio de mujeres que se transforma en mixto. Los alumnos van a tener un perfil muy distinto respecto a la imagen de la mujer: respeto por ella, el papel que cumple en la sociedad y entender que son ellos los que se tienen que adaptar. Van a tener una mentalidad distinta”, asegura Alejandro Pereira, director del establecimiento, quien cuenta que esto se hará en un plazo máximo de cinco años.

La red de colegios SIP, corporación de derecho privado que cuenta con 17 establecimientos, es otro ejemplo. Ellos tienen dos instituciones 100% femeninas (Francisco Arriarán de Santiago y Arturo Toro Amor de Independencia) y una mixta (Presidente Alessandri) hasta kínder, pero masculina de primero básico a cuarto medio. Y mientras este último ya vive su proceso de transformación que avanza año a año, los dos de mujeres analizan si seguirán los mismos pasos.

Estas decisiones deben implicar siempre procesos participativos y de diálogo”, detalla Santiago Blanco, gerente general de SIP, quien se explaya sobre las consultas que realizaron para decidir el futuro del Presidente Alessandri en 2019. “Los resultados arrojaron una muy clara preferencia por transitar a un colegio mixto, tanto en la opinión de profesores, como apoderados y estudiantes. Fue una decisión que hizo total sentido a la comunidad”.

¿Qué beneficios ven en esta transformación? “Lo importante está en poner en primer lugar los objetivos del proceso educativo”, señala Blanco, quien agrega que es “interesante relevar que muchos de los beneficios que la propia literatura ha documentado, también fueron relevados por nuestra propia comunidad: por ejemplo, el desarrollo más profundo de habilidades de interacción social y conductual”.

Estos procesos de cambio, sin embargo, deben llevarse con cautela. “Hay que ser súper cuidadosos. No puede ser que un colegio de hombres integre mujeres sin tener la preparación de los adultos”, expone Claudia Matus, directora del Centro de Justicia Educacional y académica de la facultad de Educación de la Universidad Católica. Y añade: “No tiene que ver con que se lleven bien o se respeten, es algo más complejo: los típicos talleres no sirven, porque el hábito de pensar a mujeres de una manera y hombres de otra está súper instalado, no te das ni cuenta”.

Decisiones más o menos, lo cierto es que los colegios monogenéricos van a la baja sostenidamente desde hace algunos años, con transiciones emblemáticas, como el propio Instituo Nacional, el Colegio San Ignacio El Bosque o el Liceo Lastarria.

Es medio ficticio vivir en un colegio de puras mujeres u hombres”, señala la académica Matus, quien agrega que, por el contrario, uno mixto “es una buena representación de lo que uno vive en el día a día”.

Pero desde los monogenéricos defienden su proyecto educativo. Valenzuela, el director del Montemar de Concón, asevera que aunque no están en contra de la educación mixta, han optado por la modalidad monogenérica porque consideran que “niños y niñas muestran diferencias en su proceso de desarrollo, en su forma de aprender y en sus motivaciones e intereses. Es una opción que nos ha funcionado muy bien y que les hace sentido a las familias que nos han elegido”.

María José Ortúzar, directora del colegio femenino Albamar, también de Concón, refuerza el punto y aunque asegura que no representa un dogma, sí cree que “la educación diferenciada potencia las oportunidades de cada sexo e incluso fortalece la igualdad entre mujeres y hombres”.

Y desde Seduc, Gonzalo Celis entrega argumentos para defender el modelo monogenérico.

“Si educar es ‘ayudar a crecer’, el hacerlo considerando con especial atención los distintos ritmos de maduración de hombres y mujeres, fortalece la personalización de la formación, aspecto fundamental del proyecto educativo de los colegios de Seduc”, expone. Además, agrega, han visto que “contrariamente a lo que se podría pensar, evita los estereotipos y prejuicios de género”.

Sin embargo, la académica Matus descarta que se justifique una educación monogenérica por las diferencias en el proceso de aprendizaje de estudiantes masculinos y femeninos.

Decir que si eres mujer aprendes de una forma y hombre de otra está derribado por la ciencia. Si ves un grupo de mujeres o un grupo de hombres también hay diferencias entre ellos”. Y ejemplifica: “Cuando las mujeres entran menos a las carreras de ciencias no es porque sepan menos o no tengan habilidad para aprenderlas, es porque toda la historia le dijeron que eran mejores para bordar o cosas de ese estilo”.

En esa misma línea, desde el Centro de Saberes Docentes de la U. de Chile, Macarena Vargas es tajante: “La idea de mantener colegios monogenéricos se contradice con la idea de transformación social del país. Esta idea responde a un tema de sexismo, los argumentos que manejo tienen relación a lo moral más que a una evidencia empírica de que haya más oportunidades en los colegios monogenéricos”.

Y cierra: “Hay investigaciones que especifican y explicitan que no hay nada que demuestre que niños y niñas aprendan de forma distinta a nivel neuronal. Hay que poner el punto con que tiene que ver con un tema cultural”.

Consultado al respecto, el Mineduc declinó realizar alguna valoración sobre este tema.

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