La ciudadanía en la escuela: cómo educar sobre democracia y derechos humanos

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Fuente: CIPER

La educación ciudadana tiene un rol central en la promoción democrática expone esta columna para CIPER que visibiliza un diagnóstico sobre el campo y recomienda pasos concretos de acción para niño/as, adolescentes y profesores: «Negar el rol político de docentes y estudiantes es estimular una falsa neutralidad que no es posible en la enseñanza de la ciudadanía», se advierte.

Entre otras medidas regresivas para nuestra democracia, las recientes elecciones presidenciales en Chile mostraron la circulación de noticias falsas [1] y la defensa, en una primera etapa, de un programa de gobierno que proponía la eliminación del Ministerio de la Mujer y del Instituto Nacional de Derechos (INDH). Frente al avance y fuerza que han tomado los gobiernos de derecha radical en nuestra región (Trump, Bolsonaro) cabe preguntarnos: ¿está garantizada nuestra democracia?; y con ello, ¿qué rol cumple la ciudadanía en su fortalecimiento?

Para responder, esta columna aborda la relación directa entre educación ciudadana y democracia, junto al desafío de su incorporación en formación inicial docente. Por último se identifican algunas estrategias que se pueden trabajar en la escuela, con el fin de integrar una perspectiva ciudadana en la formación de niños, niñas y adolescentes que colabore con la promoción de una sociedad más justa.

«La educación democrática no puede lograrse lejos de una educación de y para la ciudadanía» [2]. Por ello, es un imperativo ético que esté incorporada de manera transversal en todo el sistema educativo, ya que precisamente se trata de un espacio de obligatoriedad en el que podemos asegurar marcos democráticos para su desarrollo desde la primera infancia. Con educación para la ciudadanía —o «con perspectiva ciudadana»— aludimos al ejercicio de participación social y política de la infancia y juventud, más allá de los espacios tradicionales, que se logra a través de la identificación de problemáticas y desafíos de la democracia, y, por sobre todo, mediante el empoderamiento como sujetos de derechos que les permita tener un rol activo en su resolución. Además, considera la reflexión crítica de los y las estudiantes que se traduzca en una transformación de las dificultades que experimentan sus comunidades locales o nacionales. Por tanto, la educación ciudadana cumple un rol central en la promoción de los sistemas democráticos, que aunque puedan ser frágiles o presentar desafíos, están en constante construcción y mejora. En este sentido, problemas como la desigualdad y la pobreza deben visibilizarse en la escuela, donde cumplen un rol fundamental los docentes como formadores en educación para la ciudadanía. Por ello nos preguntamos, ¿qué lugar tiene la ciudadanía en la formación de profesores?

Si bien algunos de esos principios han sido incorporados progresivamente, una de las principales tensiones que enfrenta la educación ciudadana es que se encuentra de forma visible en políticas educativas —como en los cambios curriculares (1996, 1998, 2009, 2012 y 2013), la ley 20.911 que crea en Plan de Formación Ciudadana en las escuelas reconocidas por el Estado (2016) y la asignatura de Educación Ciudadana para tercero y cuarto medio (2019)—, pero su tratamiento en formación inicial docente (FID) ha sido tardía y ha quedado vinculada de manera más visible en el área de ciencias sociales y carreras de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales. De todas maneras, la recomendación es que el área de formación ciudadana sea considerada de manera transversal en la formación docente. La literatura sugiere revisar y fortalecer la formación inicial y continúa de docentes para enfrentar los nuevos desafíos educativos, sociales y curriculares [3]. Un ejemplo de esta postergación lo vemos en la educación en derechos humanos (EDH), tal como se indica en el siguiente estudio:

«La integración de la EDH en las carreras de educación básica aún desafía a la formación inicial de profesores/as, puesto que si bien 28 de las 36 universidades (78%) que ofrecen la carrera cuentan con temas de DDHH en sus perfiles de egreso, sólo el 33% de los programas (367 de 1.101) enviados por 29 de las 36 universidades presentaban elementos de DDHH, cifra que baja al 24% (265 de 1.001) si consideramos sólo los cursos obligatorios. Por lo tanto, se recomienda continuar avanzando en esta materia. Además, casi la mitad de las referencias a EDH tanto en perfiles como en programas son asociadas, lo que implica que, si bien son temas susceptibles de ser tratados desde un enfoque de DDHH, no existe evidencia de que esté siendo así.» [4]

Precisamente el área de DD.HH. constituye un eje relevante en educación ciudadana, vinculado a las habilidades y actitudes que promueven el compromiso con los derechos de las personas.

A partir de este desafío en FID y la necesidad de visibilizar prácticas que integren la educación ciudadana en la escuela, a continuación se sugieren algunas estrategias vinculadas con la enseñanza de la ciudadanía ancladas en la EDH. En palabras de Abraham Magendzo [5], esta última se entiende como una educación ético-política, que relaciona las problemáticas que enfrenta la sociedad —como la pobreza, injusticia social, discriminación, entre otros— con las posiidades de otorgar soluciones a esos problemas, considerando prácticas de negociación y acción.

Ahora bien, ¿cómo es posible incorporar tal perspectiva ciudadana en la escuela? En primer lugar, se debe considerar que niños, niñas y adolescentes son sujetos de derecho en la sociedad. En este sentido, aprender sobre DD. HH. mediante metodologías participativas, en las que se sientan implicados manifestando sus posturas, puede contribuir a que efectivamente comprendan sus derechos, caractericen la situación actual de estos y se conviertan en actores sociales de cambio [6]. Porque para vivir en una cultura de derechos es primordial enseñar a vivirlos y cuestionar públicamente cuando son vulnerados.

En segundo lugar, las estrategias pedagógicas vinculadas con EDH promueven la investigación y reflexión guiada. Por ejemplo, si invitamos a estudiantes a leer sobre testimonios de víctimas de violaciones a los derechos humanos, la mediación docente es clave en la selección de documentos y/o archivo oral, y la edición sobre los aspectos a relevar en estas fuentes. Además, la colaboración entre estudiantes en un ambiente de respeto resulta esencial para generar una reflexión, transitando hacia la comprensión actual de los derechos.

En tercer lugar, es fundamental incorporar problemáticas contingentes para la discusión, como la evaluación de la democracia en nuestros espacios o el rol de la Constitución y Convención Constituyente. Estos temas pueden integrar también intereses de los y las estudiantes.

En cuarto lugar, se debe integrar el uso de evidencia que contribuya a la formulación de argumentos (mencionamos al inicio el problema de la circulación de noticias falsas ad-portas de una elección presencial). Por ello, es clave intencionar mediaciones docentes que permitan interrogar distintas fuentes de información con las siguientes preguntas de ejemplo: ¿qué me permite afirmar esta idea?; ¿qué información manejo?; ¿qué me puede aportar esta nueva información?

Por último, se debe considerar que los temas ciudadanos, pueden ser conflictivos, generar visiones diversas y tienen una perspectiva política en juego. Negar el rol político de docentes y estudiantes es estimular una falsa neutralidad que no es posible en la enseñanza de la ciudadanía.

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