Lleva al aula a los grandes detectives de la literatura, los mejores embajadores del método científico

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Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, prtagonistas de la serie "Sherlock"

Fuente: Infobae
Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, prtagonistas de la serie “Sherlock”

Ya lo decía Sherlock Holmes: “Para una gran mente, nada es pequeño”. Quizás por eso para la imaginación de un lector hay pocas cosas tan estimulantes como un buen misterio. En este artículo, hablaremos de historias de detectives, esas que desafían con sus rompecabezas los límites de la lógica e iluminan la verdad con el poder de la razón.

El relato de detectives surge como consecuencia del Iluminismo del XVIII, ese período de la historia del pensamiento en que la Razón se enaltece y en el que surge un nuevo tipo de héroe: el hombre de ciencia. Y el superpoder de este nuevo héroe no es otro que el Método Científico, ese proceso por el cual se formula una hipótesis en base a una determinada evidencia para llegar a la Verdad.

Ésta es la clave para adentrarse en cualquier relato clásico de ficción detectivesca. Porque lo importante nunca es el crimen. Lo importante es el proceso racional de detección de cómo se cometió ese crimen. La diversión está en seguir las pistas para desentrañar el misterio y encontrar la respuesta. El clímax del relato de detectives se encuentra en la solución del problema; en saber el quién, el cómo y el por qué; en conocer la secuencia de eventos lógicos que desembocaron en el crimen.

Howard Haycraft, uno de los primeros críticos del género, lo explicaba así: “el crimen en una historia de misterio es sólo el medio para un fin, el de la detección.”

Agatha Christie en la solapa de una de sus novelas

Agatha Christie en la solapa de una de sus novelas

De detectives y otras lupas

Todos hemos disfrutado alguna vez de una buena historia de detectives. Y aunque el Sherlock Holmes de Sir Arthur Connan Doyle es sin duda el más icónico de toda la tradición, son muchos los héroes clásicos del género. Cómo olvidar a Miss Marple o al Hercule Poirot de Agatha Christie, al padre Brown de Chesterton o al Auguste Dupin de Edgar Allan Poe. ¡Tan populares son todos estos detectives, que cuentan con sus versiones audiovisuales!

E. A. Poe estableció algunas de las convenciones centrales del género. Sin ir más lejos, es uno de los principales responsables de la creación de la figura del detective tal y como la concebimos hoy en día. Fue también el primero en escribir misterios sucedidos en un “cuarto cerrado”, un elemento que se convirtió en un subgénero en sí mismo y que tomó infinidad de formas. En este volumen editado por Periférica, podés leer todos los crímenes resueltos por el raciocinio de Dupin.

Tintín y su perro Milou

Tintín y su perro Milou

Címenes à la française

Pero el pragmatismo sajón no fue el único cultor del género. Con una serie de aventuras centradas alrededor del detective profesional Monsieur Lecoq, Émile Gaboriau fue el precursor del género en Francia. Y su personaje principal, ¡uno de los primeros grandes maestros del disfraz!

El racionalismo de la lengua francesa siguió dando a lo largo del tiempo su buena cuota de clásicos. ¡Cómo dejar de lado, por ejemplo, al famoso Inspector Maigret de Georges Simenon, o incluso, al querido personaje de Tintin de las entrañables historietas del belga Georges Remi (Hergé)!

Todo género clásico encuentra pronto sus subversiones. Al igual que Holmes, Lupin es brillante, astuto, un maestro del disfraz, un genio de los acertijos y ¡hasta un gran luchador! Pero Maurice Leblanc, creador del personaje y contemporáneo a Connan Doyle, decide poner a su héroe del lado “incorrecto” de la ley.

Sin embargo, Arsène Lupin no es malvado. En todo caso, sus enemigos son mucho peores que él. ¡Cómo no querer, acaso, a este gran maestro de la medicina, el derecho y la prestidigitación, conocedor de las lenguas clásicas y especialista en el arte del robo?

Desde su primera aparición en la revista Je sais tout en 1905, las aventuras de Arsène Lupin se reúnen en veinte volúmenes de relatos escritos por Maurice Leblanc y cuenta, incluso, con adaptaciones modernas a la pantalla chica. Y así como existe la llamada holmenología, la popularidad de Lupin dio inicio a la lupinología.

Ahora bien, si lo tuyo son los crímenes bien sazonados, no hay como una historia de detectives con todos los condimentos de la cocina italiana. En El asesino en su salsa, el inspector Gianni Scapece deberá resolver un asesinato suculento como pocos en la ciudad de Nápoles, mientras que en Roma, una joven taxista se verá convertida, casi sin darse cuenta, en nuestra detective favorita, Débora Camilli.

Arsène Lupin

Arsène Lupin

En todas partes se cuecen habas

Y aunque en sus inicios las historias de detectives eran consideradas meras formas de entretenimiento (con toda la carga peyorativa del caso), lo cierto es que los lectores lograron convertirlo en una de las formas literarias más fascinantes, populares y versátiles de la historia de la literatura. Es por ello que se encuentran en las más diversas variedades y geografías.

En el continente africano, Mia Couto logró mezclar como pocos la cultura ancestral de mitos y leyendas de su tierra con la forma importada de europa. En La terraza del frangipani, su inspector Izidine Naíta se verá ante la ardua tarea de resolver un asesinato en donde todos los sospechosos… ¡se declaran culpables!

Si te llama el lado oscuro

Pero si lo tuyo es el lado oscuro de la Fuerza, quizás más que los detectives te interesen los criminales hechos y derechos. Impedimenta, en su serie de libros de la escritora y periodista estadounidense Tori Telfer, te invita a descubrir a las delincuentes reales más memorables de la historia.

Las historias de detectives nos enseñan que toda acción humana, buena o mala, deja tras de sí sus huellas en el camino, y que solo hace falta un observador atento para descubrirlas.