Una profesora instagramer

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Profesora instagramer

Fuente: La Tercera

Isabel Ortega (29) creció viendo cómo a su papá ─profesor de lenguaje de la ciudad de Linares─ lo paraban en la calle sus estudiantes y sus ex alumnos para agradecerle por su labor docente y por lo que habían aprendido con él. O cómo algunos alumnos llegaban a su casa para llevarle de regalo una bolsa de espárragos o un cajón de tomates. También creció viendo cómo su papá llegaba a comer, para luego quedarse hasta muy tarde corrigiendo pruebas, trabajos, o preparando clases para el día siguiente. “Un día en su colegio no lo necesitaron más, y prescindieron de él. Nadie le devolvió todo el tiempo que no pasó con su familia, que no cuidó su salud mental, que no vivió su propia vida”, escribió Isabel en su cuenta de Instagram @laviejadelenguaje, en la que precisamente aboga porque los profesores dejen de mirar la sobrecarga laboral como algo romántico y como sinónimo de vocación. “Profe, suelta la culpa”, les dice a sus colegas.

Porque Isabel, a pesar de lo que le aconsejaron su padre y su madre, decidió seguir el mismo camino. “Ver la influencia positiva que puede llegar a tener un profesor en la vida de los jóvenes me motivó a querer hacer lo mismo. Y no me arrepiento. Me encanta hacer clases, y me apasiona el lenguaje, que es algo que cruza toda nuestra vida. Es maravilloso ver cómo puedes causar un impacto positivo en tus estudiantes”, comenta.

La idea de crear una cuenta nació a fines de 2019, tras el estallido social. Buscaba una manera cercana de comunicarse con sus estudiantes de enseñanza media, de un liceo linarense. Entonces llegó la pandemia, e Isabel fue subiendo cada vez más contenido en reels ─el formato estilo TikTok de Instagram─, acudiendo a memes, emojis y a los diversos códigos contemporáneos de las redes sociales. Sus post invitan al diálogo y plantean su postura en un espectro amplio: desde hacer un análisis de discurso de una canción de Bad Bunny o hablar de la violencia en el pololeo, hasta tips y estrategias para una pedagogía con enfoque de género, o consejos para estudiantes de pedagogía y para profesores jefes principiantes. Hoy la cuenta tiene 49 mil seguidores.

¿Cómo ves la relación profesor-estudiante en los tiempos actuales?

Creo que estamos en un tiempo de transición. Las relaciones entre profesores y estudiantes han cambiado, y me siento parte de una generación que está tratando de hacer las cosas de una manera diferente, generando vínculos más significativos con estudiantes que han estado acostumbrados a profesores más lejanos o distantes. Las redes sociales son una herramienta para generar esa cercanía: muchas veces hay estudiantes que por ahí me comentan algo que no se atreven a decirme en persona, porque les da vergüenza. Además, es un espacio que puede incluso ser pedagógico.

¿Consideras que la pandemia fue un contexto particular, que permitió que surgiera esta nueva comunicación?

Sí, de todas maneras. Hay otras que fueron pioneras, que empezaron antes de la pandemia, pero en estos dos años ha habido una explosión de cuentas de profesores y profesoras en las redes sociales, tanto en Chile como en Latinoamérica. Es un fenómeno que me parece hermoso, porque se genera mucha comunicación entre nosotros como colegas, y ayuda a derribar los mitos que existen en torno a la comunidad docente, como que es un ambiente tóxico o competitivo. Me gusta pensar que a partir de estas nuevas maneras de comunicarnos, podemos aprender mucho de las otras personas y hay muchas personas abiertas al diálogo y a escuchar nuevas experiencias.

Tus post ayudan también a humanizar a los profesores, al mismo tiempo que compartes contenidos no necesariamente vinculado a la pedagogía.

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Me enfoco mucho en que los docentes también somos personas, y eso creo que ayuda a generar empatía y empoderamiento. Hablo también de la vocación y de la importancia de que esta no sea una excusa para trabajar sin respetar nuestros horarios. Y claro, comparto otros contenidos asociados a las vivencias de los jóvenes y con enfoque de género. Por ejemplo, hubo un post que hice sobre las señales positivas en las relaciones que están comenzando, que llegó a tener un alcance de más de 2 millones de cuentas.

En tus últimos post has hablado bastante de que el sistema educativo está en crisis, y que los profesores no lo están pasando bien…

Sí, el escenario actual es súper complejo. Ya venía en crisis antes de la pandemia, y luego se puso peor. Hay una carga excesiva para los profesores y el foco sigue puesto en el currículum, cuando todo está colapsando allá afuera. Por un lado los estudiantes volvieron complicados, con muchos problemas de aprendizaje y concentración, mayor violencia. Por otro lado, los docentes están cansados. Recuerdo que en abril algunos de mis colegas me comentaban que sentían como si fuera fin de año, por el cansancio. Existe un agobio laboral, exceso de papeleo, burocracia, reuniones. Muchos profes se llevan trabajo para la casa y no les alcanza el tiempo para hacer las cosas.

¿Tú también?

Así fue mi realidad por un buen tiempo. Trabajaba en un liceo de Linares, pero comencé a cuestionarme si esta era la vida que quería vivir. Necesitaba espacio y resguardar mi salud mental, por lo que me cambié de trabajo y hago clases en dos preuniversitarios.

¿Qué soluciones se pueden vislumbrar para el cansancio de los profesores?

Es una pregunta muy difícil, porque hay un sistema complejo que no está funcionando bien. Nuestro país es academicista en exceso y eso nos ha llevado a tener un modelo educativo que se basa en la estandarización. No hay espacio para la diferencia. Creo que nuestra generación tiene como misión generar un cuestionamiento a este tipo de cosas, que sabemos que son dañinas. Generaciones anteriores de profesores también han hecho un gran avance, pero hoy tenemos en nuestras manos nuevas tecnologías y maneras de comunicar. Me parece que hay que tender a empoderar a nuestros estudiantes de su propio conocimiento más allá de que se saquen un 5. Impulsar un interés real por su aprendizaje y, por supuesto, valorar y fortalecer siempre el conocimiento. Pero validarlos como personas; no por los títulos o notas que tengan.

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