Casi la mitad de los estudiantes chilenos se atrasa al menos un año en su educación básica y/o media

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El estudio reveló además que la repitencia y el rezago están íntimamente relacionados con la deserción escolar.

Fuente: 24 horas.

Solo un poco más de la mitad (el 55%) de los estudiantes chilenos logra completar su educación básica y media en los doce años en que están planificadas. Es decir, el 45% de los alumnos se atrasa al menos un año. Esto presenta un rezago de dos años o más o no termina su educación.

Esas son las conclusiones de un análisis hecho por el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile (CIAE). Los datos invitan a la reflexión respecto a las trayectorias de los estudiantes chilenos en su formación básica y media.

Casi la mitad de los estudiantes chilenos se atrasa al menos un año

«Lo principal es que hay una diferencia importante entre los desempeños de distintos tipos de dependencia. Hay una mayor cantidad de estudiantes rezagados en el sistema público y una menor cantidad en el sistema particular pagado», precisa el investigador avanzado del CIAE, Patricio Rodríguez.

Además de la falta de formación en términos de contenidos, quienes no finalizan su educación viven los efectos en su vida adulta.

«(La educación es importante para) que las personas puedan desarrollar sus habilidades para insertarse como ciudadanos críticos. También, para que puedan tener un proyecto de vida», dice al respecto la directora ejecutiva de Educación 2020, Alejandra Arratia.

Algunos de los factores que influyen en la deserción escolar son las trayectorias interrumpidas. «Los niños dejan de estudiar un año y vuelven al siguiente período», plantea el investigador Patricio Rodríguez, mencionando también como elemento «de riesgo» el tener un atraso de más de dos años.

«La deserción es la última acción en una cadena más larga y compleja de exclusión y fracaso escolar», comenta Alejandra Arratia, indicando que «son niños que empiezan a estar excluidos del sistema desde muy pequeños, entonces van acumulando esa sensación de no ser importantes y no estar en el sistema».

Los doce juegos

«Si somos pocos, cada uno de los estudiantes que no lo logra es una parte importante del país porcentualmente», afirma Rodríguez respecto a los índices de repitencia, rezago y deserción.

Gracias a la investigación los académicos del CIAE pudieron ver algunas tendencias, como que cuando algunos alumnos tenían niveles de rezago preferían terminar sus niveles en educación para adultos en lugar de la regular.

«Del 2,5% con un atraso mayor a dos años, un porcentaje del orden del 20% termina en educación de adultos», explica Patricio Rodríguez, indicando que algunas veces la diferencia de edad con sus compañeros funciona como detrimento para que continúen en el sistema regular.

«El tema es cómo apoyamos a los estudiantes que se van quedando atrás y evitamos que repitan», plantea Patricio Rodríguez, agregando que muchas el proceso es acumulativo.

«Si un niño tiene problemas para leer y escribir y está en cuarto básico, es un analfabeto funcional y la educación formal en que el profesor escribe en el pizarrón o tiene que leer textos (se le hará más difícil)», explica el investigador.

Alejandra Arratia de Educación 2020 coincide con esa visión: «en la medida que tienes un pequeño retraso en tu aprendizaje el niño se empieza a quedar más atrás cada vez más y se va acumulando en el tiempo».

Profundización del análisis

El análisis del CIAE se hizo a través de registros del ministerio de Educación en los que se revisó la cantidad de estudiantes que ingresaron al sistema educativo en 2004, 2005 y 2006 y luego se comparó con los registros de IV medio de los años en que «debían» estar en ese nivel.

El equipo planea en una siguiente etapa seguir a estudiantes y ver posibles tendencias territoriales, lo que podría ayudar a identificar áreas o establecimientos con mayores tasas de deserción o repitencia.

Además, podría avanzarse hacia la creación de perfiles e identificar elementos que permitan dar un seguimiento especial a los jóvenes. «Eso puede hacer que ese niño ya tenga un factor de riesgo que es importante tener en cuenta para que evitemos que abandone el sistema escolar, ese tipo de cosas», señala Patricio Rodríguez, del CIAE.

Respecto a lo que pueden hacer los profesores para aportar al avance de sus alumnos, Alejandra Arratia de Educación 2020 apunta al trabajo en grupos instruccionales, es decir enseñar por niveles de aprendizaje.

«En cada sala de clases tienes, siendo simplista, al menos tres grupos, y además mientras más avanza la trayectoria aumenta la cantidad de grupos instruccionales», explica Arratia, aludiendo las distintas formas de aprender de los estudiantes.

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