2020, el año en el que los edificios superaron a los árboles

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HONG KONG, CHINA – 2020/11/12: Visitors look at the skyline of Hong Kong from Victoria peak, a typically busy tourist attraction. (Photo by Isaac Wong/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Por MIGUEL ÁNGEL CRIADO en El País.

La masa de lo fabricado por los humanos sobrepasa por primera vez a la de todos los seres vivos.

Por primera vez en la historia, la masa de las carreteras, edificios, botellas, bricks o juguetes supera a la de todos los seres vivos (biomasa). Un estudio que se remonta a 1900 muestra cómo a la vez que los kilos de animales y plantas se han reducido de forma acelerada, crecía a un ritmo aún mayor la cantidad de hormigón, ladrillo, aglomerados o plásticos. La acumulación de lo artificial es tal que se venía doblando cada 20 años, pero se triplicará en las dos próximas décadas.

Un grupo de investigadores se ha apoyado en una amplia colección de estudios, estadísticas e informes para estimar la biomasa que representan las bacterias, hongos, protistas, arqueas, plantas y animales. Han hecho lo mismo con la masa incorporada a todo lo construido por los humanos, desde vías férreas hasta latas de refrescos, pasando por las ventanas de cristal o los chips de los ordenadores. Después, compararon ambas cifras. Según publican en Nature, en 2020, la masa artificial ha superado por primera vez a la natural. Este vuelco podría verse como un hito en el inicio de lo que llaman el Antropoceno, la era de los humanos y su legado.

El estudio destaca cómo los 7.700 millones de seres humanos apenas suponen el 0,01% de toda la biomasa. Sin embargo, sus obras, expresas como masa antropogénica, ya han superado la cifra de los 1,1 billones de toneladas (teratonelada, Tt) frente a poco más de una teratonelada que representan todos los seres vivos del resto de especies que habitan la Tierra.

“En el trabajo, mostramos que la masa de todos los edificios e infraestructuras es mayor que la masa de todos los árboles y matorrales”, ejemplifica la principal autora de la investigación, la investigadora medioambiental del Instituto Weizmann de Ciencias (Israel) Emily Elhacham. Y tienen más ejemplos: la masa de los plásticos ya dobla a la de todos los animales, terrestres y marinos. Solo las calles, edificios, puentes… de Nueva York ya pesa más que el total de peces que hay en los mares. En la web Anthropogenic mass han publicado aún más comparaciones y resumido sus resultados.

Aurora Torres, investigadora de la masa antropogénica y sus impactos en las universidades Católica de Lovaina (Bélgica) y Michigan State (EE UU) añade otro ejemplo aunque no se trata de biomasa: los sedimentos de la minería ya han superado a los propios de los ríos. También geológico es el hecho de que los humanos han creado ya 208 nuevos minerales. Para la científica española, que no ha intervenido en esta investigación, este evento es un indicador más de que hemos entrado en el Antropoceno, pero “no el único”.

Los autores del estudio dividen la masa antropogénica en seis grandes categorías: hormigón, asfalto agregados (arenas y gravas), ladrillos, metales y otros (plásticos, cristal…). Aunque los dos primeros son los artificios humanos más abundantes, en ambos la presencia de la arena o la grava es fundamental, lo que lleva a Torres a afirmar que “la base de toda esta acumulación está en los áridos”. Un informe de la OCDE estimó que se arrancaron de la Tierra 24.000 millones de toneladas de agregados en 2011 y hay estudios que calculan que el sustento de la sociedad es casi en un 80% arena. Con financiación europea, Torres lidera el proyecto Sandlinks(conexiones de arena), que estudia la crisis mundial de este material y sus impactos.

Además del sorpaso, lo más llamativo es el ritmo que ha llevado hasta él. Usando proyecciones de los datos disponibles, en 1900, la masa antropogénica era apenas el 3% de lo que suponía la biomasa. Por entonces, esta rondaba las dos teratoneladas. Sin embargo, desde inicios de siglo, mientras que lo artificial no ha dejado de aumentar, lo natural no ha parado de menguar.

Así, los artefactos e infraestructuras humanas han duplicado su masa cada 20 años de media en un proceso que se aceleró tras la II Guerra Mundial. De hecho, hasta cuatro quintas partes de los productos y objetos en uso tienen menos de 30 años. En paralelo y probablemente muy relacionado, la biomasa ha descendido hasta la mitad. Aunque la extinción de especies animales sea lo más llamativo, el 90% de la masa natural es de origen vegetal. Así que aquí se ha concentrado la reducción, siendo la deforestación y otros cambios en el uso del suelo (urbanización, despliegue de infraestructuras, minería…) los principales responsables del declive natural.

“Los resultados son muy sólidos”, comenta sobre el estudio el economista del Instituto de Ecología Social de la Universidad Viena (Austria) Fridolin Krausmann, no relacionado con el trabajo. Y lo detalla: “Primero, hay un lento pero continuado y persistente declive de la biomasa inducido por los humanos. Segundo, un rápido, exponencial, incremento de la masa antropogénica. Y tercero, ya hemos alcanzado o estamos a punto de llegar al punto de cruce de ambas tendencias, donde la masa de la sociedad supera a la de la biosfera”.

Krausmann, uno de los principales autores en el terreno de la ecología industrial, investiga el flujo y stock de materiales en lo que se ha llamado el metabolismo de las sociedades. En 2017 publicó un cálculo de la cantidad de recursos naturales no biológicos que sostenían a las colectividades humanas: con datos de 2010, la cifra casi superaba las 800 teratoneladas. Pero más relevante que cuándo lo artificial ha superado a lo natural es “lo alarmante de sendas tendencias y sus impactos ambientales”, mantiene.

Aunque la acumulación a lo largo de los últimos 120 años ha sido explosiva, su ascenso no fue lineal. Durante las grandes crisis económicas y guerras mundiales hubo descensos de la masa antropogénica. Pero fueron de breve duración. De hecho, las tres primeras décadas tras la II Guerra Mundial son conocidas como la gran aceleración. En ese lapso, el ritmo de creación artificial subía un 5% cada año impulsado por la recuperación demográfica y el desarrollo económico y urbano.

“El periodo posterior a la IIGM supone un reinicio de las sociedades y economías humanas tras el shock de las dos guerras mundiales y la Gran Depresión”, recuerda el investigador del Centro de Resiliencia de Estocolmo (Suecia) Will Steffen, experto en sostenibilidad global y Antropoceno. “El factor más importante fue probablemente el grupo de nuevas instituciones, Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario internacional… así como el acelerado desarrollo tecnológico, que crearon un marco para una rápida recuperación y el crecimiento de la economía global”, añade. Pero duda de que tanta acumulación de masa antropogénica sea la marca definitiva del Antropoceno.

El trabajo ahora publicado en Nature no incluye en la masa antropogénica todo el material ya en desuso, obsoleto o simplemente convertido en basura. De hacerlo, la masa antropogénica aún sería mayor. Además, como destacaba Krausmann, de seguir al ritmo actual, lo artificial superará los tres billones de toneladas en 2040, triplicando en solo dos décadas la cantidad acumulada en más de un siglo.

Como recuerda Elhacham, la coautora del estudio, “en los últimos años, se ha alcanzado un grado en el que, de media, por cada persona se crea una cantidad de masa igual a su peso corporal cada semana”. “La gran pregunta es”, plantea Krausmann, “¿cuánta masa antropogénica necesitamos para [tener] una buena vida? ¿Cuál es el índice de masa corporal saludable y adecuado para la sociedad?”.