5 mitos sobre la innovación en la sala de clases

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Que es muy costosa, que toma más tiempo o que impide responder a la cobertura curricular. Estas son algunas de las ideas erróneas sobre la innovación pedagógica que muchas veces impide mejorar los aprendizajes.

Fuente: Educación 2020.

La experiencia internacional revela que varios factores inciden en la mejora educativa, entre ellos el liderazgo directivo, el trabajo en red y la innovación educativa. Sin embargo, a partir de nuestra experiencia en terreno, desde Educación 2020 hemos observado que en muchas ocasiones se mira con cierta con desconfianza el comenzar a hacer las cosas de forma distinta en materia pedagógica, debido a algunas ideas erróneas que se han instalado en el sistema educativo.

Al respecto, la directora Ejecutiva de Educación 2020, Alejandra Arratia, manifiesta que “es urgente que introduzcamos nuevas estrategias a las salas de clases, que motiven a los estudiantes e impacten en las prácticas pedagógicas. Según datos del SIMCE, la mitad de los niños y niñas de 4° básico no cree que puede aprender, una cifra dolorosa que no nos puede dejar indiferente. Haciendo las cosas de igual forma no hemos logrado mejorar los aprendizajes. Si queremos aumentar las expectativas de los y las estudiantes, así como su motivación y habilidades, debemos dejar de lado la reticencia y comenzar a innovar”.

A continuación, 5 falsas creencias respecto a la innovación educativa que debemos dejar atrás, para mejorar la calidad de los aprendizajes:

  1. Si innovamos no podremos responder a la cobertura curricular

Erróneamente, se piensa que seguir el orden lógico de los Programas de Estudio es la única manera de cumplir la cobertura curricular. ¡Pero no! Lo que se debe abordar son los Objetivos de Aprendizaje (OA) según lo describen las Bases Curriculares y esto no necesariamente tiene que hacerse de forma lineal o tal como se propone en los programas de estudio.

Los OA son los desempeños mínimos que se espera que todos los estudiantes logren en cada asignatura y en cada nivel de enseñanza, según las bases curriculares. Estos objetivos integran habilidades, contenidos y actitudes –lo que se denomina tríada curricular– que se consideran relevantes para que los estudiantes alcancen un desarrollo armónico e integral que les permita enfrentar su futuro con mejores herramientas.

En este sentido, las innovaciones pedagógicas pueden “desordenar” la linealidad de los OA, pero en ningún caso esto tendría consecuencias negativas para los y las estudiantes. “Muy por el contrario, metodologías como Redes de Tutoría y Aprendizaje Basado en Proyectos, por ejemplo, permiten integrar Objetivos de Aprendizaje y asignaturas, permitiendo abordar en forma más pertinente la tríada curricular, poniendo especial énfasis en el desarrollo de las habilidades de este siglo, que es hacia donde debe apuntar la educación actual. La clave es leer el currículum en forma flexible”, dice Nadiezhda Yáñez, directora del Centro de Liderazgo Educativo de Educación 2020.

  1. A los estudiantes con necesidades educativas especiales (NEE) no les sirven las innovaciones educativas

En la mayoría de los casos, las innovaciones educativas mejoran considerablemente los aprendizajes de estudiantes con NEE, gracias a su flexibilidad y a que ponen el foco en quien aprende. En el fondo, se trata de pasar desde un sistema homogeneizante, que no distingue las particularidades, a uno donde se considera al estudiante como un individuo, con diferentes intereses, personalidad e historia.

Al respecto, Magaly Sepúlveda, profesora y jefa de Proyecto en Educación 2020, dice que “cuando a un estudiante se le acoge respetando sus intereses, su estilo de aprendizaje, su propio ritmo y su emocionalidad, desaparecen las llamadas ‘necesidades especiales’; se le devuelve la voz y la capacidad de mirarse como una persona competente, con todas las capacidades de aprender”.

Por el contrario, según la profesional, lo que que ocurre hoy es que el sistema escolar no se hace cargo de la diversidad. “A pesar de que por naturaleza no todos somos iguales, ni aprendemos de la misma forma, en la mayoría de nuestras escuelas se sigue enseñando de una forma tradicional”, asegura. En este sentido, agrega que “si queremos que todos nuestros y nuestras estudiantes aprendan debemos buscar estrategias innovadoras que nos permitan abordar la diversidad”, dice.

  1. La innovación educativa es más costosa

Esta idea va muy de la mano con otro mito: la innovación es sinónimo de utilización de herramientas o dispositivos tecnológicos, generalmente de alto costo. Pero lo cierto es que los procesos innovadores se pueden ejecutar con diferentes materiales y metodologías que no necesariamente requieren de las llamadas TIC o de grandes recursos.

Por ejemplo, el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) es una estrategia de bajo costo que, según explica Yáñez, “integra distintas asignaturas a través de proyectos que son creados por los mismos estudiantes, de acuerdo a sus propios intereses y vinculados a las necesidades de su comunidad. Más que la inversión económica, lo más importante es el compromiso del cuerpo docente y directivo para generar este cambio dentro del aula y propiciar el trabajo colaborativo entre docentes y la autonomía de los estudiantes”.

De hecho, agrega que incluso es posible innovar a través de actividades sencillas, pero que les dé protagonismo al estudiantado, relacionando permanentemente los conocimientos con el contexto real en el que se mueven los niños, niñas y jóvenes, para generar aprendizajes significativos.

Aun así, también es importante recordar que los establecimientos públicos cuentan con fondos para destinar a la implementación de programas innovadores (como la Subvención Escolar Preferencial o el Fondo de Apoyo a la Educación Pública).

  1. Incorporar nuevas estrategias de aprendizaje afecta el rendimiento en las pruebas estandarizadas

Las estrategias de innovación apuntan al desarrollo de habilidades cognitivas y emocionales, por lo cual, lo esperable es que con su implementación los resultados en las pruebas estandarizadas, como el SIMCE, también mejoren. ¿Por qué? “el 49% de los estudiantes de 4° año de enseñanza básica declaran que hay cosas que no  son capaces de aprender, por tanto, fortalecer la confianza en sus capacidades y su autoconcepto académico resulta un aspecto crucial para recuperar el gusto por el aprendizaje y el motor de la curiosidad. Estos son, precisamente, aspectos claves que las innovaciones educativas ponen al centro, junto al protagonismo y la autonomía en el proceso de enseñanza y aprendizaje, tributando en confianza, disposición y aprendizajes más sólidos”, dice la directora del Centro de Liderazgo Educativo.

Ahora, si bien es cierto que este tipo de pruebas son un instrumento válido para saber cuánto están aprendiendo los y las estudiantes en sus escuelas, lo cierto es que, en ningún caso, deben ser directrices para la enseñanza. “Este tipo de evaluaciones se transforma, muchas veces, en una presión para las escuelas. En otras palabras, los equipos están tan presionados en rendir adecuadamente, que lo central queda relegado: los aprendizajes. Las pruebas deben ser instrumentos para la retroalimentación del proceso de aprendizajes y levantar necesidades que generen mecanismos de apoyo para las escuelas; y al contrario, no ser un motivo de estrés que obstaculice la transformación de los procesos educativos”, añade.

La profesional añade que “además es necesario ampliar la mirada evaluativa hacia un concepto de calidad más integral, abrir el debate respecto de las formas más pertinentes de evaluar los aprendizajes en procesos de innovación y, junto a ello, perfeccionar los instrumentos que miden los indicadores asociados al desarrollo personal y social de las y los estudiantes”.

  1. Innovar requiere de más horas de trabajo

Si bien es cierto que la innovación pedagógica puede tomar un tiempo en instalarse —con más o menos reticencias— lo cierto es que la experiencia indica que una vez instalada, los procesos son mucho más eficientes, tanto en tiempo como resultados. Además, las metodologías pueden ser instaladas de forma gradual a través de ensayos o prototipados, con el fin de que no generen sobreexigencia ni presión en los y las profesionales.

“Al innovar, los procesos de enseñanza y aprendizaje se trabajan de forma colaborativa, centrados en el protagonismo de los estudiantes y motivándolos a ser activos en la construcción de su propio saber. Por lo mismo, el desarrollo de las estrategias de innovación va contribuyendo a una mayor autonomía en los y las estudiantes, confiando, ellos y nosotros, en sus capacidades. Paralelamente hemos visto que al trabajar de una forma distinta con el currículum se favorece la apropiación curricular, lo que redunda en una optimización en los procesos de planificación”, precisa Nadiezhda Yáñez.

Y concluye que “como una variable adicional y no por ello menor, el ambiente digital en el que nos desenvolvemos ofrece múltiples recursos pedagógicos online y prácticas que las escuelas que innovan ponen a disposición. No es necesario crear todo de cero, sino más bien adaptar las distintas propuestas a las características y necesidades de los y las estudiantes, propiciando un trabajo en red”.

En suma, ¿qué se necesita para innovar en la escuela?

  • Compromiso y motivación del equipo directivo, docente y de toda la comunidad educativa, generando mayor autonomía en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
  • Convicción de que es necesario cambiar las prácticas pedagógicas tradicionales.
  • Aumentar la expectativas en los y las estudiantes.
  • Poner el foco en el desarrollo de habilidades propias del siglo XXI, como la creatividad, el liderazgo, trabajo en equipo, comunicación, entre otras.
  • Generar climas de aula que favorezcan la comunicación y la participación.
  • Relacionar permanentemente los conocimientos teóricos con los contextos cotidianos.

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