¿A, B o C? Claves para no sufrir a la hora de tomar una decisión

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La sociedad nos obliga a tomar decisiones desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, generando en muchos una buena cuota de estrés. ¿Nos hace más felices la multiplicidad de opciones? ¿Qué hacer para capear el vértigo de las elecciones?

Por María Jesús Martínez-Conde en El Definido

Estamos «infoxicados«, es el diagnóstico de algunos al ser víctimas de la gran cantidad de información a la que estamos expuestos todos los días.

Y no solo se trata de lo que nos llega a través de redes sociales, todo en nuestra vida actual es una elección: ¿qué aderezo de los cuatro disponibles elegiremos para aliñar nuestra ensalada?, ¿qué mensaje de los seis WhatsApps pendientes en nuestro celular responderemos primero?, ¿priorizaremos nuestros estudios, ser madre, aprovecharemos lo ahorrado para viajar o trabajaremos?, ¿a cuántas tiendas online entraremos antes de decidir qué vestido comprar para el matrimonio de nuestra mejor amiga?

El paradigma actual pretende dar alas a los miembros de la sociedad, ofreciendo una cantidad casi ilimitada de opciones con cada vez menos juicios de por medio, pero muchas veces esto acaba llevando a las personas a sufrir ataques de pánico o profundas depresiones. La libertad, en vez de hacernos felices, nos vuelve esclavos de la permanente elección, sin entregarnos nada resuelto…

O eso es lo que piensan estos dos charlistas de TED Talks, quienes hacen un diagnóstico negativo sobre el funcionamiento de la sociedad actual, ofreciendo algunas interesantes soluciones para capear este vértigo de las posibilidades.

A más opciones, ¿mayor felicidad?

¿Es realmente así? Esto se pregunta el psicólogo Barry Schwartz en una charla TED publicada en 2005, pero que continúa alarmantemente vigente. Plantea que las sociedades industriales occidentales no cuestionan un dogma que dice así: si queremos maximizar el bienestar de todos, debemos aumentar entonces las libertades individuales, y esto solo se logra con un mayor abanico de opciones.

Esta premisa ha sido llevada a tal extremo que, por ejemplo, supermercados chilenos ofrecen a sus clientes hasta 80 tipos de detergentes distintos. O, en el plano privado, cada uno de nosotros hoy tiene la posibilidad de elegir trabajar a la hora que sea y desde cualquier lugar, abriendo la opción de ser interrumpido por un mensaje o mail de trabajo hasta cuando se está en el baño o viendo Netflix un domingo. Lamentablemente, esta pretendida libertad tiene varios efectos negativos:

En primer lugar, la inmensa diversidad de opciones produce parálisis. Por ejemplo, ¿te has sentido así frente a la absurda oferta de 58.347 planes de Isapre vigentes en el mercado? Una vez que eliges un plan y sufres un traspié (no cubre justo una operación sorpresiva que requieres), tu frustración será mucho mayor a si hubieses tenido que elegir entre solo cinco opciones. Existían tantas alternativas, ¡cómo no elegí otra!, te lamentarás.

Luego, está el tema de los costos de oportunidad, es decir, cuando hay muchas opciones, es fácil imaginar los aspectos positivos de aquellas que rechazaste y que hoy te estás perdiendo. Al elegir ver una película de las doce en cartelera, estás también no eligiendo otras. ¿Cuál será tu cara cuando, el lunes siguiente, tu compañero de pega te cuente lo buena que estuvo justo la que estaban dando en la sala de al lado? No importa que tu función haya sido genial, la frustración la sentirás igual, de acuerdo a lo planteado por Schwartz.

Por último, entre más opciones tengas, más altas serán tus expectativas de satisfacción a la hora de elegir. Y el secreto de la felicidad, según el psicólogo, es justamente tener bajas expectativas; no esperar nada te conduce a sorprenderte con los resultados y a alegrarte con lo que te tocó.

Finalmente sucede que te culpas a ti mismo por no haber elegido adecuadamente, y entonces explotan las estadísticas de depresión o incluso de suicidio, cuando se trata de cosas trascendentales (uno de cada cinco chilenos reporta síntomas de depresión).

¿Conclusión? El dogma es falso y necesitamos reducir la cantidad de elecciones en nuestras vidas, ya veremos cómo…

La multiplicidad de elecciones es un problema cultural

Nuestra segunda charlista de TED es Sheena Iyengar, profesora de negocios en Columbia Business School. Ella comienza su charla, publicada en 2010, contando una divertida anécdota:

Estando en Japón, pidió un té verde sin azúcar. El camarero, sorprendido, le dijo que esa bebida se tomaba sin endulzar. Al ella insistir, el mozo volvió a señalarle lo mismo y finalmente el hombre acabó hablando con el dueño del local, quien le mandó a decir a Sheena que no había azúcar en el restorán. «Bueno», dijo ella, «entonces pediré un café». Al llegar a la mesa, el café tenía dos sachets de azúcar sobre el plato.

De acuerdo al análisis de Sheena, esto se debe simplemente a diferencias culturales en la narrativa que cada sociedad ha generado respecto al significado de elegir. Mientras que en Estados Unidos (país en que ella se crió) la felicidad está en la diversidad de opciones, en Asia se debe proteger a la ignorancia, guiándola a una buena elección.

Para Sheena, hay tres suposiciones falsas:

– Si una decisión te afecta, debes ser tú mismo el que la tome: esto no es necesariamente así en todas las culturas. De acuerdo a experimentos, los niños estadounidenses efectivamente tienen un mejor desempeño cuando ellos eligen, por ejemplo, con qué colores pintar. Sin embargo, los pequeños de ascendencia asiática lo hacen mejor si alguien les dice, «tu madre eligió estos colores por ti». La experta argumenta que es una ilusión pensar que todos prosperan tomando sus decisiones solos; ella cree que hacer de las decisiones actos colectivos, crea lazos de confianza en la red social.

– Entre más opciones tengas, es más probable que hagas una buena elección: la mayoría de las elecciones de la vida —como la del detergente, por ejemplo- son entre opciones que no son demasiado diferentes entre sí. El valor de las elecciones está en poder ver la diversidad de cada una de las posibilidades. Si son tantas que no puedes percibirlo, ¿qué sentido tiene?

– Nunca debes negarte a elegir: aquí pone un ejemplo desgarrador. Debe decidirse si desconectar o no de un respirador artificial a un niño con muerte cerebral. Si lo hacen, morirá de inmediato. Si no lo hacen, puede que viva mas tiempo pero en estado vegetativo. Los padres que toman la decisión de desconectarlo, suelen sentir culpa de por vida (y si hubiese sucedido un milagro, si hubiese despertado…), mientras que en aquellas culturas en que esto debe dirimirlo el médico, los padres suelen tener un duelo menos doloroso. Sin embargo, ¿qué padres no querrían tomar la decisión por ellos mismos? El tema es complicado, pero muchas veces dejar que otros decidan, dará más calma a tu mente.

Finalmente, Sheena concluye que los estadounidenses (y podríamos decir nosotros también) se harían un bien a sí mismos si incorporasen nuevas narrativas culturales a su forma de entender los procesos de elección.

Ok, ¿cómo disminuir las alternativas entonces?

“En el mundo actual, donde las opciones prácticamente son ilimitadas, buscar lo mejor es una receta para ser miserable”, dijo Barry Schwartz.

En otras palabras, deja de ser perfeccionista a la hora de tomar decisiones y, en vez de empecinarte en encontrar la mejor opción, inclínate por aquella suficientemente buena. Es cierto, buscas el trabajo de tus sueños, ese que te pague un buen sueldo, tenga un horario flexible y te permita hacer lo que más te gusta. Pero ¿qué pasa si tienes la oportunidad de elegir una opción que solo contempla dos de esas tres características? Según Schwartz, sería suficientemente buena para ti.

Es probable que tu primera intención sea simplemente tener trabajo y, desde esa premisa, encontrar uno que se ajuste a ti. No le agregues tantos «peros» a cada una de tus elecciones porque, a la larga, no estarás conforme con nada. Sigue ese propósito inicial y, una vez que conozcas las opciones, no te desilusionarás si ninguna te satisface totalmente.

Por su parte, el consejo de Sheena Iyengar es el siguiente: «elige cuándo decidir». O sea, no te sientas obligado siempre a estar tomando decisiones, pues hay muchas ocasiones en que otros (o la colectividad) puede tomarlas por ti. Si la abundancia de opciones te produce fatiga, esta es una buena forma de tomarse la vida.

Por ejemplo, la próxima vez que vayas a comprarte unos jeans, en vez de quebrarte la cabeza pensando si te conviene el pitillo, el deshilachado, el de corte alto o el «jeans boyfriend», pregúntale al vendedor/a, ¿cuál crees que va mejor con mi cuerpo? Y sigue esa corriente.

La idea es dejarse guiar por un experto o incluso permitir que los que te rodean elijan por ti algunas veces. Si aún te sientes abrumado, prueba generando costumbres. Por ejemplo, si trabajas en Santiago Centro o en el corazón de Providencia, seguro tendrás cientos de alternativas para almorzar todos los días, y esa trivial elección podría causarte cierto nivel de estrés. Entonces, podrías acostumbrarte a simplemente turnarte entre tus dos lugares favoritos y, en vez de seleccionar los platos de la carta, sencillamente pedir lo que trae el menú del día.

Como apuntan en The New York Times, algo importante para los indecisos en recuperación, es tomar conciencia de que nunca tendrán toda la información disponible, hay que simplemente aceptarlo. En general, en el mundo moderno hay tantas opciones buenas frente a ti, que la que finalmente elijas casi no tiene importancia. ¿El tostador de 19.990 o el de 17.990? Cierra los ojos y lleva el que esté más cercano.

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