Acercar a los niños a los libros desde muy chicos les ayudará a entender el mundo

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Por Margherita Cordano F. La comprensión lectora es la puerta de entrada para manejarse con éxito en la vida dentro y fuera del colegio. La investigación muestra que cuando a los niños se los rodea de cuentos y se les pide contar historias, el encanto con las palabras ocurre de manera natural. educación-básicaAl menos una vez a la semana, Ayalén (de cinco años, recién cumplidos esta semana) invita a su mamá a escuchar un cuento. La costumbre es que la niña tome un libro y, según las imágenes que van apareciendo, empiece a narrar una historia. Como todavía no distingue palabras, lo que nace es fruto de su imaginación y sus recuerdos. “También me va haciendo preguntas de lo que creo que va a pasar. Es bien entretenido, porque hacemos el juego de la manito preguntona: cinco preguntas para ir entendiendo”, dice su mamá, Yasna Soto. Este tipo de actividades -que también incluye jugar a los títeres en base a los personajes de un libro o crear frases con palabras difíciles que aparecen en algún texto-, Yasna las aprendió participando en los talleres de juegos y lectura de cuentos que organiza la Fundación Alma (Aprendo a leer, mamá). La iniciativa trabaja con colegios en zonas vulnerables de la Región Metropolitana y del Biobío, fomentando el rol de los papás en el acercamiento de sus hijos pequeños a la lectura. Y es que cuando a los niños se les pasan libros y la lectura se asocia con algo entretenido, hay una mejor comprensión lectora a futuro. Un tema que la Agencia de Calidad resaltó al entregar los resultados del primer Estudio de Lectura que se aplicó a más de siete mil niños de 2° básico. Al comparar los resultados con el Simce del área que rindieron niños del mismo nivel en 2012, se evidenció un estancamiento. Ese año, el promedio fue 250 puntos y en la última medición este llegó a 249. Al analizar los resultados, se vio que los niños que desde antes de entrar al colegio saben contar historias suman 45 puntos más que el resto de los evaluados. Los que leen con un adulto tienen 42 puntos más en comparación a sus compañeros que no tienen esta costumbre. El test dejó en evidencia la necesidad de fomentar las habilidades prelectoras y narrativas orales de los preescolares. La pregunta que entonces surge es, ¿cómo pueden las familias ayudar en esta tarea? Folclor poético Parte de la respuesta a esta pregunta es saber que los lectores se van haciendo con el tiempo, dice Carmen Paz Hernández, encargada de Desarrollo Institucional de la Fundación Había una Vez, que junto con implementar y actualizar bibliotecas, hace capacitaciones para adquirir herramientas de fomento a la lectura infantil. “No es que nazcan niños lectores y no lectores, depende de las experiencias que ellos vayan viviendo”, dice. “Hay que crear espacios de lectura en la casa, que exista un lugar donde estén los libros y que estos sean de acceso a todos. También hay que regalarles libros a los niños, eso es clave. Muchos papás dicen que son caros, y sí, no son baratos. Pero en el McDonald’s también se gasta: hay un montón de cosas por las que sí estamos dispuestos a pagar, entonces es cambiar el switch “. Macarena Escudero, directora educacional de Fundación Alma, concuerda. “La lectura compartida de textos de calidad no está incorporada como práctica en la vida familiar, los padres tampoco leen para sí mismos por placer, ni los libros son opción prioritaria como regalo”. Malva Villalón, doctora en Psicología Evolutiva y de la Educación, quien además asesora a esta organización, agrega que “conversar acerca de sus aprendizajes, tener espacios de diálogo durante un almuerzo, leer en voz alta carteles y logos en la calle, jugar a las rimas, adivinanzas, leer un cuento antes de dormir y hacer preguntas de lo leído, son actividades posibles dentro de los tiempos familiares actuales”. Todas estas actividades, además, no presentan mayor costo. “Hay que reconocer el tema del folclor poético, que, en general, en Chile lo tenemos bastante alejado. El folclor poético es la literatura oral que va pasando de generación en generación y que, de alguna manera, todos tenemos. Las personas con menos recursos conocen adivinanzas, trabalenguas, retahílas, canciones de cuna…siempre se tiene algo”, indica Carmen Paz Hernández. “Cuando uno acerca a los niños a través del folclor poético, les está diciendo que las palabras tienen sonido y encantan. Esas experiencias cariñosas van a hacer que su proceso de alfabetización sea motivante, porque si los primeros acercamientos con las palabras son experiencias gratificantes, el proceso que sigue se va a partir con gusto”. ¡Mamá… acuérdate! Paula Cruzat, directora de la Fundación Crecer con Todos, cuyo programa Primero LEE busca promover oportunidades equitativas para el aprendizaje de la lectura y la escritura, explica que “el desarrollo de habilidades narrativas favorece la imaginación, la creatividad. Permite que los niños potencien el desarrollo del pensamiento, amplíen su vocabulario y mejoren la comunicación oral”. La lectura de cuentos, agrega, “es un espacio de diálogo donde el niño puede realizar conexiones de lo escuchado y con sus propias experiencias, elaborar predicciones, responder preguntas y describir variadas situaciones”. Leer junto a los hijos es también una forma de ir descubriendo sus personalidades, así como de propiciar el vínculo afectivo. “Yo me he dado cuenta de que a la Ayalén le encanta este ratito que dedicamos a la lectura. Ella misma se acerca a mí y me dice que me acuerde”, cuenta Yasna Soto, que instauró el rito de leer con su hija después de almuerzo. Esta semana, uno de los textos que leyeron incluía la palabra ‘espiar’. “La terminó aprendiendo, porque vio cómo se aplicaba en el libro”. Fuente: El Mercurio

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