Afectividad = Efectividad, Blog de Mónica Celedón

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Da lástima ver que algunas de nuestras autoridades en educación, siguen entrapadas en los indicadores de PSU como referente que marca la línea de la equidad entre la educación privada y pública. Ahora el tema es el ranking de notas que ha generado la controversia entre el Ministro de Educación y el Rector Juan Manuel Zolezzi. La pelota se la tiran de lado a lado, sin ser capaces de ver otros factores esenciales del proceso.

Nada es más fortalecedor en nuestro trabajo docente que ser testigo de la transformación que vive un estudiante que le cuesta obtener logros. Simplemente el solo hecho de que el profesor fije su mirada en él y le diga: “me encantó cómo trabajaste hoy día” o, ante los reiterados fracasos le comente: “te veo esforzándote, pero sin resultado, podríamos conversar para ver juntos qué puede estar fallando y cómo te puedo ayudar, porque sé que tú puedes…” .  El hecho de ser “visto”, de recibir una palabra que acoge y no califica o descalifica, mágicamente se convierte en la llave maestra para abrir un mundo de talentos y posibilidades que guardaba en un lugar nunca antes explorado ese estudiante.

Todos los expertos, proyectos educativos, declaraciones políticas, docente, afirman que es importante el desarrollo integral de la persona, sin embargo, seguimos pegados en pensar que el cerebro funciona solo, automáticamente, desconectado de las emociones y sus vínculos. ¿Quién está midiendo cuánto amor, respeto y escucha recibe ese estudiante para que aprenda efectiva y significativemente? ¿Cuándo los indicadores de una evaluación docente, medirán las estrategias pedagógicas que promuevan un vínculo sano que favorezca el aprendizaje?

A+fectividad es E+fectividad, cualquier relación que tenga como propósito “afectar” a otro, requiere, valga la redundancia, del afecto para tener efecto.

No se puede dar lo que no se ha experimentado, por ello, mejorar las condiciones de calidad de vida del docente, validarlo y reconocerlo como un profesional experto en el crecimiento sano, en la autoestima y promoción humana, son las claves para dotar a una sociedad de educadores responsables y asumidos de la relevancia del ejercicio de su profesión.

Nos sorprendemos frente a la negligencia médica que trunca la salud de un ser humano, pero las discapacidades y parálisis que puede provocar en un estudiante un docente presionado, maltratado, sin valoración y respeto social, son imperceptibles a simple vista, pero de una gravedad que lo marca para el resto de la vida.

Sin duda, en la relación enseñanza y aprendizaje  “un gesto vale más que mil palabras”…

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