Algunos fundamentos de la innovación pedagógica

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blogHoy debemos educar a nuevos estudiantes. Las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), al ser una parte intrínseca de nuestras vidas, han influido en el surgimiento nuevas lógicas de pensamiento y comunicación, que marcan el paso del siglo XX al XXI (Murphie & Potts, 2003). Por lo general, los niños del presente se comunican de una forma más interactiva que las previas. Se sienten cómodos utilizando elementos gráficos y ajenos a los textos lineales. Viven de la inmediatez y están acostumbrados a operar en red. Constatamos la presencia de una “nueva alfabetización” –en realidad, de múltiples alfabetizaciones-, producto del impacto provocado por el uso de los video juegos, Internet, los medios de comunicación y las redes sociales. La existencia de nuevas lógicas de pensamiento e interacción, caracterizados por el desarrollo de nuevos patrones culturales y marcados por la globalización, establece la necesidad de transformar la manera de enseñar y aprender.

Esta realidad no debiera generalizarse a todos los niños y jóvenes, debido principalmente a las desiguales oportunidades de acceso a las nuevas tecnologías. Sin embargo, con el paso de los años, estas herramientas se han convertido en instrumentos cada vez más accesibles e intuitivos para los usuarios, lo que influye en el avance acelerado de la nueva alfabetización digital.

Pero el cambio no se requiere únicamente debido el contexto tecnológico actual. No es sólo la profunda brecha digital entre adultos y jóvenes lo que pone de manifiesto esta necesidad. En los ámbitos de la psicología y la teoría educativa, se ha comprobado que la forma de aprender de cada estudiante es diferente y que ésta se da de manera profunda y real cuando el estudiante le otorga un sentido personal. El modelo educativo tradicional y estandarizado, inspirado en la transmisión de contenidos y en la enseñanza “para la prueba”, ha quedado obsoleto.

La inteligencia consiste en un conjunto de conocimientos y habilidades que se puede ampliar mediante el esfuerzo (Alonso y Montero, 1993). Ese esfuerzo corresponde a la experiencia de aprendizaje. El modo de afrontar las tareas, las metas que se proponen y las justificaciones que le otorgan a sus logros, varían entre un estudiante y otro. Como consecuencia de estas diferencias, el aprendizaje y el rendimiento es distinto en cada estudiante.

En un sistema tradicional, el docente planifica y propone objetivos de aprendizaje desde su perspectiva. A veces ofrece “premios” o “castigos” para motivar el aprendizaje como reforzadores externos a la conducta. Este tipo de motivación extrínseca puede ser efectiva para lograr resultados en una prueba, a corto plazo. Sin embargo, corre el riesgo de que ese aprendizaje no quede anclado permanentemente en el estudiante. Para que éste persista de manera profunda, es necesario promover la motivación intrínseca, que se vincula con un sentimiento de competencia y autodeterminación. Se experimenta mediante la ejecución de habilidades y permite al alumno conseguir la meta que persigue. De esta forma, el estudiante hace un uso óptimo de sus destrezas, orientadas a conseguir el objetivo que lo motiva. Esto nos permite concluir que los alumnos realmente aprenden cuando afrontan una tarea movidos por ellos mismos, por su interior (Alonso y Montero, 1993).

Considerando este contexto (marcado por un cambio cultural y una concepción diferente de la forma en que se enseña y aprende), estamos invitados transformar el rol docente, desde un transmisor de conocimientos a un facilitador del aprendizaje como experiencia autónoma. Esto implica desplazarse desde la mirada externa del profesor hacia la motivación intrínseca del estudiante. Pero el cambio del rol docente no surge de la noche a la mañana. Requiere de un replanteamiento en la preparación de su carrera y en la formación continua de la misma. El profesor nunca debe dejar de aprender e innovar, puesto que sus estudiantes y sus contextos educativos siempre irán cambiando.

La innovación pedagógica es algo más profundo que la integración de nuevas tecnologías en la práctica educativa. Consiste en diseñar y aplicar nuevas metodologías y estrategias que busquen facilitar un aprendizaje real y profundo en todos los estudiantes. Las TIC, si son utilizadas de manera crítica y con sentido pedagógico, pueden facilitar el desarrollo de estos elementos y, por lo tanto, movilizar al docente desde un transmisor de conocimientos (desde una esfera lineal y jerárquica) a un guía, modelador y mediador del aprendizaje (hacia una esfera dinámica y colaborativa).

Como esta transformación no puede darse de la noche a la mañana, es de suma relevancia que el profesor tenga las oportunidades para innovar. La entrega de mayor tiempo fuera del aula, sumado a un acompañamiento efectivo, permite al docente proponer, revisar, discutir y replantear sus prácticas, enfocando la enseñanza en las motivaciones de sus estudiantes y, finalmente, en el aprendizaje como una experiencia autorregulada.

Referencias

  •  Alonso y Montero (1993). Motivación y aprendizaje escolar. En: Coll, C. et.al. (Copiladores). Desarrollo Psicológico y Educación. Vol II. Madrid: Alianza.
  •  Knobel, M & Lankshaer, C (2007). Sampling “the new” in Literacies. En: Knobel & Lankshaer (eds). A new literacies sampler. New York: Peter Lang. pp 1-24.
  • Murphie, A; Potts, J (2003) Culture and Technology. New York: Palgrave Macmillan

 

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