Aprendizajes desde las Neurociencias

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“La emoción es la base del aprendizaje”

Dr. Francisco Mora Teruel

Uno de los avances más grandes que la ciencia ha podido realizar en los últimos 20 años es la referida a las neurociencias, específicamente, la que hace alusión al entendimiento y comprensión de los procesos de aprendizaje humano. Desde los aportes de las neuronas espejo a mediados de los 90 y la década pasada, que nos han situado un primer aprendizaje mediante la “imitación” que hacemos de los gestos, emociones y actitudes de los demás, interiorizándolos y haciéndolos sentir como propios de uno mismo(a), permitiéndonos empatizar, desarrollar la cognición social y alcanzar el entendimiento de nuestra propia teoría de la mente, hemos sido capaces de conocer que el fundamento más esencial de los aprendizajes de los seres humanos, y el motor principal de todas las funciones cognitivas superiores, están dadas por un solo elemento crítico: las emociones.

Las emociones humanas y la motivación intrínseca, son sin duda alguna elementos que son basales en las diversas funciones cognitivas que tenemos, y nos permiten resolver tareas de una forma dada. No es lo mismo resolver un problema cuando estamos apenados o tristes, que cuando estamos alegres y entusiastas. No es lo mismo cuando estamos en un ambiente activo/modificante que cuando estamos en un ambiente pasivo/aceptante, tal como lo ha señalado el Dr. Reuven Feuerstein, la inteligencia es modificable y dependiente de otros sectores o módulos de nuestro cerebro. Es en esta línea, que debemos romper y cambiar dramáticamente nuestro paradigma y mirada de la Educación, y focalizarla desde las emociones, el amor y la aceptación del otro como ser único e irrepetible.

Estamos apostando a un nuevo relato en Educación, el cual construya un modelo que asuma que son las emociones las cuales condicionan nuestra capacidad cognitiva, más allá de lo genético, el ambiente y las experiencias nos modifican y nos hacen cambiar, crecer y desarrollarnos. La verdadera apuesta para los profesores y profesionales del área, no está en cómo tener mejores técnicas para la enseñanza, sino en cómo cambiamos el paradigma, y educamos desde lo más profundo de nuestros afectos, aceptando a los otros, y colocando como centro esencial, al ser humano y no sus rendimientos escolares.

El desafío está planteado. La neuroeducación es un largo camino para alcanzar el continuo aprendizaje, y la metacognición es la consecuencia directa de esta revolución que debemos llevar a las aulas, partiendo sin duda alguna, por nosotros mismos.

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