Bienestar, infancia y la función ejecutiva. Por Mercedes Celedón

0
99

Cuando estudiaba psicología -y esto siempre lo cuento-, hubo dos antecedentes que me partieron el alma: el primero es que la diferencia entre los niños “ricos” y los niños “pobres” se evidencia al año y medio de vida. La razón: falta de estimulación. La segunda es que el trauma afecta y retrasa el desarrollo normal del niño.

Hoy sabemos con mayor certeza científica, que si durante el período de gestación la madre sufre traumas, ingiere alcohol, drogas, medicamentos, o no se alimenta adecuadamente, ello afecta en el desarrollo posterior del niño.

Por otro lado, la evidencia científica nos está demostrando que el maltrato sufrido en la infancia afecta en la Función Ejecutiva: esa que nos permite centrar la atención, la flexibilidad cognitiva, regular nuestras emociones, nuestras aptitudes en cuanto a la memoria de trabajo y episódica, regular la voluntad, la capacidad para planificar y de desarrollar cualquier proyecto en el área que sea.

Esto significa que nuestra facultad para generar cambios, nuevas prácticas, de innovar, el potencial que tenemos para desarrollarnos como organizaciones, personas felices, comunidades, equipos de trabajo, como país y para construir el mundo que queremos, está determinada por el cuidado que tengamos con los niños durante sus primeros años de vida, en la etapa escolar hasta la adolescencia.

En ese sentido, en un mundo donde la capacidad de gestión y el seguimiento de tareas son fundamentales para emprender cualquier proyecto y llevar a cabo nuestras ideas, la comprensión de las neurociencias se hace trascendental.

Directores, Líderes pedagógicos, Jefaturas, Profesores, Padres y Apoderados, todos los que podemos influir en los niños, tenemos la responsabilidad de sensibilizar sobre este tema en la medida de nuestras posibilidades. Estudiemos la infancia, la inteligencia emocional, las bases biológicas del aprender, el beneficio de la actividad física y de la alimentación saludable, el valor del descanso, la seguridad de la estabilidad, el calor de un abrazo incondicional, la aceptación de sus negaciones, la importancia del juego, del contacto con la tierra, el agua y los seres humanos.

Somos personas rotas o con fisuras, eso ya forma parte de nuestra historia, de nuestro ser. Si tomamos conciencia de ello y le damos una vuelta -no para cambiar los hechos sino para no repetir- podemos contribuir en nuestros próximos genios, trabajadores, hijos, nietos, sobrinos, los que serán nuestros cuidadores cuando seamos mayores y dependientes nuevamente.

La infancia me mueve y conmueve. Por ello, desde las áreas de trabajo de Crea Equidad y de EduGlobal, hemos estado generando acciones para promover estos conocimientos desde diversas perspectivas.

Los invito a sumarse, y empezar a ponerle colores, alegría, reflexión, para ser símbolo de paz en sus comunidades y en las vidas de las personas que les rodean.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here