Calidad de vida laboral y felicidad en organizaciones escolares

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En la actualidad el concepto de calidad de vida laboral cobra una relevancia significativa, dado su impacto en los resultados de las organizaciones, que ven en sus colaboradores uno de sus principales aliados para alcanzarlos. Los resultados se logran con y a través de las personas que trabajan para alcanzar esos objetivos; personas que si además se sienten motivadas con lo que hacen y en un ambiente psicosocial que les resulte grato y saludable, mostrarán una tendencia a comprometerse y dar lo mejor de sí mismas equilibrando otros aspectos de su vida personal.

En esta línea, la calidad vida laboral puede definirse como el grado de satisfacción y bienestar físico, psicológico y social que experimentan las personas tanto en su labor (lo que hacen), como en su entorno de trabajo (dónde lo hacen), abarcando aspectos más objetivos relacionados con las condiciones de trabajo, como más subjetivos asociados a la percepción y valoración de esas condiciones, el estrés laboral, las relaciones interpersonales o el clima organizacional, entre otros.

De igual modo, cada vez son más los estudios y experiencias laborales que confirman la relación directa entre felicidad y éxito organizacional, demostrando la existencia de un círculo virtuoso: personas felices trabajan de forma más comprometida, creativa y productiva, al mismo tiempo que trabajadores considerados en sus necesidades de desarrollo, estabilidad y salud laboral, se sienten más felices.

Por lo anterior, tiene sentido preguntarnos acerca de la calidad de vida laboral y felicidad en organizaciones escolares. Si bien, desde hace algunos años se está aplicando en la mayoría de los colegios el Cuestionario de Riesgos Psicosociales SUSESO – ISTAS 21 de la Superintendencia de Seguridad Social, que considera las dimensiones de exigencias psicológicas, trabajo activo y desarrollo de habilidades, apoyo social en la empresa y calidad del liderazgo, compensaciones y doble presencia, es difícil encontrar mediciones que den luces más objetivas del tema en colegios a nivel transversal.

Sin embargo, en 2012 el Primer Censo Docente realizado por EduGobal daba cuenta de algunos indicadores sobre la percepción de los profesores en relación a diversos aspectos de su trabajo. Es así como este estudio concluye que un 29% de los encuestados dedicaba entre 10 a 12 horas semanales a labores docentes no remuneradas; un 35% disponía sólo entre 1 y 2 horas diarias a su familia y un 31% contaba con igual horas de esparcimiento a la semana. Por otra parte, un 41% reconocía una fuerte incidencia del estrés en su labor docente; y pese a que más de un 80% de los docentes afirmaba esforzarse por el logro de sus metas, sólo un 51% sentía retribución emocional por su trabajo. Todos factores que podemos considerar de riesgo con relación a la calidad de vida laboral.

Sin duda existen muchas variables que impactan en la calidad de vida de quienes trabajan en el ámbito de la educación escolar, afectando su sensación de satisfacción y bienestar. Entre estas, podemos considerar el esfuerzo constante por intentar generar aprendizajes en estudiantes que vienen de hogares disfuncionales o en conflicto, enseñar en ambientes vulnerables, el incumplimiento de las pocas horas no lectivas, el recargo horario y exigencias administrativas. Asimismo, las agresiones y malos tratos de alumnos y apoderados, las pocas habilidades para resolver dificultades entre los distintos estamentos, la ausencia o uso discrecional de protocolos para abordar estas problemáticas, junto a la falta de acuerdos y lineamientos respecto a las acciones formativas institucionales. Por último, la percepción de poco reconocimiento y los elevados niveles de estrés, depresión, soledad y cansancio, sumados a las preocupaciones familiares y económicas, son elementos que inciden en la calidad de vida de quienes trabajan en el contexto escolar.

Frente al desafío que enfrentan las organizaciones escolares en la actualidad, con el fin de asegurar una educación de calidad y cumplir a cabalidad con sus proyectos educativos, en sintonía con todos los actores pertinentes, es indispensable centrar la atención en las personas que trabajan día a día para conseguirlo. Para esto, debemos contribuir a gestionar el cuidado y la salud de nuestros colaboradores atendiendo a la lógica de que si su bienestar aumenta, el impacto de sus acciones en el contexto de la enseñanza y el aprendizaje de los estudiantes será positivo y marcará una diferencia sustancial en sus vidas.

Finalmente, podemos considerar que cada persona busca dar sentido a lo que hace y sentirse parte de algo que la identifique de una manera coherente con lo que ella también es. En este sentido, ser parte de una organización no es lo mismo que trabajar para ella. Ser un profesor comprometido y motivado con el proyecto institucional y la calidad del proceso educativo, es cualitativamente muy diferente a trabajar como profesor para un sostenedor.

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