Carrera docente de calidad para mejorar el sistema educativo

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El debate sobre una educación gratuita, de calidad y profesores competentes está instalada en la agenda nacional desde hace bastante tiempo, pero la promulgación y reciente  publicación de la Ley de Carrera Docente en el Diario Oficial, han reabierto las mismas inquietudes que he planteado en diferentes medios de comunicación: por qué Chile no avanza hacia un proyecto que permita contar con profesores competentes, creando el camino hacia una educación de calidad.

Lo que me causa más inquietud de este tipo de cambios, avances y reformas al sistema educacional es el sentido y propósito de la exigencia. Si bien obtener como mínimo 500 puntos en la PSU para entrar a las universidades y acceder a estudios de pedagogía es adecuado por ahora, es necesario un aumento progresivo: a pedagogía deben entrar los mejores, más cuando a esto le sumamos el ranking.

No queremos muchos y malos, queremos pocos pero buenos. Esto último implica proveer de los recursos necesarios para que entren y se formen los mejores profesores, para investigar e innovar en la formación de profesores para Chile y fomentar las áreas en las que el país necesita, por ejemplo, docentes preparados en ciencias (física, química, etc.) y técnico profesional.

Queremos avanzar en innovación y desarrollo tecnológico, se crean nuevos centros y más institucionalidad, pero, ¿cómo responder al déficit de profesores en ciencias que hay en regiones y zonas extremas? ¿Qué dispositivo instalar para formar más y mejores profesores del área técnico-profesional?

Una carrera docente de calidad que mejore el sistema educativo debe impactar en la opinión pública, no solo en el largo plazo sino también en el corto y mediano plazo, para dar un urgente y necesario valor agregado al profesor y a la labor docente, aparte de las mejoras salariales, asegurar desarrollo profesional y horas no lectivas, que dicho de paso también debe considerar que el profesor y futuro profesor investigue sobre la propia práctica, para cambiar, para innovar y mejorar el sistema educativo.

En este sentido, la Ley de Carrera Docente es una discusión -pendiente desde hace muchos años- que replantea la condición e importancia que merecen los profesores en Chile, pero quedaron dudas frente a temas tan trascendentales como las exigencias, los perfiles de los profesores, la progresión y la investigación e innovación, entre otros.

Hoy el discurso político convive con la reforma educacional y la carrera docente, pero los temas de innovación e investigación en educación -sobre la formación de profesores, por ejemplo- han sido nulos. Si observamos, los recursos destinados a la investigación e innovación, veremos que llegamos a 0,4% del PIB (2015), ubicándonos en una indeseable última posición en comparación con otros 28 países, entre los que el promedio  de inversión para investigación es de 2,4%.

Llama la atención que en esta tendencia a replicar experiencias de los países exitosos, sobre todo en educación, no se replique la idea de una mayor inversión en I +D +I (investigación, desarrollo e investigación) en educación. Ello implica necesariamente apartarla como una categoría relevante y prioritaria en el área de las ciencias sociales. Basta con decir que los últimos informes cienciométricos, indican que nuestro país tiene un impacto normalizado (NI) de -50% de la media mundial en sus producciones en educación. Chile muestra competencia y creatividad para generar conocimiento relevante y útil, pero dificultades para apropiarse de este mismo conocimiento.

Hemos de esperar que en esta nueva coyuntura de la orgánica y del valor de la investigación e innovación en el país, repensemos la triada política-práctica-investigación y se redireccionen más fondos para investigar aquello que se declara en los instrumentos públicos como importante para Chile como es la formación docente, el trabajo en la sala de clases, el aprendizaje de los estudiantes y sus resultados, y lleguemos a una triada práctica-investigación-política para una educación de calidad.
 
Para que el sistema educativo mejore tiene que estar todo alineado, tanto el discurso político, público, las herramientas, instrumentos y la investigación. Y abandonar la fórmula de la réplica o replicar del todo, incluso en la inversión.

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