Cinco aulas, una vocación

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Niños con cáncer, inmigrantes y también aquellos de zonas extremas, como Visviri, en la trifrontera nortina. En el contexto del Día del Profesor, destacamos a aquellos que se encargan de entregar la mejor educación posible, pese a las distintas dificultades, y que incluso con una sola pregunta en una evaluación intentan hacer la diferencia.

Por Alexandra Chechilnitzky (La Tercera)

migration-3129340_1280Felipe Ramírez (31), premiado como el Mejor Profesor de Chile
Es profesor de artes y trabaja en la Escuela Hospitalaria de Puerto Montt desde hace nueve años. Hace tres que es director del recinto. “Nuestra tarea es garantizar que la educación llegue a todos y cada uno de los niños que por alguna razón de salud hoy día se ven impedidos de asistir a algún establecimiento tradicional”, comenta Felipe Ramírez.

Seleccionado como el ganador entre aproximadamente 23 mil postulaciones que recibió la fundación, el pasado jueves 11 de octubre Felipe recibió el premio en el Teatro Oriente, ubicado en la comuna de Providencia. “Recibo este premio con gratitud, porque creo que es el resultado de toda la gente que te vas encontrando en el camino que contribuye a hacer de ti la persona que eres.

Acá necesitamos toda una comunidad que esté de acuerdo en creer que esto vale la pena”, dijo el ganador.

El docente enseña sobre patrimonio inmaterial, historia, tradiciones y ecología a través de obras de arte, una técnica denominada Land Art. “Lo importante es poner el corazón y darlo todo porque las cosas funcionen”, cuenta él.

Felipe dice que “es una oportunidad de sembrar equidad para nuestra sociedad, acompañar un proceso doloroso y ver de qué manera las personas son capaces de salir fortalecidas de la adversidad”.

Marcelo Serres (39). Cuando las preguntas de la materia no son suficientes
Se hizo conocido a través de redes sociales por hacer una pregunta inesperada a sus alumnos de técnico en enfermería en una prueba. “Una nota es solo un número, no es un conocimiento. Una nota no define quién es usted y lo poco o mucho que sabe. Pero un saludo, una sonrisa y tu forma de ser sí te definen. Mencione a tres señoras auxiliares de servicio de nuestra sede”, decía la última pregunta de la evaluación.

Para el profesor del área de salud del instituto AIEP sede Talca, “primero es la parte humana y después el conocimiento. En cualquier actividad que yo haga con los estudiantes o que hagamos nosotros como docentes siempre está el sello que haga la diferencia para que los chicos sean agentes de cambio”.

Serres confiesa que “son muchas cosas que vienen de cuna, que vienen de la enseñanza de los padres, pero siento que siempre es el momento para reforzar esos principios”.

Rita Gangale (44). Ni el cáncer es impedimento para enseñar
Hace 12 años que trabaja como profesora hospitalaria con niños diagnosticados con cáncer.

Se desempeña en los hospitales Exequiel González Cortés y Sótero del Río.

Al principio le costó “harto, porque era algo súper desconocido para mí como profe”, relata.

Luego de algunos meses de iniciado su trabajo, se cuestionó si continuar por la carga emocional. Sin embargo, “me lo replanteé y decidí continuar con todo el corazón y con mi profesión por el bien de esos niños, porque para ellos ir a la escuela es devolverles su rol de estudiante, devolverles la esperanza”, cuenta la profesora.

La finalidad de las escuelas hospitalarias es que los niños puedan estudiar y puedan volver al colegio. “Esto es tremendamente gratificante, porque tú ves a los niños contentos, ves que llegan a la escuela queriendo ir y la pasan bien”, agrega Rita Gangale.

Hugo llerena (56). Educar, a pesar de la frontera
A 4.069 metros de altura, en la Región de Arica y Parinacota, se encuentra Visviri. Ahí, Hugo Llerena es el encargado de educar a los niños que asisten al internado del lugar, que agrupa las tres nacionalidades fronterizas: Chile, Perú y Bolivia. “Es un sector aimara en el cual los límites están delimitados por los países, pero en la parte cultural no se ve la diferencia. Los niños se respetan por ser de la cultura aimara”, cuenta.

Hace 31 años que se tituló de Pedagogía en Educación Básica, pero hace tres que decidió iniciar esta labor en la localidad que colinda con los dos países del norte. Su curso es multigrado y del primer ciclo, es decir, comprende a niños de primero a cuarto básico. Sin embargo, tiene alumnos solo hasta tercero. “Les planteo un tema transversal para todos al inicio de la clase, que todos participen, que todos opinen y que enganchen con la materia que corresponde”, cuenta el profesor.

Inés Tapia (30). La educación multicultural
El Colegio Humberto Valenzuela, de Estación Central, es uno de los establecimientos más diversos del país: tiene un 50% de matrícula de niños migrantes. La mayoría de ellos son de nacionalidad haitiana.

Inés Tapia hace clases de matemática de quinto a octavo básico y cuenta que la inmigración configuró toda la cultura escolar. “Fortalecieron la tolerancia y el respeto”.

Sin embargo, el cambio no fue fácil, porque “había muchas diferencias entre los niños”, por lo que “les hacía desarrollar la empatía, que se pusieran en el lugar de sus compañeros y que ellos también eran responsables de enseñarles muchas cosas a los niños haitianos”, cuenta la profesora.

Desde el ámbito educacional propiamente tal, Tapia sincera que “tuve que empezar a plantear nuevas estrategias. Ya no bastaba con implementar una clase o llegar con un recurso atractivo”.

 

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