Colegio de San Felipe crea comunidad generando identidad

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Escuela José de San MartínLas gigantografías con imágenes de alumnos son una de las decisiones que el establecimiento tomó para generar identidad. También se potenciaron los talleres extracurriculares y se crearon festividades para celebrar el patrimonio.

Por Margherita Cordano F. (El Mercurio)

Dos imágenes reciben a quienes llegan a la recepción de la Escuela José de San Martín de San Felipe. Una de las fotos muestra a una niña que sonríe mientras trabaja frente a un computador, y la otra retrata a un grupo de alumnos en un estudio con aislación acústica. Bajo las fotos aparece una leyenda: son estudiantes que participan en la radio escolar del colegio.

La bienvenida simboliza dos de los principales rasgos de la escuela. Por un lado, la radio es un guiño al alto número de talleres con los que cuenta -entre ellos, folclor latinoamericano, orquesta de cuerdas y viento, además de reciclaje- y por otro, las fotos dan cuenta del sentido de pertenencia que el colegio fomenta desde prebásica. A medida que se va avanzando por los pasillos de la escuela, en las paredes se pueden ver gigantografías con imágenes de la comunidad escolar: desde niños en sus salas de clases, hasta un auxiliar barriendo el patio.

«Hace tres años, un grupo de estudiantes de Medicina de la Universidad de Valparaíso nos pidió ser parte de un estudio longitudinal que incluía a 10 establecimientos de la zona. El objetivo era reconocer ciertas características relacionadas con hábitos de vida saludable y de membresía», cuenta la directora, Ximena Baquedano. Tras varias encuestas, «nos entregaron un informe que decía que teníamos una escuela muy grande, pero con un nivel de identidad y membresía bastante bajo».

En otras palabras, la comunidad de este colegio municipal (donde actualmente estudian 1.175 niños de prekínder a 8° básico) no sentía ser parte de un grupo afiatado; había desconfianza y poco compromiso.

Para revertir esa realidad, además de tapizar las paredes con fotografías de distintos integrantes de la escuela, en el establecimiento se optó por generar identidad creando un Día del Patrimonio. En esa celebración, los alumnos se toman la calle Freire -donde se ubica la escuela- y pasean representando personajes históricos de la comuna. Cada curso crea puestos de información respecto de cada figura, debiendo organizarse y trabajando unos con otros.

Además, se han ido creando murales temáticos. El último, por ejemplo, aborda la figura de Violeta Parra. «Hay mucho trabajo conjunto. Hicimos una gran carpa e invitamos a distintos exponentes de la cultura. Los alumnos en clases de Tecnología o Arte trabajaron el tema de la arpillera o de la pintura, mientras que las niñas de Danza bailaban sus temas y los de Coro los cantaban», dice Baquedano.

La experiencia de crear comunidad fue bautizada como «Rescatando nuestra historia para fortalecer nuestra identidad», y con el paso del tiempo, sus buenos resultados se tradujeron en mejores puntajes Simce, una mayor demanda de matrícula y una alta valoración de profesores, niños y apoderados.

Estos cambios también hicieron que la Escuela José de San Martín pasara a formar parte de la Red de Escuelas Líderes, una iniciativa que impulsan Fundación Minera Escondida, Fundación Educacional Arauco, Fundación Educacional Oportunidad, Fundación Chile y El Mercurio. Su objetivo es reunir a colegios de contextos vulnerables que destacan por haber resuelto sus propios desafíos a través de propuestas pedagógicas innovadoras. En particular, este establecimiento tiene un índice de vulnerabilidad de 72%.

Hacia el mismo lado

Los papás no están fuera de este nuevo enfoque del colegio. Este año, a todos se les invitó a llenar de mosaicos uno de los pasillos del establecimiento.

«Representamos las distintas regiones de Chile, así que nos dividieron. A mi grupo le tocó la Región de Magallanes», cuenta Sandra Cornejo, apoderada de prekínder y 8° básico. «Es bueno, porque a uno lo integran harto, así que se sabe las cosas que están pasando. Y cuando tus niños te vean haciendo cosas por su colegio, también siento que ellos se involucran mucho más».

Jessica Pastrán, manipuladora de alimentos en el establecimiento, resume así esta cercanía: «Trabajadores, papás y alumnos remamos todos hacia el mismo lado».

Concuerda Francisca Muñoz, de 8° básico. «Acá se nota que somos comunidad, porque cuidamos mucho la escuela. No es solo un lugar para nosotros: acá nada está rayado, nada está feo. Siempre se hacen actividades para integrarnos, entonces uno viene motivado», indica.

Tanto le gusta el colegio, que le apena tener que dejarlo ahora que termina su enseñanza básica. «Pero hay un plan. Tengo pensado estudiar educación diferencial… ¡Y así después volver!».

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