¿Cómo se sana a un colegio después de un suicidio?

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Cuando se cumplió un año del suicidio de la alumna Katy Winter, en mayo, el Nido de Águilas trajo a Elaine Walsh, experta en el tema de la Universidad de Washington. Dio charlas sobre cómo prevenir y qué hacer si sucede. “En Estados Unidos tenemos casos de chicos de hasta 8 años”, advierte la especialista, quien habla de señales que hay que atender y de acciones que realizar.

Fuente: La Tercera.

Antes que ella hubo otros. Enfocados en la misma tarea.

En mayo de 2018, cuando en el Nido de Águilas recibieron la noticia del suicidio de Katy Winter -la alumna de 16 años que encontraron muerta en el baño de un Starbucks en Providencia-, en el colegio tomaron el teléfono y llamaron al equipo de la Unidad de Trauma y Disociación del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Católica: conformado por sicólogos y siquiatras, empezó a trabajar de inmediato con alumnos, apoderados y profesores.

Un año después llegó ella, Elaine Walsh (54). La última semana de mayo pasado, justo una después de que se cumpliera un año de la muerte de Katy, ella aterrizó en el exclusivo colegio de Lo Barnechea. La enfermera especializada en siquiatría infanto-juvenil y salud mental, magíster en enfermería de la Universidad de California y doctora en Enfermería de la Universidad de Washington, venía a reforzar lo que había iniciado el equipo de la UC: asesorar al colegio que sufrió el suicidio más mediático de los últimos años en Chile.

Walsh es profesora afiliada al Forefront Suicide Prevention, iniciativa de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Washington, a la que ella se sumó luego de años trabajando sobre el tema en hospitales, escuelas y organizaciones comunitarias. Hoy trabaja con colegios de la ciudad de Seattle, en el estado de Washington, y genera papers que abordan su área de especialización: prevención del suicidio, comportamientos asociados, evaluación de programas preventivos y el traspaso de toda esta experiencia a los colegios.

Su visita al Nido de Águilas se empezó a gestar mucho antes de mayo. Y en un lugar lejano. El Forefront Suicide Prevention hizo hace un par de años una capacitación en un colegio internacional en Shanghái, China. Personas que asistieron le comentaron la experiencia a Kate McKenna, quien trabajaba en ese país y desde el año pasado es la directora de media del Nido de Águilas. A propósito de lo de Katy Winter, la académica se acordó de esa experta norteamericana que le habían comentado tan bien. Empezaron las gestiones para traerla, lo cual se concretaría un año después: Walsh estuvo una semana dictando talleres en el establecimiento de avenida El Rodeo.

“En Estados Unidos la mayoría de los casos se da entre los 14 y 24 años, pero también tenemos casos documentados de chicos de 8 años que se han suicidado. Allá los casos han aumentado mucho a pesar de los trabajos en prevención”, cuenta Elaine Walsh.

-¿Qué trabajo específico vino a hacer en este colegio?
-Vine a revisar sus protocolos en prevención y posvención, que es después del suicidio. Eso fue lo primero. La segunda parte de mi trabajo fue capacitar en prevención del suicidio a padres, profesores y alumnos, con un modelo diseñado para que sean ellos quienes continúen instruyendo en el tema. Se trata de un enfoque de “capacitar a los capacitadores”.

-¿Qué es lo más difícil de trabajar con colegios donde han ocurrido suicidios?
-Cuando los colegios no están dispuestos a mirarse para adentro y actuar, quedan en situación de riesgo. Sabemos que existen algunas prácticas después de un suicidio que terminan siendo dañinas para la comunidad, como glorificarlo -haciéndolo atractivo a la hora de recordarlo- o el lado opuesto: bloquearlo y no hablar del tema.

-¿Qué lleva a un adolescente a pensar en suicidarse?
-Nunca es una sola cosa; es multicausal. Pueden contribuir el sentirse avergonzado, tener depresión u otros trastornos de salud mental, la muerte de alguien cercano o el fin de una relación sentimental. Lo que a uno le fastidia como adulto es distinto a lo que le fastidia a un adolescente; ellos son más sensibles.

Al lado de Walsh está Paz Nalegach, directora del Plan Nacional del Nido de Águilas. Reconoce que la visita de la estadounidense no es casualidad: “Un suicidio es una tragedia para cualquier colegio”. Cuenta que tras la muerte de Katy, los especialistas de la UC -que aún trabajan con el colegio- les recomendaron abrir una línea telefónica 24/7 con siquiatras. Que se intensificaron los llamados coffee talks: reuniones con padres, que desde mayo de 2018 son sobre el suicidio de la alumna. Y que hace un mes, con el Minsal organizaron un taller sobre prevención del suicidio, donde participaron 20 colegios como The Grange, Saint George y Santiago College.

Mientras, los padres de Katy Winter pusieron una denuncia contra el colegio en la Superintendencia de Educación, la cual levantó cargos en mayo pasado. El caso aún está abierto y podría terminar en amonestación, multa o sobreseimiento.

Volver a empezar

“En este tipo de casos (como el del Nido de Águilas) hay que estar atentos a grupos más específicos de riesgo dentro del colegio, como los amigos. También atentos a los chicos emocionalmente más vulnerables, aunque no tengan vínculo con el caso”, advierte Elaine Walsh.

-Este fue un caso de connotación nacional. ¿Cómo debe ser la intervención para no generar un “efecto contagio” en los alumnos?
-Se debe hablar con los profesores para que sepan lo que pasó y después ellos hablen con los alumnos en grupos pequeños. Además, hay que tener apoyo extra de orientación y crear espacios para que los alumnos hablen de sus emociones; lo que se conoce como espacios seguros. También se deben modificar las expectativas que se tenían de los alumnos en términos académicos. ¿Cómo? Por ejemplo, flexibilizando la fecha de exámenes, aunque tratando de mantener la rutina.

-¿Se puede recuperar la normalidad en un colegio después de un suicidio?
-Yo creo que nunca se recupera, pero sí se puede seguir adelante y sanar.

-¿Se pasa a una nueva etapa?
-Sí, la persona que se suicidó siempre será parte de la comunidad, pero también deben salir adelante y aprender que hay algo que podrían haber hecho distinto y aprender para el futuro.

-¿Qué se hace con los símbolos que aluden a ese adolescente, como el aniversario de la muerte o la sala donde estudiaba?
-Varía en cada comunidad, pero se debe tener cuidado de no dar la idea de que el suicidio hace especiales a las personas, porque eso puede validarlo. Hay que seguir la emoción o la ansiedad que tienen los alumnos, ir guiándolos en los procesos. Puede que algunos todavía necesiten contención y haya otros que estén sanando; con estos últimos hay que tener cuidado de que las acciones que uno haga no los devuelva al estado anterior.

Paz Nalegach coincide: “Los procesos de duelo tienen tiempos distintos según cada alumno. Hay niños que probablemente tenían menos vínculo con Katy que tal vez estuvieron al comienzo muy impactados, pero fueron moviéndose más rápido; y los que eran más cercanos a ella probablemente están aún en proceso de duelo. Además, muchos se sienten maltratados por redes sociales o en los comentarios en el Facebook del colegio. Hay casos de alumnos que han ido a la peluquería y les han preguntado si son acosadores”.

Walsh explica que cada intervención para prevenir el suicidio adolescente es distinta porque depende de la gravedad del caso. En algunos, basta con hablar del tema con el joven; pero hay otros que requieren mayor ayuda y períodos más largos de acompañamiento. “El suicidio adolescente es un proceso que parte con una primera etapa, la ideación suicida, que es sólo pensar en suicidarse. Luego vienen acciones específicas, los intentos de quitarse la vida, y finalmente el suicidio. En estas últimas etapas se necesita ayuda más directa, con profesionales y a veces hospitalización. Por cada suicidio hay una cantidad importante de personas que trataron; y por cada uno que trató hay una cantidad importante que lo pensó”.

-¿Cuánto tardan desde que lo piensan hasta el desenlace?, ¿hay un tiempo promedio?
-Usualmente no hay un tiempo aproximado, depende de múltiples factores. No es algo repentino que pase de un día para otro.

Las señales

-¿En qué consiste el modelo de prevención que vino a trabajar acá?
-En ir viendo la problemática del suicidio desde distintos ángulos, con padres, profesores y estudiantes. El mensaje se da distinto dependiendo del grupo, porque no queremos que los adultos tengan la misma responsabilidad que los estudiantes. Sin embargo, los capacitamos a todos con el mismo currículum y los entrenamos para identificar señales de posible suicidio.

-¿Cuáles son esas señales?
-Algunas son depresión, tristeza, el regalo de objetos personales que tienen valor para la persona o los dibujos con frases sobre el suicidio. Frases como que el adolescente preferiría estar muerto o que otros estarían mejor sin él. Otra cosa que siempre buscamos son cambios en el comportamiento: un joven que era muy sociable y deja de serlo; o que hacía mucho deporte y lo abandona súbitamente. Aunque no siempre estas señales significan eventuales causas de suicidio.

-Al observarlas, ¿qué se debe hacer?
-Es importante decir que si un profesor lo detecta, tiene que ir al orientador, que es el sicólogo del colegio, y ahí tiene que haber un protocolo de manera de contactar a la familia. Ahora, si es la familia quien lo detecta, tiene que, a su vez, contactarse con el sicólogo o el orientador del colegio para elaborar un plan que abarque tanto a la escuela como a los padres.

-Ya identificado un caso, ¿qué ocurre?
-Depende del nivel de riesgo. Lo primero es determinar eso. Es importante reiterar que siempre debemos comunicarnos con la familia y el colegio para que haya más ojos observando a la persona. Hay que entender el contexto y preguntar si está pensando en suicidarse. Sólo con una respuesta afirmativa empieza a correr un protocolo de acción. Acá se hizo un buen trabajo en dejar que los alumnos supieran que pueden hablar de sus sentimientos, de si están teniendo ideación suicida y que el colegio los va a escuchar.

-¿Y después?
-Algunas cosas se hacen en el colegio; y otras requieren ayuda de un profesional. Se le dice al adolescente que no queremos que se haga daño, que nos importa y lo queremos ayudar. Se crea un plan de seguridad entre el colegio y los profesionales para que los adolescentes identifiquen qué hacen cuando están en situaciones de estrés, qué las gatillan y cómo deben manejarlas para controlar la angustia y no llegar a la ideación suicida.

-La casa o el colegio, ¿qué es más importante en este trabajo?
-La colaboración. Los niños pueden actuar distinto en diferentes ambientes, por eso es importante que en ambas partes estén mirándolos. Puede ocurrir que sean tremendamente funcionales en el colegio, pero un desastre en la casa. O viceversa. Si no hay comunicación es muy difícil tener la mirada completa de lo que le pasa al adolescente.

-¿Hay una diferencia de género?
-En Estados Unidos, más chicos se suicidan, pero más chicas lo intentan. La proporción es ésta: por cada cuatro chicas que lo intentan, hay un chico que lo hace.

-En Copiapó se suicidó un adolescente trans. ¿El factor de los jóvenes LGTBI complejiza este tema?
-El factor de riesgo no es que los jóvenes sean gays o trans, sino la recepción de los demás y el sentirse rechazado. En el caso de los adolescentes en transición sexual se incrementa el riesgo por los cambios hormonales que incluye ese proceso y también porque están en un proceso de búsqueda de su identidad.

Fuente: La Tercera.

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