CON LOS PIES EN LA TORRE…

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Es un hábito permanente estar conectada algunas horas del día a Internet. Allí me informo periódicamente en diferentes portales de noticias. Las más de las veces, nada me sorprende, pues mucho de lo acontecido no es nada novedoso en relación al día anterior. Los mismos protagonistas, acontecimientos similares y declaraciones cruzadas que se convierte en una lectura rutinaria que solo se ve interrumpida por la sorpresa de noticias que rayan en la ficción o más bien parecen un relato de Poe.
Curiosamente hoy esta reflexión, surge de una noticia que podría haber pasado inadvertida, más aún después de un 11 negro, donde despedimos a un “prócer del deporte como Sergio Livigston; la selección no estuvo a la altura de un Brasil 2014 y, lamentamos, nuevamente los horrrores de la intolerancia, la muerte y los desafortunados comentarios de un diputado UDI que con gran indolencia vuelve a clavar un puñal en la herida de muchos compatriotas.
Hoy el diario virtual de la Radio Bíbío publica las declaraciones del señor Paulmann, empresario dueño de una gran cantidad de empresas en el rúbro del retail (Cencosud) quien afirmó desde Londres que “la vida en familia se hace en los centros comerciales”. Infiero que esta frase surge, a partir de la promulgación del 19 de septiembre como feriado irrenunciable, lo que permitirá que miles de trabajadores de mall, supermercados y otras empresas del retail, compartan cinco días seguidos con sus familias fuera de los centros comerciales.
¿Será entonces, que el el señor Paulmann ha desarrollado este negocio para permpetuar y compartir la experiencia de vida familiar que él pudo desarrollar con sus hijos los fines de semana juntándose en la plaza de las comidas, o bien, vitrineando para ver los avances de temporada?
Debo agradecer al señor Paulman que haya despertado en mí la inquietud de deternerme y tomar conciencia que no me he acostumbrado  a creer que  las certeza de quienes ostentan su poder hegemónico, pueden contagiarnos su mirada. De alguna manera, hay algo de analógico con las muchas miradas que hay respecto a nustro sistema educativo, que han sido silenciadas por quienes tienen cámaras y espacios permanentes para hacernos creer que esa es la realidad.
Como profesora de sala de clase, puedo entender más aún porqué los indicadores no nos favorecen cuando se trata de evaluar los logros de nuestros alumnos y alumnas.  Desconocen que la efectividad en el aprendizaje requiere de Afectividad de la experiencia educativa.  Si privamos a nuestros hijos e hijas de ello, estaremos lejos de ver crecer a hombres y mujeres que se atrevan a soñar un país diferente, con ciudadanos que tengan un espacio para desarrollar todo su potencial creativo y generar nuevas oportunidades para ellos y las nuevas generaciones.
El señor Paulmann olvidó algo muy importante que tal vez, ignoro si alguna vez lo habrá experimentado, que la Efectividad del aprendizaje requiere una buena cuota de Afectividad  en la experiencia, y difícilmente entre la masa humana un padre y una madre podrán tener el espacio y la intimidad necesaria para abrazar, conversar y detener la mirada en cada uno de sus miembros.

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