Cruzar el río con confianza

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Hasta ahora no he sabido de nadie que no tenga proyectos y anhelos para su vida, de los más variados incluyendo aquellos inverosímiles, sin embargo pareciera ser un hecho irrefutable que todas las personas tenemos sueños que nos inspiran, movilizan y nos hacen creer en que podremos llegar a alcanzarlo en algún momento de nuestras vidas.

Me ha tocado conocer a mucha gente que ha planificado de manera muy detallada y clara su vida, los pasos que hay que realizar para poder llegar a cada una de sus metas, lo cual muchas veces pudiera ser admirable por la claridad y decisión en alcanzar aquellos objetivos que les resultan desafiantes y los motivan a la acción. Sin embargo, muchas veces la falta de confianza los lleva a posponer y posponerse de manera indefinida, porque ¿y sí  no resulta? ¿si las condiciones perfectas no se dan?…

Para avanzar no hay otra manera que haciendo las cosas, que atrevernos y lanzarnos a la aventura, a pesar del temor, de las inseguridades, de los riesgos que todo proyecto conlleva en la vida. Jugar sobre seguro muy probablemente no nos lleve al lugar en que queremos estar. Un paso tras otro en dirección a nuestros sueños, con la confianza de que todo saldrá bien, porque si no llegamos habremos aprendido y seremos más grandes y ricos en aquello que realmente importa, nuestro crecimiento interior, tal como nos invita el poema de Ítaca.

Tener la confianza de que al cruzar el río todo lo que vendrá será bueno, incluso en los momentos complejos que nos entrenarán para desafíos aún más gratificantes. Tener esa fe interior que las cosas saldrán mejor que como las hemos planeado, aunque no siempre comprendamos bien lo que resulta “mejor” en cada caso.

Atrevernos a cruzar el río con confianza de que el agua siempre llegará al mar, y que las corrientes fluyen a su ritmo por alguna importante razón y que navegar en ellas nos permitirá llegar a la costa que ideal para cada uno de nosotros. Habrán tramos que tendremos que hacer aparentemente solos, en otros encontraremos compañeros de viaje… sin desesperar, sin angustiarnos, confiando en que todo aquello está reservado a la espera de nuestra llegada.

Confianza, fe, tranquilidad… en la otra orilla nos esperan para celebrar.

 

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