Cuestionar lo establecido y formar opinión: así se educa en el feminismo

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María Paz Badilla, de Fundación Ideas para la Infancia, se cuestiona la educación en el feminismo a partir de la lectura de Chimamanda Ngozi Adichie, la gran escritora nigeriana. ¿Cuáles son sus sugerencias? Por Maria Paz Badilla Budinich  Feminismo“La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura. Si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiar nuestra cultura” (Chimamanda Ngozi Adichie). Un pequeño libro sobre mi velador, abrió una de las conversaciones y reflexiones más desafiantes que he tenido como mamá y psicóloga en el último tiempo. Casi sin que lo notara y motivada por su curiosidad, mi hija de cuatro años tomó en sus manos el libro rojo que me había comprado hace poco y me preguntó: -¿Cómo se llama este cuento? -Todos deberíamos ser feministas, le conteste, mientras hacía otras cosas… Unos segundos más tarde, escuché la pregunta que inspiraría una nueva búsqueda: “Mamá: ¿qué es feminismo?” Ehhhhh (silencio de mi parte)… ¿Cómo le explicaba a una niña tan chica algo tan importante? Algo que para ella aún no es tema, porque en su sabiduría de niña el tema de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres es algo lógico. ¿Por qué debiese ser distinto? Sin duda el feminismo llegó para quedarse, hoy se escucha esa palabra en redes sociales, noticieros, libros, radio y en las conversaciones que tenemos hombres y mujeres en nuestras propias familias y comunidades. Si algo hemos logrado las mujeres, es que se hable abiertamente de la importancia de luchar y lograr la equidad de los derechos entre hombres y mujeres. Fue por esto que había oído hablar de Chimamanda Ngozi Adichie, un nombre complicado y largo para alguien que con lucidez y claridad reflexiona sobre la importancia de sumarse a este cambio de paradigma, educando a los más pequeños desde el comienzo de sus vidas. Partí leyendo Todos deberíamos se feministas, libro que se deriva de una charla TED magistral y que hoy es repartido de forma gratuita para todos los jóvenes de 16 años en Suecia. Y como no hay primera sin segunda, seguí con una secuela llamada Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, un libro/carta que la autora envía a una amiga que le hace la misma pregunta que tantos y tantas nos hemos planteado cuando vinculamos crianza y derechos de género: ¿cómo inculcar en su hija los valores feministas? El feminismo no es un slogan, sino un asunto de justicia que implica el perdón hacia las generaciones de mujeres que fueron menoscabas en sus derechos en el pasado, una esperanza para quienes buscamos legitimarlos hoy y una inversión hacia un mundo más justo para nuestras niñas a futuro. Y entonces… ¿Cómo educamos en el feminismo? Lo que decimos, vemos y hacemos en torno al género, es la principal fuente de aprendizaje de los niños y niñas de hoy, y esto convoca no solo a padres y madres, sino a familias completas y desde luego a toda la sociedad. Todos somos responsables de construir un mundo equitativo para niños y niñas, futuros hombres y mujeres. Y esto tenemos que hacerlo desde nuestras conductas cotidianas. Esta es una de las consignas que entrega Adichie en sus libros, el entender que un cambio de paradigma tan grande tiene que comprometer a las masas, por lo que la invitación es a hacer ruido y cuestionar cosas que muchas veces están arraigadas como hábitos en nuestras costumbres. ¿Por qué un niño no puede ir al taller de ballet o una niña querer ser física nuclear? Este límite solo lo imponen los cánones sociales y nuestras culturas. Porque como decía Simone de Beauvoir, las mujeres y los hombres se construyen a partir de su historia cultural, por lo que lo primero que tenemos que revisar, sin miedo ni juicios, son esos patrones automáticos que nos llevan a perpetuar los estereotipos de género. Enseñamos a las niñas a que se acobarden y a los niños a que no muestren su vulnerabilidad. Esto es sabido, nos puede parecer hasta obvio, pero lo repetimos transgeneracionalmente casi de forma inconsciente. Hoy esta autora es destacada internacionalmente y resulta ser un privilegio el contar con una visión tan genuina de un tema que está tan en boga. Leer sus libros, es cómo si pudiéramos sentir que estamos sentados con ella en una buena conversación de sobre mesa y ella nos aconseja sobre la tarea de criar incluyendo la perspectiva de género, permitiendo hacer conciencia y con esto dejar de repetir esos patrones patriarcales que han limitado el derecho de las mujeres. Me tomo la licencia, sin hacer un spoiler, de compartir algunas de sus sugerencias y frases para el bronce: “Yo importo”: Las madres tienen que tener espacios para desarrollarse más allá de la crianza si así lo desean, mientras más postergadas se sienten, más probabilidad hay de que luego carguen esa “culpa” a los hijos, quienes verán a una mamá insatisfecha. Una mamá empoderada es el mejor modelo para criar en y para el feminismo. “Él (padre) debería hacer todo lo que la biología le permite”: Equiparar las funciones y roles entre papás y mamás, es crucial. Los hombres no “ayudan”, sino que son igualmente responsables. Lo único que los hombres no tienen, son pechugas para amamantar, el resto está todo disponible para criar en igualdad de condiciones y derechos. Cuando mostramos un modelo de crianza de a dos y ambos padres participan equitativamente, estamos mostrando una forma de ser sociedad. “Los roles de género son una tontería”: El justificar hacer algo o dejar de hacerlo porque una hija es niña o un hijo es un niño, son ideas que necesitan ser cuestionadas. Todas las habilidades se aprenden y no tienen género determinado. “Enseña a rechazar la obligación de gustar” (dedicada a las niñas): Criar desde el feminismo, es criar para la libertad. No limitemos a nuestros hijos e hijas a ser complacientes con la mirada del resto. Vivir para gustar a otros nos quita poder personal y restringe nuestra identidad. “Enséñales a cuestionar el lenguaje”: Hay que partir cuestionando los dichos y las creencias que traemos los padres y madres, esas que nos heredaron desde nuestras infancias y que están en la base de nuestras ideas sobre el ser hombre o mujer en esta vida. Luego, llenemos a nuestras hijas e hijos de opinión. Démosles el espacio para expresarlas, para dudar y construir sus propios principios en torno a este tema. “Enséñales que no hagan universales sus principios y experiencias”: Educa para amar la diversidad y resaltar las diferencias, solo así estaremos aportando en la construcción de una generación que entienda que el valor más importante de una sociedad, es su diversidad. Cada sugerencia que se expone en el libro se entrega desde el amor, destacando que educar es sin duda una tarea compleja. Lograr el objetivo, requiere tener la honestidad de mirarnos como padres y revisarnos internamente, nuestra cultura parental y el contexto en el que vivimos. “La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura. Si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiar nuestra cultura”, dice Chimamanda.En resumen. Y cómo dicen por ahí, el verdadero feminismo empieza con la educación… ¿Cómo vamos por casa? Fuente: El Definido

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