Desigualdad en la educación chilena: la clave está en reforzar la base

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Si bien, ha mejorado el acceso a las universidades y se trabaja para perfeccionar los instrumentos de selección, el problema comienza más abajo.

Fuente Diario Concepción.

Fotografía de Diario Concepción

Rostros sonrientes, miradas llenas de ilusión, adolescentes acusando recibo de su éxito pero aún algo nerviosos ante las expectativas. Es una de las postales clásicas de los estudiantes que fueron puntaje nacional en la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Jóvenes con un mundo de opciones académicas, pero que se ven truncados por la desigualdad en la educación chilena. Expertos aseguran que la clave está en reforzar desde la base.

Esto podemos evidenciarlo a través de resultados que demuestran que los jóvenes de liceos municipales tienen menos posibilidades de competir con los estudiantes de colegios particulares pagados.

Grandes diferencias

Las cifras entregadas por el Centro de Estudios Públicos (CEP) en 2017, aprecian un aumento de los establecimientos particulares. En efecto, de quienes obtuvieron sobre 700 puntos, un 56% estudió en colegios particulares pagados y solo 13% en municipales.

Este año, entre los 100 colegios con mejor rendimiento, solo hubo cuatro liceos municipales y tres particular-subvencionados.

La investigadora del CEP, Sylvia Eyzaguirre, alerta que ante esta desoladora evidencia, muchos apuntan sus dardos contra la PSU. A su juicio, es el equivalente a “culpar al termómetro” por la fiebre que mide.

“El instrumento, por más perfecto que sea, no va a dejar de medir fiebre si el sistema está enfermo. Se pueden crear otros instrumentos, pero nada de ello va a impactar en la inequidad del sistema escolar”, recalca.

Una opinión similar comparte Erik Cortés, psicólogo y orientador vocacional de la Universidad Andrés Bello. “Se asume, de manera equívoca, que la PSU tiene que ver con las desigualdades en educación. Este tiene un origen y solución que va más allá del sentido que tiene este instrumento de evaluación”, precisa.

Sylvia Eyzaguirre, investigadora CEP.

¿Hacia dónde apuntar?

¿Hacia dónde se debe apuntar, entonces? El investigador de Harvard, Pasi Sahlberg, esbozó un diagnóstico lapidario: “no hay sistema en el mundo que haya mejorado con las políticas educativas que hoy tiene Chile”.

A su juicio, nuestro sistema educacional refleja una profunda desigualdad de ingresos en la sociedad chilena. Para revertirlo, debe focalizarse el esfuerzo y los fondos estatales en la formación de los niños. Esto, con un sello de colaboración más que de competencia.

El fundador de Educación 2020, Mario Waissbluth comentó que “todos los países exitosos en materia educativa lo lograron a partir de acuerdos a largo plazo. En 12 años, Chile ha tenido diez ministros de educación y podríamos tener veinte más, pero cero acuerdo. Necesitamos una política de Estado y no de gobiernos”.

Foco preescolar

El equipo de Política Educativa de Educación 2020 presentó un balance sobre el avance en la última década en la materia. Todas las cifras fueron comparadas con los estándares OCDE.

La revisión de indicadores 2008- 2018 reveló que aún hay una deuda con la calidad de los aprendizajes. “Las principales metas del gobierno deben ser: aumentar la cobertura y calidad de la educación inicial y, poner foco en la sala de clases, donde se debe mejorar la calidad de los aprendizajes de los estudiantes”, precisó Nicole Cisternas, directora de Política Educativa.

Los investigadores dividieron el impacto de las políticas gubernamentales por nivel educativo. Así, en la educación inicial se registraron avances relevantes: en una década aumentaron los recintos de párvulos de 2.500 a casi 6 mil.

No obstante, aún hay indicadores muy por debajo del promedio OCDE. En 2015 se reguló la proporción de profesionales por párvulo y se llegó a una educadora para 45 párvulos. El parámetro OCDE es de un profesional cada 14. Por cada niño existe un financiamiento público que alcanza los $185 mil. Mientras que el promedio de los países OCDE es de aproximadamente $430 mil.

En Chile, durante 2008 la cobertura de niños de cero a tres años alcanzaba un 16%. Hoy, esta cifra llega 32,8%. Sin embargo, sigue distando del 53,5% que promedian los países de la OCDE.

Nicole Cisternas, directora Educación 2020.

Sistema escolar

En educación escolar, el estudio revela que la situación es aún más preocupante. Si bien, se han creado instancias para asegurar la calidad, los niveles de aprendizaje de los jóvenes son bajos.

De acuerdo a los resultados PISA 2015, el 49% de los estudiantes de 15 años no tiene las competencias básicas mínimas para desenvolverse. “Es urgente asegurar la calidad para todos los estudiantes. Hoy, los resultados están estancados. Cerca del 50% de los alumnos no logra desarrollar habilidades básicas en comprensión lectora o matemáticas”, advierte Cisternas.

En Educación 2020 apuntan que hay avances como la desmunicipalización y la Carrera Docente. El primero, devuelve los liceos municipales al Estado, a través de servicios locales de educación. El segundo, aumenta los requisitos para estudiar pedagogía, factor básico para mejorar la calidad y aumento en el salario del profesorado.

Como apunta el académico de la Universidad de Magallanes, Álvaro González, el profesor puede jugar un rol clave. «Hoy, el efecto que tiene un profesor y su trabajo sobre los aprendizajes de los alumnos es muy elevado”, explicó.

Para el investigador, un profesor debe tener la capacidad no solamente de cubrir el currículum prescrito. Debe aplicar estrategias didácticas, como también “innovar en permanencia. Asimismo, trabajar colaborativamente e integrar nuevas tecnologías, con la finalidad de llevar a los alumnos al límite de sus capacidades».

Foco en la calidad

Para los investigadores de Educación 2020, ante resultados de aprendizaje estancados, el desafío más urgente es mejorar la calidad. Allí apuntan a poner a la escuela en el centro, renovar las prácticas administrativas y pedagógicas, y utilizar nuevas estrategias dentro del aula que permitan fortalecer las competencias del siglo XXI.

“Es evidente que haciendo más de lo mismo no lograremos que nuestros niños y jóvenes desarrollen todo su potencial, independiente de su contexto socioeconómico”, sostiene Nicole Cisternas.

Desde su visión, cambiar los procesos de enseñanza-aprendizaje también requiere de una institucionalidad que dé mayor autonomía a los establecimientos y “no los agobie con obligaciones administrativas que dejan poco espacio para centrarse en el aula”.

Miradas desde la universidad

Para Mauricio Cataldo, rector de la Universidad del Bío Bío, más allá de las mejoras o cambios que se le puedan hacer a la PSU y a otros instrumentos de medición, poco y nada se conseguirá si el esfuerzo no se aboca a la base de todo; la calidad en la educación temprana. “Hagas la prueba que hagas, esa desigualdad en la enseñanza básica y media no va a permitir que lleguen bien preparados a la educación superior”, recalca.

Sobre la gratuidad comenta que «el problema es que está pensada para financiar lo que dura una carrera, y eso nos afecta una excelente opción para nivelar, como es el Bachillerato. El que lo toma ahora debe renunciar a uno o dos años de gratuidad. Lo mismo aplica para reparar esas lagunas dentro de las carreras; tiene que haber un margen para poder asentar una buena base en todos nuestros profesionales, de otra forma vamos a salir perjudicados. Es una realidad que la gratuidad debe considerar”, explica Cataldo.

Mauricio Cataldo, rector UBB.

El rector de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Christian Schmitz, opinó que el problema debe ponerse en perspectiva, pues a su juicio la PSU ha sido una buena herramienta.

“Tener una prueba única, nacional, estandarizada, que mide habilidades y competencias clave para el desarrollo profesional es un privilegio. En el Cruch planteamos que el sistema tiene que ser perfeccionado y lo estamos estudiando, pero ojalá se tenga también en cuenta que estamos frente a un sistema de selección que es cualitativamente admirado por muchos otros países”, expresó.

Christian Schmitz, rector Ucsc.

Más partidario de efectuar reformas profundas al sistema de selección se mostró el rector Carlos Saavedra, de la Universidad de Concepción, pues a su parecer la PSU ha tenido un tiempo de funcionamiento suficientemente extenso como para evaluar sus resultados.

“Mientras no alcancemos condiciones de desarrollo y de una formación equitativa en todos los niveles en nuestro país, soy más de la idea de medir aptitudes que conocimiento”, expresó.

Carlos Saavedra, rector UdeC.

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