Diálogo y pertinencia: las deudas de la educación intercultural según quienes la construyen

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Con motivo de la nueva salida del “Sol y la Luna” o We Tripantu mapuche, personas que trabajan por el reconocimiento de la cultura en colegios del sur hablan sobre sus historias y reflexionan sobre cómo avanzar en la materia. Fuente: Educación2020 Del 21 al 24 de junio, el pueblo mapuche recibe la llegada de un nuevo año del ciclo natural o We Tripantu, en lengua mapudungun. Como se ha hecho habitual en los últimos años, varias son las escuelas que en estos días se suman a la celebración a través de ceremonias y eventos artísticos con vestimentas, sonidos, gastronomía y otros elementos típicos. Son actos simbólicos que recuerdan una alta pertenencia a la etnia y que relevan el valor de la diversidad cultural, pero que están lejos de ser acciones transformadoras en la materia, según la voz de tres educadores que promueven la interculturalidad en La Araucanía. “Aún falta mucho por avanzar para hablar de educación intercultural”, es la frase que se repite en sus relatos. “La sala de clases debe ser un espacio de encuentro” Una ruka ubicada en las orillas del lago Budi fue el lugar que vio nacer a Hernán Marinao Marinao, apellido que significa “diez pumas”. Su abuela materna fue quien lo cuidó mientras vivió, crianza que fue fundamental en su vida. La única lengua que ella hablaba era el mapudungun, por lo cual su forma de aprender el mundo fue desde esa realidad. “Mi abuela me entregó muchos conocimientos,  como el valor de la naturaleza y cómo debemos interactuar con ella”, cuenta. Debido a esta formación familiar, su ingreso a la escuela no fue fácil. “Cuando era niño, pensé que lo que me enseñaba mi abuela era lo que tenía que aprender, pero en realidad en la escuela nos enseñaban cosas muy distintas. Sentí que fue un choque”, recuerda.

“Mi abuela me entregó muchos conocimientos,  como el valor de la naturaleza y cómo debemos interactuar con ella”.

Lo que más lo “marcó” fue la prohibición de hablar en mapudungun dentro de la escuela y el “hostigamiento” que vivían si no acataban la regla, lo que provocó la deserción de muchos estudiantes de su generación. Una experiencia difícil que cobra sentido cuando lo contratan como inspector en el Liceo Reino de Suecia, Saavedra. “Ahí me introduje en la educación bilingüe, porque me di cuenta que eso faltaba. Trabajé ahí 14 años impulsando actividades culturales, la construcción de una ruka, de los chemamüll (escultura mapuche). El liceo asumió su identidad y eso es importante para que los niños y niñas reconozcan el valor de su cultura”, señala el asesor intercultural. A pesar de los avances, Marinao es enfático en señalar que “hace falta mucho más para hablar de educación intercultural” y agrega que “la enseñanza de la lengua se debe extender más allá de sexto básico. Una política educativa requiere de continuidad para que sea exitosa”. Asimismo, destaca que es necesario “flexibilizar” el currículum en materia de contenidos, desarrollo de habilidades e instrumentos de evaluación. “Hoy en día el modo de enseñar no se hace cargo de las diferencias que existen y por lo mismo nuestros estudiantes no están desarrollando sus capacidades como podrían hacerlo”, precisa.

“Hoy en día el modo de enseñar no se hace cargo de las diferencias que existen y por lo mismo nuestros estudiantes no están desarrollando sus capacidades como podrían hacerlo”.

El educador también afirma que “la sala de clases debe ser un espacio de encuentro entre las culturas. En la medida que sea así, que se abra el espacio para el diálogo, podremos fomentar el respeto en nuestra región”. “La educación intercultural no significa tomar las cosas folclóricas” Hace 33 años, Álvaro Leñam Cayupil nace en el seno de una comunidad indígena ubicada en la localidad de Hualpín, Teodoro Schmidt. Desde ahí, tempranamente hace suya la cosmovisión mapuche, a partir de la enseñanza de sus padres y de su contacto con el campo. Al igual que Marinao, Leñam cuenta que al llegar a la educación formal vivió de inmediato la falta de pertinencia en la forma de enseñar. “Sentí que en la escuela tenía que ocultar mi origen. Y no era sólo por la discriminación que podía existir por parte de otros compañeros, sino también de los profesores, de los contenidos, de las políticas educativas”, expresa.

“Sentí que en la escuela tenía que ocultar mi origen. Y no era sólo por la discriminación que podía existir por parte de otros compañeros, sino también de los profesores, de los contenidos, de las políticas educativas”.

Al finalizar la educación básica se traslada a Temuco para seguir los estudios de enseñanza media, y luego a Santiago a estudiar Ingeniería Industrial. No obstante, siente que su carrera no satisface sus deseos de aportar a la sociedad, por lo que decide dedicarse a la docencia y volver a su ciudad natal para ejercerla en Hualpín, hasta el año pasado. “En el liceo hicimos varias actividades para que los chicos se reconocieran su identidad, su origen, su historia y la riqueza que existe en la cultura”, dice y agrega que “se ha avanzado en materia de educación intercultural, pero no es porque la política lo haya impulsado; es porque hay personas que nos hemos movilizado para que esto ocurra”. En este sentido, Álvaro enfatiza en que “el conocimiento se estandariza en la educación formal y el conocimiento mapuche no es ‘estandarizable’, no es medible (…). Tiene que ver con valores, con formas de ver el mundo, con la protección de la naturaleza. Además, creo que es importante que se escuche a la gente para hacer cambios reales en la educación”.

“El conocimiento se estandariza en la educación formal y el conocimiento mapuche no es ‘estandarizable’, no es medible”.

Sostiene, además, que “la educación intercultural no significa tomar las cosas bonitas o folclóricas de la cultura, significa realmente considerar la esencia del mapuche, de entender su vida, su mirada del mundo, de ver al otro de verdad. Este no es un camino fácil, pero sí es enriquecedor”. Por la preservación de la lengua     A pesar de que Rebeca Ancavil Ancamil (60) nació en una comunidad mapuche, ubicada en la localidad de Maquehue, Padre Las Casas, no fue sino con la llegada de su abuela al hogar cuando se encontró de forma profunda con su identidad mapuche. Relata que, en este contexto, conoce la lengua y la hace propia, sin importar las burlas de las que era blanco en la escuela. “Mi abuela me enseñó una canción en mapuzungun, yo la canté en el colegio y todos se rieron de mí. En esos tiempos era menos aceptada la cultura”, sostiene. Con la determinación de aportar en la preservación de la lengua, opta por la carrera de Pedagogía en Educación Básica. Llega a trabajar a una escuela rural de Cholchol, para luego desempeñarse en el Liceo James Mundell, de la misma comuna. En las aulas, Rebeca es una permanente promotora de la cultura mapuche. A través de la creación colectiva de obras de teatro, rescata la esencia y la cosmovisión del pueblo. “Creamos estas historias con los apoderados, los estudiantes y las relacionamos con los contenidos. Además, interpretamos canciones en mapuzungun”, precisa. Añade que la importancia de promover una educación intercultural radica, principalmente, en la necesidad de preservar la lengua. “Yo le digo a los niños que deben aprender a hablar en mapuzungun, porque de lo contrario va a pasar lo que ha pasado con otros pueblos, que han desaparecido. La lengua es lo más importante para un pueblo y es en torno a eso que trato de concientizar”, señala.

“Yo le digo a los niños que deben aprender a hablar en mapuzungun, porque de lo contrario va a pasar lo que ha pasado con otros pueblos, que han desaparecido”.

Respecto a la educación actual, manifiesta que falta una definición más clara sobre cómo se enseña la cultura en las escuelas y añade que “esto va más allá de celebrar el We Tripantu o saludar en mapuzungun. Se trata de formas de pensar, de actuar, de ver el mundo”. Y concluye que “el mapuche, por ejemplo, se da el tiempo para pensar y nosotros, por el currículum, no podemos dejar que los niños piensen. Si se demoran un poco, les damos las respuestas. Aún hay que avanzar bastante para lograr una educación intercultural y para eso es importante sentarse a pensar, darse el tiempo y conversar con las personas que están en estos contextos educativos”. Fuente: Educación2020

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