Educación: desarrollando concepciones de Ciudadanía y Democracia

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¿Poseemos las competencias como docentes para trabajar concepciones democráticas y ciudadanas con nuestros estudiantes? o ¿se puede fomentar el desarrollo ciudadano desde los distintos sectores de aprendizaje?, ¿el currículo realmente desarrolla un ser humano cívico? o ¿el sistema educativo evalúa a través de sus pruebas estandarizadas el desarrollo cívico de los estudiantes? Son ciertos cuestionamientos, entre otros, que afloran tras ejercer en la docencia.

Durante la última década, la formación democrática y ciudadana, dentro del Marco Curricular para la enseñanza, se ha replanteado con respecto al qué y cómo enseñar de acuerdo a los nuevos cambios y necesidades que ha experimentado la sociedad del siglo XXI; muchos de ellos motivados por procesos ideológicos, culturales y económicos.

Por lo tanto,  la relevancia que poseen para nuestra sociedad las diversas formas de participación ciudadana democráticas, en los que conceptos vinculados a los temas sobre ciudadanía y democracia a temprana edad aprendidos por los adolescentes, inciden en su futura toma de decisiones, así como en sus manifestaciones sociales y culturales.

Ejemplo de ello es el actual contexto nacional, en el que es posible observar una ciudadanía juvenil empoderada y activa, generando demandas colectivas, en búsqueda de alcanzar el Bien Común para la sociedad.

Pero, al mismo tiempo y paradojalmente, nos encontramos con una cultura juvenil que desconoce elementos sustanciales de una educación cívica, pues el modelo educativo de los últimos años se ha centrado en factores económicos  más que en el desarrollo integral del ser humano en sociedad[1]. Muchos historiadores afirman que las actuales generaciones son “cívicamente incultos”.

De acuerdo con lo mencionado, como docentes, se reflexiona sobre el rol fundamental de la educación en el desarrollo de concepciones ciudadanas y democráticas con respecto a la adquisición de competencias y habilidades del estudiante, tal como se contempla en los Objetivos Fundamentales Verticales del Marco Curricular de Enseñanza, en los que se establece que “la formación ciudadana ha de ser un propósito trasversal del currículum”, y que, por lo tanto, “se debe tener presente desde los primeros años de la enseñanza básica”.

Para la consecución de dicho propósito, es necesario “complementar el desarrollo de los Objetivos Fundamentales Trasversales (OFT), con los Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos de los distintos sectores curriculares y con la experiencia escolar vivenciada por los estudiantes” (MINEDUC, 2009: 4). Por consiguiente, la educación se proyecta bajo valores democráticos, asumiendo que éstos se encuentran inmersos en la sociedad y que constituyen elementos fundamentales para la vida en común. “En este sentido, la ciudadanía -y la participación social y política que son unas de sus formas de expresión- constituye un mecanismo de inclusión/exclusión que delimita quién es parte integrante de una determinada comunidad política, es decir; es la expresión de una construcción colectiva que organiza la relaciones entre los sujetos sociales pero que, a la vez, son formados en ese mismo proceso.

Ahora bien, cabe reflexionar si realmente se cumple lo planteado por las políticas educativas del Ministerio de Educación, si se condice lo macro (MINEDUC) y micro (contexto) dentro del proceso de formación, puesto que ¿poseemos las competencias como docentes para trabajar concepciones democráticas y ciudadanas con nuestros estudiantes? o ¿se puede fomentar el desarrollo ciudadano desde los distintos sectores de aprendizaje?, ¿el currículo realmente desarrolla un ser humano cívico? o ¿el sistema educativo evalúa a través de sus pruebas estandarizadas el desarrollo cívico de los estudiantes? Son ciertos cuestionamientos, entre otros, que afloran tras ejercer en la docencia.

Sumadas a las anteriores interrogantes, se agrega el desinterés que ha presentado la juventud en no participar en el ejercicio ciudadano o en la toma de decisiones frente a la sociedad. Ejemplo de ello, corresponde a una visión en retirada de participación ciudadana vinculada al punto de vista jurídico. Según el Informe dela Comisiónde Formación Ciudadana, se sostiene que: “La no inscripción en los registros electorales de los jóvenes, interroga sobre los profundos cambios socio-culturales y políticos que afectan a la sociedad. Desafía, en particular, la naturaleza y efectividad de la misión formativa de la educación escolar. La negativa a participar en el acto constitutivo del régimen político democrático por la generación joven obliga a examinar la experiencia formativa de la misma.” (Informe dela Comisión  de Formación Ciudadana, 2004: 9).

Siguiendo esta misma lógica, sobre la participación juvenil en sociedad, desde el punto de vista constitucional, cabe precisar que la cultura juvenil se muestra desmotivada y desinteresada en participar activamente en democracia. Esta es una situación que preocupa a las autoridades, parlamentarios y a los partidos políticos en general, quienes buscan re-encantar especialmente a los jóvenes con la actividad política, atraerlos a que se sumen a sus colectividades o al menos, a que se pronuncien emitiendo su voto en cada elección municipal, parlamentaria o presidencial, puesto que “la progresiva baja en las cifras de jóvenes inscritos en los Registros Electorales, es claramente visible en la base de datos que se manejan en las oficinas del Servicio Electoral (Servel), donde se aprecia que las personas que se ubican en el rango de edad entre los 18 y los 34 años pasaron de 2.305.275 inscritos en el año2000 aun total de 1.213.521 en2008”, (Bustos y Riffo, 2008: 3), por consiguiente, la población envejece y junto a ello pierde el objetivo la votación ciudadana, puesto que ya no da cabida a la representatividad de las demandas y necesidades de los ciudadanos en su totalidad.

Por tanto, se interpreta que desde el punto de vista de las políticas educativas del MINEDUC, no ha existido un currículum integral del desarrollo del ser humano, sino más bien, se ha respondido a las demandas del sistema, especialmente bajo la mirada económica y productiva. Ni el MINEDUC controla este proceso de enseñanza aprendizaje en los colegios, pues no supervisa los planes particulares de éstos ni su aplicación, ni los establecimientos eduacionales en sí implementan los elementos que los profesores necesitan al respecto. Lo que finalmente, les interesa, es una exposición formal de estos contenidos (Planes y Programas de Estudio); una proyección burocrática centrada en “la materia está pasada”, no una proyección centrada en la formación del estudiante. Prima el interés de la entrega de información por sobre la información.

No existe, para los profesores de los diversos sectores de aprendizaje, ni tiempo ni recursos para realizar algo distinto. Tampoco las escuelas se interesan por hacer participar a los apoderados al respecto. Son muy escasas las reuniones de escuela para padres o de información específica para que ellos refuercen en casa lo visto sobre ciudadanía y democracia.

Nos llama profundamente la atención este descuido en que incurre el Ministerio de Educación en la formación de los estudiantes; a fin de cuentas, futuros ciudadanos. Podría perfectamente pensarse que el efecto buscado es fomentar, justamente, la incultura cívica, precisamente lo que más se les ha criticado a los jóvenes que recientemente han implementado las actuales protestas por la reforma educacional.

Se les ha criticado por no utilizar los canales políticos que el Estado implementa para que  expresen sus demandas, pero, al mismo tiempo, el Estado, por medio del sistema educacional, no imparte debidamente estos contenidos, pues no cautela el debido proceso de enseñanza-aprendizaje ni la socialización de sus contenidos. Posiblemente sea éste un rasgo de un Estado que educa neoliberalmente, procurando que el ciudadano construya su entorno político en forma individualista centrado en realizar actividades de estudio, trabajo y consumo, pero no estrategias, en las que deba buscar una integración política con los restantes ciudadanos.

                                                         Cristian Ramos Muñoz


[1] Ejemplo de ello, corresponde a la disminución de horas de los siguientes sectores de aprendizaje: Filosofía, Educación Física, Educación Tecnológica, Educación musical.

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