Educar, este juego alienante

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Educar, es dirigir la manera en que queremos o esperamos del actuar del otro, encaminar y mostrar un sentido de vivir en sociedad (siempre desde la cosmovisión colectiva), adoctrinar para hacer que este sujeto comprenda y se limite a lo esperado por el grupo. Desarrollando o perfeccionando las facultades intelectuales y morales del nuevo ciudadano por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.. y así educar la inteligencia, la voluntad.

Es este sentido en que la educación formal busca y persigue dar forma y moldear al individuo que piense y valore los preceptos del grupo social al que pertenece (ideal comunitario) Sin embargo nuestra educación dista mucho de eso, se amaestra individuos aturdidos y preparados para seguir cumpliendo sin reflexión de vida (excepto la de unos pocos) donde la sustancia por comprenderla suficientemente es que no conjeturamos en un ser inmortal formado por la reunión del alma y de un cuerpo en virtud de las alas que lo lleven hacia regiones superiores donde habita la raza de los dioses.

Es lo divino es el “eidos” es lo inmutable y verdadero lo que es visto, la figura o forma. Para Platón es la naturaleza genuina e inmutable de algo, una de las formas eternas o ideas trascendentes aprehendidas y que existen per sé. Empero hoy se está remitido a una serie de automatismo donde cada estudiante intuye la manera de responder lo que de él se espera…sin mediar reflexión alguna, todo se reduce a consumir fórmulas de hacer algo, de lograr un peldaño en el ranking del Estado, y el profesor, ufano instrumento preparado para entrar en este juego alienante y así remediar la misión, se le premia y se le vilipendia si no cumple con este precepto.

El Estado lejos por enseñar los buenos usos de urbanidad, cortesía y cortesanía, comedimiento, atención y buen modo. No se perfecciona, no se afinan los sentidos, no se educa el gusto. Nadie busca celebrar dignamente la región que se extiende por encima del cielo, lo que es la esencia sin color, sin forma, impalpable, no puede contemplarse sino por la guía del alma, la inteligencia. En la esencia está el asiento de la perfecta habilidad que abraza toda entera el pensamiento de la que se alimenta la inteligencia ávida de la sustancia que le conviene… es justicia.

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