El 46% de escolares que desertaron no terminó la enseñanza básica y 63% tiene más de 18 años

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Sala de clases vacia

Dierk Gotshlich – El Mercurio

Una de las preocupaciones de autoridades y expertos al inicio del año escolar fue que muchos alumnos no volverían a estudiar.

Esto, tras un año completo de pandemia y clases virtuales a causa del aislamiento, que se preveía causarían un fuerte aumento en la deserción escolar, ya que muchos jóvenes se enfocaron en trabajar para apoyar económicamente a sus familias en la crisis o perdieron el vínculo con su escuela.

En ese contexto, y luego de la aprobación del Consejo Nacional de Educación, el Ministerio de Educación (Mineduc) impulsó el proyecto para generar una nueva modalidad educativa de reingreso escolar, el cual comenzó su tramitación en junio y se aprobó en la Cámara de Diputados en septiembre.

La iniciativa inicia hoy su discusión en la comisión de Educación del Senado y busca crear un mecanismo diseñado especialmente para niños y jóvenes entre los 12 y 21 años, entregando una subvención de $132 mil por cada uno de los alumnos excluidos, y que actualmente solo tienen la posibilidad de incorporarse a la educación de adultos. El financiamiento representa 79% más de lo que reciben hoy ($73 mil).

En total, son 154.461 niños y jóvenes los que podrían beneficiarse con la propuesta: casi 100 mil (99.872) están fuera del sistema, la gran mayoría hasta cinco años (76%) (ver infografía). Mientras, 54.769 tienen matrícula en escuelas para jóvenes y adultos.

¿Cuál es el perfil de los jóvenes que no estudian? El 63% tiene más de 18 años y el 46% no terminó la enseñanza básica; el 36% debería estar en 1° o 2° medio (36.064) y el 12%, en 3° o 4° medio (11.852).

El ministro de Educación, Raúl Figueroa, llama a los senadores a aprobar rápidamente la iniciativa, ya que “cada día que pasa sin aprobarse el proyecto es un día en el que perdemos la oportunidad de que más jóvenes retomen sus estudios”.

Liliana Cortés, directora ejecutiva de Fundación Súmate, dice que “esperamos que avance la tramitación”, pero que deberían corregirse algunos aspectos, como que la implementación sea más rápida: “El Mineduc plantea cinco años y nosotros creemos que deberían ser tres”.

Cortés también considera que una parte de la estrategia, las aulas de reingreso, “puedan implementarse desde el año uno, porque es la fórmula más simple o expedita de poder tener una oferta para niños y jóvenes que están fuera del sistema escolar”.

Por su parte, Rebeca Molina, directora ejecutiva de Fundación Presente, plantea que “espero que se apruebe y que no sea como el proyecto de ley de kínder obligatorio, que era una gran oportunidad que se rechazó, y que el paso siguiente sea que todos nos enfoquemos en prevenir la exclusión escolar y no solo preocuparnos del reingreso”.

Molina agrega que aunque la tasa de deserción fue menor a la que se preveía para este año (alcanzó casi 40 mil jóvenes y se esperaba más del doble), igual fue mayor a otros años y podría venir acompañada de una “segunda ola de deserción” por la pandemia: “Todavía no hemos visto las consecuencias definitivas. Va a pasar el próximo año, cuando niños vuelvan a matricularse intentando volver después de la pandemia, pero sientan que ya es demasiado tarde”