“El aumento en el número de horas en la escuela no basta para introducir las Habilidades del Siglo XXI”

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HABILIDADES DEL SIGLO XXILos investigadores del CIAE, Liliana Morawietz y Cristián Bellei, abordan en entrevista la introducción de las habilidades del siglo XXI a raíz de la discusión sobre la Jornada Escolar Completa.

Este año se cumplen 20 años desde la implementación de la Jornada Escolar Completa, política impulsada por el gobierno de Frei Ruiz Tagle que dejó a Chile como uno de los países con más horas de instrucción formal.

A veinte años de su implementación gradual, aún se cuestiona la eficacia de esta medida, que fue diseñada para incorporar nuevos aprendizajes que permitirían disminuir la inequidad en educación y mejorar los aprendizajes, pero cuyas horas extras terminaron siendo ocupadas para enfatizar los ramos tradicionales.

Junto con la JEC, se impulsó la mayor reforma curricular desde los años 60: una reforma que buscaba preparar a las nuevas generaciones para desenvolverse en el mundo del trabajo y conseguir los aprendizajes relevantes para la sociedad. Al mismo tiempo, la reforma buscaba formar en los estudiantes las habilidades para el ejercicio de la ciudadanía, en una época en la que el país volvía a la democracia. Para ello, la reforma establecía como objetivos transversales del currículo escolar las llamadas habilidades del siglo XXI, en los ámbitos intrapersonal, como apreciación de diversidad; interpersonales, como liderazgo; y  cognitivas.

Sin embargo, un estudio realizado por el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la U. de Chile concluyó que en el currículo chileno predominan las habilidades cognitivas (con énfasis en el pensamiento crítico y de orden superior) y son menos frecuentes las habilidades sociales interpersonales (como el trabajo en equipo y la comunicación asertiva) y claramente escasean las habilidades intrapersonales (como la curiosidad y la apreciación por la diversidad).

El estudio forma parte de un esfuerzo mayor liderado por la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard, cuya Iniciativa de Innovación en Educación Global analizó la incorporación de estas habilidades del siglo XXI en seis países. Todos los casos, incluidos el chileno, forman parte del libro La enseñanza y el aprendizaje para el siglo XXI  (Fondo de Cultura Económica, 2016), que será presentado el próximo jueves 30 de marzo en un conversatorio en la Casa Central de la Universidad de Chile.

“La JEC y la reforma curricular eran dos medidas articuladas, con un diseño que convergía, de modo que la JEC iba a contribuir a la consecución de los objetivos del nuevo currículo”, dicen Liliana Morawietz y Cristián Bellei, investigadores del CIAE, quienes desarrollaron la parte chilena del estudio.

En esta entrevista, ambos expertos abordan el desarrollo de las habilidades del siglo XXI en el marco del debate sobre la JEC.

– La JEC buscaba que los docentes tuvieran más tiempo para un nuevo currículo escolar más demandante. Sin embargo, ello no sucedió y los colegios terminaron haciendo en las horas extras más de lo mismo. ¿Cuáles fueron los factores que ustedes identificaron en el estudio?

– C.B.: Lo que la evidencia muestra es que la forma en la que los colegios usan las horas adicionales es diversa, pero hay una tendencia al reforzamiento más tradicional, lo que en nuestro estudio asociamos con la creciente presión por el rendimiento en pruebas estandarizadas. Los profesores perciben que el currículo es muy demandante y que las pruebas estandarizadas presionan para un tipo de enseñanza que es muy orientada a “pasar la materia”.  En muchos lugares existen las capacidades y las ideas, pero no es lo prioritario, porque la presión está en las evaluaciones.

– ¿También la reforma buscaba nuevas formas de enseñanza para fomentar, precisamente, esas habilidades nuevas?

– C.B.: Muchos estudiantes comentan que las clases son las mismas. Y había expectativas de que el tiempo adicional se podía usar en formas distintas de hacer clases. Y ese debe ser el paso siguiente de la discusión en Chile. El desafío es introducir las habilidades del siglo XXI en las prácticas de aula.

– ¿Qué faltó para que, por ejemplo, las habilidades del siglo XXI se implementaran en la práctica?

– L.M.: El aumento en el número de horas, sin otras estrategias de formación docente, de acompañamiento o de modelamiento, no basta para introducir estas competencias del siglo XXI. Esas habilidades no se desarrollan en clases frontales, con metodologías tradicionales.

C.B.: El estilo de enseñanza ha evolucionado, en la clase los profesores no se limitan a “dictar” la materia, sino que muestran videos, power point. Hay un esfuerzo por hacer las clases más desafiantes. Pero en términos de lo que el alumno está experimentando, sigue siendo el mismo tipo de instrucción directiva, en la que el alumno es pasivo. Lo mismo se puede decir del uso de computadores. Si doy una tarea de orden básico, pero que no requiere una búsqueda crítica de información, que no requiere respaldar evidencia, le estoy pidiendo al alumno algo muy parecido a lo de hace 40 años. El pasar a otro tipo de habilidades supone una formación y capacitación docente que es más compleja.

– Con todo, ¿la reforma curricular cumplió su objetivo de instalar estas habilidades de orden superior?

– L.M.: están instaladas en el currículo, pero no hemos adquirido las prácticas docentes o evaluativas para aplicarlas y para saber cómo las estamos aplicando.

– C.B.: no hay en Chile evaluaciones de gran escala para monitorear las habilidades de orden superior. Si bien es cierto que, según el estudio, están instaladas las habilidades del orden cognitivo, en las otras áreas –social e intrapersonal- eso es menos evidente: las habilidades de regular su propio esfuerzo, autocrítica, trabajo en equipo están menos incorporadas. Y para lo que se tiene de evidencia, el déficit importante de la educación chilena es no abordar estas otras habilidades.

– ¿Los ajustes curriculares posteriores se han hecho cargo de este déficit?

– L.M.: en general, han ido bien orientados. En2009 se introdujeron más expresamente las habilidades de indagación. A finales de 2010, en el contexto de ese mismo ajuste, Lavín presentó la propuesta de aumentar el número de horas de matemáticas, lenguaje e inglés. Finalmente, se aprobó el aumento del número de horas de Lenguaje y Matemáticas.

-La consulta que hoy está abierta de un nuevo ajuste curricular para Tercero y Cuarto Medio, ¿abre una nueva oportunidad de introducir mejor este tema?

– L.M.: sí. En el ajuste curricular para tercero y cuarto medio se introducen cuatro ejes: pensamiento crítico, creatividad, comunicación y colaboración y participación. Eso está alineado con las tendencias internacionales, pero el talón de Aquiles de Chile no está en el diseño curricular, sino en las prácticas.

– C.B.: y en el apoyo que se le da a los profesores. En otro proyecto, estamos investigando la introducción de la indagación en el área de ciencias y hemos encontrado con que no basta con que al profesor le llegue el nuevo texto, las nuevas bases, los materiales que pueda comprar con la plata de la SEP. No será capaz por si solo de dar el salto. Somos generaciones que hemos sido formados de la misma manera. Se requieren capacidades institucionales de apoyo, que en Chile son muy precarias. Muchas universidades tienen propósitos más comerciales que de formación docente. Las ATE tampoco son la respuesta necesaria para el apoyo. El sistema privado es muy atomizado y el sistema público está muy precarizado. El sistema de soporte institucional para grandes innovaciones, como lo hacen en Singagur, Ontario, Finlandia, en Chile no existe. Esto no se trata de ponerle una cámara y grabar al profesor. Son transformaciones de otra escala y Chile está al debe en eso. Tenemos una enorme distancia entre el deseo y los propósitos y cómo creemos que los profesores lo deben hacer. Y esa distancia la cubrimos con pruebas e incentivos.

– ¿Cuál es el rol de las universidades que forman docentes?

– C.B.: los profesores deben ser formados en una pedagogía más abierta, que resulte más desafiante para los alumnos, pero también para el profesor. Parte importante de esta discusión es que formar bien a los profesores supone prepararlos para que sean capaces de advertir cuando sus alumnos estén desarrollando estas habilidades. Deben saber si los alumnos son capaces de sacar conclusiones basadas en evidencia, contrastar información, etc.

– ¿Quién debe dar ese apoyo a los docentes?

– C.B. y L.M.: el ministerio de Educación, las agencias locales. El último informe de PISA dice que los países que más han avanzado en educación no son los que más gastan, sino los que más invierten en formación y apoyo de profesores. Necesitamos no sólo buenos programas de formación de profesores, sino un sistema de apoyo territorial. La reforma que apunta a eso es la que ha ido más atrasada: la de reestructurar el sistema público para tener servicios locales de educación, que tengan equipos de apoyo técnico pedagógico que puedan apoyar a los profesores y armar redes.

– Y mientras tanto seguimos como el país con mayor cantidad de horas de instrucción formal.

– C.B.: que un en país como Chile, con la gran cantidad de horas destinadas a la escuela, muy por sobre la media de países de la OCDE, se siga preguntando si le falta tiempo para desarrollar una parte del currículo, quiere decir que estamos fallando en cómo pensamos el tronco de la educación.

Texto: Elizabeth Simonsen – Comunicaciones CIAE

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