El impacto y la integración de los niños trans en los colegios

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C-q3x7OXsAANT2b-300x225El Ministerio y la Superintendencia de Educación decretaron, vía circular y con recomendaciones, lo que algunas escuelas implementaron hace dos años en silencio y sin tener que invertir millones: la integración de estudiantes trans en sus aulas. Dos directoras cuentan cómo ha sido la experiencia y dos expertos se refieren a la medida que ha despertado inquietud en otros establecimientos. Federico Grünewald

Publicado por El Mercurio

Hace dos años, una niña llegó a cambiar la vida de todos en el colegio El Trigal de Maipú. Ese “todos” incluye a sostenedores y directora. Si ya era una escuela inclusiva, con énfasis en el desarrollo de las artes y en el respeto a la diversidad, la nueva estudiante de los primeros años de enseñanza básica obligaría a pensar en cómo incorporarla a la comunidad, protegiendo sus derechos como persona trans.

En Villa Alemana, el colegio Robles vivió el año pasado esa misma transformación, con la llegada de un nuevo alumno de 13 años al octavo básico. La adaptación voluntaria que hubo en esos establecimientos llegó ahora de manera ampliada y transversal, con carácter de obligatoria, a todos los colegios de Chile. En la Circular 2609 de la Superintendencia de Educación y en una guía del Mineduc, con orientaciones para la inclusión de personas LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex), se entregan recomendaciones para evitar el maltrato, la discriminación o cualquier vulneración de los derechos de niños y niñas trans (niñxs en nomenclatura trans).

También se habla de sanciones en caso de que se rehúsen a cumplir con las obligaciones y disposiciones. Entre ellas están: revisar y actualizar el Proyecto Educativo Institucional (PEI), resguardando la promoción de la diversidad e inclusión de cada estudiante; lo mismo con los manuales de convivencia escolar y protocolos; asegurar el uso del lenguaje inclusivo; uso de nombre social del niño o niña trans en los espacios educativos; apoyo al estudiante trans y su familia; orientación a la comunidad educativa; facilidades a la niña, niño o estudiante trans para el uso de servicios higiénicos, considerando baños inclusivos o similares.

Por ejemplo, es una obligación para el colegio permitir que el estudiante elija el uniforme que más le acomode de acuerdo con su identidad de género. Eso implica adecuar el manual de convivencia escolar del colegio, que es donde se establece el uso de uniforme. Luego de adecuarlo, corresponde comunicarlo a la comunidad y a la autoridad. No hacerlo puede implicar multas.

Baño multisex

¿Qué tanto tiene que cambiar el colegio para aceptar a estudiantes trans? ¿Cómo han sido las experiencias de Maipú y Villa Alemana? En el caso de los baños, en el colegio Robles la directora Ana Donoso explica que fue sencillo: “Preparamos un baño multisex, que es un baño común y corriente al que puede entrar cualquiera. ¿Las duchas? Donde quiera ducharse. Lo que es importante acá es el acompañamiento. Un chico transgénero vive una necesidad de verse en su género e identidad. Los tratamientos hormonales son súper fuertes, van generando ansiedades y frustraciones, y se suma que son adolescentes. Esto ha generado mucha riqueza en la escuela, hemos ido adaptando las formas de relacionarnos y respetando el proceso del otro”.

Donoso explica que en el tema uniforme no hubo problemas, porque al colegio sus 380 estudiantes asisten con ropa de calle. Sí hubo una persona clave en el proceso: Paula Casanova, psicóloga de Valparaíso y una de las pocas especialistas en niños trans. “Ella ratificó la condición de transgénero y decidimos cambiar como escuela en conjunto. Iniciamos charlas de sensibilización entre apoderados, alumnos y profesores”, cuenta la directora, y dice que no hay nada difícil en este camino.

Lo asumió desde que vio al adolescente en su oficina con un diagnóstico clínico que decía “trastorno de identidad de género. Me generó muchas dudas, me pareció que no estábamos frente a alguien patologizado, que era una persona con otro género”, recuerda, y dice que, en lo práctico, el colegio sumó esfuerzos para apoyar desde los juegos en actividades conmemorativas, que eran bastante masculinos, hasta la adaptación de su nombre social.

“Los juegos son para todos, todas y todes”, comenta Ana Donoso y explica, además, que los jóvenes ahora viven una adolescencia con menos carga y mucho más informados. “Lo más fuerte en este proceso es instalar temas profundos y no estereotipos. Por ejemplo, nosotros hablamos de cuatro cuerpos, una niña con y sin vagina y un varón con o sin pene. Nos permite explicarles a los niños cómo me reconozco”, añade, y reconoce que al comienzo, algunos papás tuvieron resquemores, pero que luego, “todos entendieron que es la forma y el camino y ninguna familia ha desertado de la escuela”.

Un punto complejo, reconoce Ana Donoso, es hacerse cargo del lenguaje cotidiano que utilizan. En cuanto a los niños, hay uno que ya está realizando su tratamiento hormonal y sus compañeros lo acompañan en aquello. Otras modificaciones fueron denominar a una profesora especializada en el tema género como coordinadora de Género, preocuparse de los discursos de los profesores, realizar todas las clases y actividades de forma mixta, desde carpintería hasta tejidos, y capacitar a toda la escuela. “Ha sido un aprendizaje hermoso, es como un regalo”, asegura la directora.

“Te queremos como eres”

En el colegio El Trigal no construyeron un centímetro extra y, como se trata de una comunidad de 390 estudiantes, tampoco fue difícil difundir la llegada de la niña trans. Lo que sí ocurrió, recuerda Virginia Meléndez, la sostenedora, fue que hubo que poner cuidado en detalles como advertir que en el libro de clases, donde aparece el nombre legal de la alumna, debería ir su nombre social. Si bien los profesores pueden aprenderlo, cuando van examinadores Simce al colegio hay que explicarles antes por qué ella no aparece en la lista oficial con el nombre que todos conocen.

La etapa que más trabajo demandó fue antes de que empezaran las clases el 2015. Se llamó a un consejo de profesores y Meléndez, que entonces era directora, les comentó de qué se trataba ser niño o niña transgénero. “Yo tenía un conocimiento superficial y la mayoría no sabía de qué se trataba”, recuerda. Después del consejo de profesores, fue la mamá de la niña, junto con un abogado, a especificar los conceptos de género y las diferencias, por ejemplo, entre trans y gay.

Esas charlas introductorias son las mismas que ahora recomienda el Mineduc.

Hace dos años en El Trigal no sabían nada de esto y tuvieron que aprender. “La respuesta ha sido increíble, todos han estado muy dispuestos a conocer y a participar en este desafío”, cuenta Virginia Meléndez. La directora del establecimiento, Libertad Weibel, comenta que la mamá de la niña creó la Fundación Transitar y, además, tuvieron el apoyo de la Municipalidad de Maipú, a través del encargado del Departamento de Diversidad, Bladimir Muñoz. Desde entonces han ido psicólogas a aclarar dudas y se han organizado charlas. Tuvieron la prioridad el primero básico, donde llegó la niña trans, y luego el séptimo, donde iba una de sus hermanas. “Son los espacios donde se podrían haber vulnerado los derechos de las niñas. La respuesta fue positiva, ningún apoderado se opuso y algunos llegaron a agradecer”, cuenta Weibel.

La clave en El Trigal estuvo en tomar las decisiones como comunidad y, factor vital, esperar a que la niña expresara sus decisiones. De hecho, cuando un colegio de Chicureo rechazó a una niña trans y el caso circuló en los medios, la estudiante de Maipú les contó a sus amigas que era igual a la niña de la tele, una niña trans. Entonces tenía seis años. “Te queremos como eres, eres nuestra amiga”, fue la respuesta de sus compañeros, recuerda la directora.

Aunque han tenido más solicitudes de ingreso de niños trans, no quieren que El Trigal o los colegios que aceptan a estudiantes en esta condición se conviertan en guetos. Ana Donoso aporta desde Villa Alemana que “la identidad de género se debe abordar por ley”. En el caso de su colegio, el 4% de los niños es trans y para ella, “no hay nada que discutir, sino aprender para que desaparezca la ignorancia. El otro día estaba en una discusión y alguien me dijo que esto se contagia. Hay que romper mitos, educar, abrir el tema al diálogo, no es suficiente entregar un protocolo con definiciones”.

Respetar los tiempos

“Derechos de niños, niñas y estudiantes trans en el ámbito de la educación”, se llama la circular de la superintendencia. El Ministerio de Educación agregó una serie de orientaciones muy detalladas para su inclusión. A Yalile Said, directora general de Incoorpora, entidad especialista en reforma educacional, le llama la atención que la autoridad haya entregado instrucciones cuando aún el Congreso discute el cuerpo legal que se pronuncia, entre otros temas, respecto del derecho a identidad de niños y niñas trans.

“El Sistema de Garantías de los Derechos de la Niñez aún está en discusión y puede sufrir modificaciones. Lo lógico era esperar a que el proyecto de ley se aprobara para enviar una circular”, dice. También le preocupa la falta de especificación, porque “basta que un apoderado se acerque al colegio y le señale al director que su hijo es transexual para que se tome la decisión de adoptar un nombre social y desenvolverse de manera distinta. Esta solicitud debería ser acompañada con un informe emitido por un especialista en la materia, que certifique la condición de trans del niño o niña y, además, indique cuál es el momento más adecuado del desarrollo del niño para que adopte su identidad de género. ¿Qué pasa si el papá se equivoca y el niño después tiene que volver al género inicial? Ese riesgo se disminuye considerablemente con una certificación”.

Said respalda que se exija el respeto a los derechos de todos los estudiantes, pero estima que no se respetan los tiempos de los colegios. Incumplir las instrucciones constituye una sanción, es decir, la superintendencia puede aplicar multas si fiscaliza y comprueba que no se implementaron las medidas de la circular. “Los establecimientos han tenido que adaptarse en los últimos años a una serie modificaciones por la Ley de Inclusión y Carrera Docente. Para poder insertar a niños trans es necesario, además, sensibilizar, capacitar, adaptar infraestructuras. No todos los colegios tienen adaptados baños o camarines, faltan tiempos y recursos económicos y al someterlos a posibles sanciones en forma inmediata, no se respetan sus tiempos. Esto no va a durar un par de semanas, dura meses y a veces años”, explica la especialista y cuenta que muchos colegios han llamado esta semana, preocupados por los plazos.


Yalile Said, directora general de Incoorpora, respalda que se exija el respeto a los derechos de todos los estudiantes, pero estima que no se respetan los tiempos de los colegios.

Hace dos años en el colegio El Trigal no sabían nada de esto y tuvieron que aprender. “La respuesta ha sido increíble, todos han estado muy dispuestos a conocer y a participar en este desafío”, cuenta la sostenedora Virginia Meléndez.

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