El liderazgo colectivo es necesario para resolver las desigualdades más arraigadas en la educación»

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Amalia Torres – El Mercurio

A los 14 doctorados honorarios que ha recibido Wendy Kopp —entre ellos, de la U. de Princeton y de la U. de Harvard— y a los más de 10 premios que tiene en su currículum, la semana pasada se sumó un nuevo reconocimiento: fue galardonada con el premio Wise de Educación, también conocido como el “Nobel” de esta área.

“Vemos este premio como un respaldo y reconocimiento a nuestra teoría del cambio. El liderazgo colectivo es necesario para resolver las desigualdades más arraigadas en la educación y remodelar el sistema, para que prepare a nuestros jóvenes para navegar por la incertidumbre y dar forma a un futuro mejor”, dijo durante la premiación, que se realizó durante la apertura de la Cumbre Mundial de Innovación para la Educación (WISE 2021), que tuvo lugar en Doha, Qatar.

Kopp es la creadora de Teach for America y la cofundadora y CEO de Teach for All, una red mundial que busca potenciar la formación de líderes locales en educación.

Todo comenzó cuando estaba en la universidad y se dio cuenta de que varios universitarios tenían interés por la enseñanza, pero que estudiaban carreras muy diferentes. Así pensó en una red de jóvenes profesionales que ejercieran como profesores en sectores vulnerables durante dos años. Al principio fue su proyecto de tesis, pero en 1989 se convirtió en realidad.

Teach for America comenzó con 489 jóvenes que se sumaron en Estados Unidos. Hoy existen más de 5 mil cursando sus dos años como profesores.

La red internacional también ha crecido y, desde su creación en 2007, Teach for All tiene 61 socios en países tan distintos como Ghana, Afganistán, China, España y Chile.

—¿Cómo este proyecto se convirtió en una red global?

“Quince años atrás empecé a conocer gente de distintos países. Uno de ellos fue Tomás Recart, de Chile. Él me escuchó hablar y dijo: ‘Esto es lo que necesitamos que ocurra en mi país’. Eso inspiró a Teach for All como una red independiente de líderes locales relacionados con una organización internacional. Así empezaron Enseña Chile, luego Enseña Perú, y eso inspiró al movimiento a través de Latinoamérica”.

—¿Alguna vez pensó que se crearía una red tan grande?

“Nunca se me ocurrió que esto sería relevante para otros países; solo conocía mi país. No creo que habría podido imaginar la fuerza de cómo la gente alrededor del mundo se sentiría atraída por esto. Pero fue claro, al año, al ver cómo podíamos hacer cambios tan rápidos si trabajábamos juntos.

Cuando se piensa en educación, mucha gente cree que es algo local; que hay muchas diferencias entre cada país. Pero pronto vimos que las situaciones eran muy similares de un lugar a otro. Las circunstancias y realidades de los estudiantes menos privilegiados son más similares entre distintos países que entre los más privilegiados y los más vulnerables de un mismo lugar”.

—¿Cuáles son esas similitudes?

“En todo el mundo hay grupos de niños que tienen que enfrentar más desafíos, como pobreza, discriminación, y que tienen más necesidades, pero los colegios a los que van nunca tienen los recursos con que cuentan los colegios de los niños más privilegiados. Y, además, está la ideología de que hay poca expectativa para estos niños. Ese es el problema que estamos combatiendo en todos los países”.

—¿Por qué reclutar profesionales jóvenes de distintas profesiones y no solo a profesores?

“Muchos de los jóvenes que tienen más pasión, compromiso y potencial son alentados por la sociedad para poner su energía en cualquier lugar, pero no en educación. Lo que hacemos es que sea posible elegir esta alternativa con un alto impacto. Es un proyecto que está creciendo y con personas en distintos niveles de educación, ya sea haciendo clases, como directores o en otras partes del sistema”.

Para Kopp, la importancia del trabajo que realiza Teach for All se refleja en una cifra: “El 75% de los que son parte de los programas alrededor del mundo nunca lo dejan, aunque en un comienzo solo se comprometen por dos años. Es decir, pueden dejar de hacer clases, pero a veces se vuelven directores o trabajan ligados a la educación”.

Y agrega: “Un estudio que se hizo en Chile muestra que el 37% de quienes llegan a trabajar con Enseña Chile creen que los estudiantes de comunidades poco privilegiadas pueden tener el mismo éxito que los de entornos menos privilegiados. Pero esa cifra llega al 97% después de dos años. Es decir, su mente cambia. Y eso es lo que queremos lograr”.