El Mercurio: Cuatro claves para lograr una buena clase híbrida

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Además de la tecnología, que resulta fundamental, aplicar una metodología dinámica que involucre tanto a los alumnos presenciales como a los conectados de forma remota es vital, aseguran los expertos consultados.

Por C. Menares  en El Mercurio

La premisa parece sencilla: mientras que un grupo reducido de alumnos está en la sala con el profesor, el resto del curso sigue la clase desde sus casas, conectados a través de alguna plataforma virtual.

Así funciona la modalidad de enseñanza “híbrida”, también llamada mixta o semi presencial, la cual combina la educación tradicional con la a distancia y que es el formato que diferentes colegios del mundo han comenzado a implementar en pandemia apenas las medidas sanitarias permitieron la reapertura de los establecimientos.

Sin embargo, en la práctica las clases híbridas no son tan simples como parecen. Por este motivo, “El Mercurio” consultó a expertos en educación y profesores sobre las claves que consideran necesarias para que este método resulte satisfactorio. Estas fueron sus respuestas.

1. Contar con tecnología adecuada.

“Si bien nada reemplaza a la presencialidad, hay que aprovechar al máximo las clases híbridas para que los alumnos continúen con su formación en este contexto. En ese sentido, creo que una de las dimensiones a considerar para realizar una clase mixta dinámica y efectiva es la dimensión tecnológica”, afirma Daniel Tramer, director de la Central de Recursos para la Enseñanza y el Aprendizaje del Instituto Hebreo (Santiago).

El establecimiento inició las clases híbridas este semestre con un sistema innovador basado en cámaras robóticas HD y micrófonos de alta calidad instalados en las áreas del salón por donde circula el docente.

“Si antes el estudiante que permanecía en clases online debía pasar horas sentado viendo a su profesor o profesora en un mismo plano, hoy esta tecnología le permite seguir sus movimientos por el aula. La incorporación de esta cámara y los micrófonos han mejorado la dinámica de la clase y fomentan la atención de los escolares en todo momento”, asegura Tramer.

2. Llevar a cabo metodologías dinámicas.

Como la realidad es que no todas las escuelas del país pueden acceder a innovaciones tecnológicas, sobre todo aquellas ubicadas en zonas rurales donde incluso hay escasa conectividad, los especialistas entrevistados coinciden en que también es fundamental la dimensión metodológica: esta debería lograr un escenario de aprendizaje dinámico.

“Esta nueva forma de enseñanza debe tener un enfoque integral que sea capaz de combinar lo mejor de la formación presencial y online para que así la experiencia de aprendizaje que se produzca sea la más óptima. Lo que siempre hay que tener presente es que esta debe adaptarse a los alumnos, debe ser contextualizada y nunca permitir que la comunicación profesor-alumno falle. Si esto ocurre, el modelo se desmorona”, sostiene Nadia Valenzuela, ganadora del Global Teacher Prize Chile 2019.

Enseñar mediante presentaciones simples, con poco texto y material en video es una recomendación. También el hacer preguntas diferentes tanto a los estudiantes en la sala como a los conectados virtualmente.

“Necesitamos que los estudiantes conectados puedan evidenciar su aprendizaje y expresar su razonamiento sin interacción del pizarrón”, explica Alejandra Besa, académica de la Facultad de Educación de la U. de los Andes.

La experta añade que realizar rondas de preguntas cada cierto tiempo también ayuda a generar un vínculo entre los escolares presentes en ambas modalidades, ya que inventiva y mantiene la atención del grupo completo.

3. Fomentar la colaboración entre pares.

Otra recomendación para mantener el interés tanto de los estudiantes que se encuentran de forma presencial en el colegio como la de aquellos que participan de la clase desde su hogar, es asignar responsabilidades compartidas.

Besa explica que, por ejemplo, el docente puede pedir que un alumno conectado virtualmente haga un resumen con las tres ideas más importantes vistas en la asignatura y que otro que esté presencialmente en la sala reúna esas posibles respuestas y las exponga.

Sin embargo, la cooperación no es solo importante entre los estudiantes, sino también necesaria entre profesores.

“Un aspecto fundamental es la cooperación, como la codocencia. En ella, el profesor no se hace cargo de toda la clase, sino de una parte y es ayudado por un colega. Eso emocionalmente ayuda mucho a los docentes. También hay que fomentar la eficacia colectiva y el trabajo articulado: si los profesores discuten juntos qué decisiones pedagógicas tomar, eso puede influir mucho más en comparación a uno que trabaje de forma aislada”, asegura Bernardita Yuraszeck, directora ejecutiva de la Fundación Impulso Docente.

4. Instaurar la opción de “clases invertidas”.

Como otra forma de sortear las dificultades que significa aplicar este tipo de enseñanza, Pablo Arias, investigador de la Fundación Acción Educar, propone que se aplique el método de aula invertida (flipped classroom, en inglés).

“Consiste en transmitir el conocimiento mediante material audiovisual (antes de la clase), para luego, en las instancias presenciales, realizar actividades grupales centradas en la aplicación de la materia o mediante la resolución de un problema específico. Esto ha demostrado tener buenos resultados, aumentando la satisfacción de los estudiantes y su rendimiento en asignaturas como matemáticas”.

Por su parte, Besa precisa que “una clase invertida, en que se mande a todos los alumnos un video corto anticipando el contenido de lo que se verá luego, aumenta la participación de todos y la sensación, sobre todo en los conectados digitalmente, de estar accediendo a mejores oportunidades de aprendizaje”.

Frase destacada

Raimundo Larraín, jefe de la División de Educación General del Mineduc: “Es importante que en las clases híbridas se resguarden aspectos fundamentales, como que los estudiantes tengan la posibilidad de recibir retroalimentación continua, asegurar su participación en ambas modalidades educativas, y que las comunidades escolares vayan ajustando y mejorando sus planes de enseñanza remota a medida que van surgiendo requerimientos de los estudiantes y los padres”.