El miedo domina a la educación

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Me quedó dando vueltas una afirmación del Doctor Juan Casassus en un seminario, hoy: «La emoción que domina la educación es el miedo». Fue tremendamente categórico y sus elocuentes palabras retumbaron en el auditorio, haciendo eco en las mentes de los presentes.

Nunca lo había visto desde esa perspectiva, pero me hizo sentido paulatinamente, mientras procesaba la declaración. Decidí analizar, sin miedos, si era cierto…

Con cierta vergüenza, tengo que confesar que llegué a la conclusión que esa declaración tan violenta, era correcta.

Los estudiantes tienen miedo. Miedo de sacarse malas notas, de no cumplir las expectativas de sus padres, de ser rechazados por sus pares. Temen el castigo de la escuela. Es el miedo la emoción que los impulsa a estudiar y por eso rehuyen el estudio cuando pueden. Pobres alumnos, que pierden la oportunidad de maravillarse en el aprendizaje, por miedo. Pobres estudiantes que deben traicionar sus expectativas para cumplir con las del profesor. Solo así lograrán la nota que requieren.

Los profesores también tienen miedo. Su principal preocupación es perder su pega. Por eso funcionan en forma corporativa. Temen a las evaluaciones, a los padres influyentes cuando reclaman y a sus autoridades cuando tienen el poder para despedirlos. Trabajar atemorizado debe ser horrible. Pero también tienen miedo del mundo real. Tanto miedo que prefieren trabajar asustados antes que arriesgarse a emprender afuera de la escuela. Por eso no dicen lo que piensan. Dicen lo que deben decir. Y se guardan sus frustraciones.

Solo se desahogan en el aula, donde sus alumnos los escuchan y defienden las posturas de sus profesores, también por miedo. Los profesores no reclaman, encargan el reclamo a sus alumnos. Pobres profesores, que saben que los problemas de la educación solo se pueden vencer, eliminando los miedos y sin embargo, tienen miedo de eliminarlos porque no saben trabajar sin la autoridad que concede el poder.

Pareciera que lo más aterrador para los profesores es que se pierda la autoridad. Como señaló Humberto Maturana en reciente una reunión que sostuvo con profesores: «La autoridad ocurre en la obediencia del otro. Cuando dejas de obedecer, la autoridad deja de existir.» Casassus y Maturana coinciden y, extrañamente, los profesores parecen no recibir el golpe. ¿Será mi imaginación?

Lo más curioso es la furibunda negación que provocan este tipo de declaraciones en los profesores. Tal vez el violento rechazo a considerar seriamente estas afirmaciones, también nace del miedo. ¿Y si fuese cierto? Pobres profesores.

Quisiera encontrar profesores valientes. Dispuestos a luchar sin miedos por una nueva educación. Deben haber algunos… Bueno, supongo que conozco unos pocos, pero necesitamos muchos más.

Si alguien conoce a un profesor verdaderamente valeroso, mándemelo de inmediato. Estamos armando un ejército de profesores espartanos, dispuestos a luchar por abolir el miedo en la educación.

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