“El milagro” del colegio público de España que está rompiendo grandes paradigmas educacionales

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paradigmas educacionalesSe trata del colegio Joaquim Ruyra de Barcelona , ubicado en un barrio humilde y conflictivo, donde el 95% de los alumnos recibe beca alimenticia, el 92% son extranjeros, donde las clases se hacen con la puerta abierta y los padres pueden estar presentes. Contra todo prejuicio, logra mejores resultados que muchos colegios privados.

Por Por Macarena Fernández, El Definido

Los resultados de las pruebas de competencia que realiza la Generalitat de Cataluña, revelaron que el nivel académico de los alumnos de primaria del colegio público Joaquim Ruyra (ubicado en uno de los barrios más humildes de Barcelona), está muy por sobre la media, y que en algunas materias supera a los colegios privados más prestigiosos de la región.

Dicha información causó sorpresa en todo el país, y rápidamente los medios comenzaron a referirse al establecimiento como un “milagro educativo”. ¿Por qué?, porque cuesta entender que un colegio público con condiciones adversas; ubicado en un barrio conflictivo, con infraestructura reducida, humilde y con reparaciones constantes, con un alumnado representado en un 92% por extranjeros, con más del 95% de estudiantes recibiendo beca de comedor y con una rotación de alumnos que supera el 40%; logre resultados sobresalientes en las mediciones de competencia.

Algunos de los resultados entregados por la Generalitat son los siguientes: en Lengua Castellana, el 55% de los estudiantes obtuvieron puntuaciones altas, mientras que la media en Cataluña es de un 25%. En inglés, un 32% de los alumnos sacaron notas sobresalientes y sólo un 10,7% lo reprobaron, cuando el promedio catalán es del 24% en las puntuaciones altas y del 16% de reprobación; y en matemáticas un 58,7% alcanzó puntuaciones altas, versus el 30,6% de la media. Además, no hubo ninguna medición ubicada en la franja más baja de los resultados.

La conclusión que se saca de este ejemplo educacional es que rompe con las teorías pedagógicas que vinculan los resultados escolares de un niño al nivel de formación de sus padres, desmintiendo así que el peso sociocultural de las familias sobre la educación de los hijos es determinante.

“Todas las teorías del determinismo educativo que se han venido acuñando en los últimos tiempos, alimentados sobre todo por informes como el PISA, se vienen abajo en esta escuela. En el Joaquim Ruyra está claro que el peso de la escuela influye de un modo muy superior al 50% del resultado final del alumno que PISA atribuye a este indicador”, indicó Joaquim Prats, académico de la Universitat de Barcelona y ex presidente del Consell Superior d Ávaluació del Sistema de Educación de Cataluña.

¿Cuál es la fórmula que utilizan en este colegio para tener tan buenos resultados? ¿Qué medidas han tomado para enfrentar las adversidades y motivar a sus alumnos?

La directora del centro de estudios, Raquel García, señaló que “todo el mundo nos pregunta lo mismo. Que cómo lo hacemos y que dónde está el truco. Nosotros les decimos que no hay truco, sólo la medida justa de azúcar, y les invitamos a verlo”.

Una educación efectiva y poco convencional

Las “rarezas” encontradas en este establecimiento no son pocas. Los académicos observadores y los profesionales que han visitado el centro para ver con sus propios ojos su funcionamiento, destacan las siguientes:

– Ningún alumno del colegio asiste a clases extraescolares de reforzamiento o de inglés, porque la mayoría de las familias no puede costearlas.

– El 60% de las horas lectivas se desarrollan en actividades grupales o “grupos interactivos” como le llaman, de 20 minutos cada una, contabilizadas por cronómetro. Si la clase de matemáticas dura dos horas pedagógicas, cada equipo de alumnos, guiados por un adulto, realiza cuatro actividades lúdicas relacionadas a la asignatura. Ninguno pelea, porque saben que todos pasarán por cada una de las actividades.

– Siempre hay al menos dos adultos en cada clase, el profesor tutor y otro de apoyo, y además trabajan integrando a voluntarios, de éstos un 25% corresponde a apoderados. Esto permite la presencia libre de los padres en la educación de sus hijos, y les da el privilegio de saber exactamente qué hacen los niños en las clases.

Foto de El Mundo

– No separan jamás a los alumnos por rendimiento: Los alumnos (cada clase la integran entre 25 y 36 alumnos), conviven con el mismo nivel de exigencia, se respetan todos los tiempos y se va reforzando a aquellos que más lo necesiten, entre todos, mediante conversaciones distendidas.

– Dejan que los propios alumnos le expliquen las materias, con sus palabras, a sus compañeros que se van quedando atrás, que se ausentan o que no logran entender las materias. Lo mismo con los padres voluntarios. Si ellos no saben alguna respuesta, son sus propios hijos quienes responden sus dudas. Esto es llamado “aprendizaje dialógico”.

– Los profesores constantemente presentan sus propias dudas a propósito frente al curso, y a los alumnos se les permite utilizar los celulares para averiguar los datos y responder las dudas de los profesores, logrando así fortalecer la autoestima y confianza de los menores. Además, para enseñarles que no saber algo no es sinónimo de vergüenza, sino un incentivo para investigar y aprender.

– Al igual que otras comunidades de aprendizaje, en este colegio no se centran tanto en cómo enseñan los profesores, sino en cómo aprenden los alumnos.

– Los alumnos son constantemente evaluados, y al contrario de la norma, aquí los estudiantes adoran las inspecciones y exámenes, e incluso las asocian a un premio.

– Para enseñar, los profesores utilizan libros de materia convencionales, pero también recursos digitales, objetos manipulables y lo principal: los debates y conversaciones abiertas frente a las materias.

Esto opinan quienes lo conocen

Buscando en internet opiniones respecto a este colegio, encontramos sólo buenos comentarios provenientes de académicos externos, apoderados, alumnos, voluntarios y autoridades. Y esto es lo que dicen de la escuela pública Joaquim Ruyra:

Miguel Ángel Alegre, analista educativo en el Instituto Catalán de Evaluaciones de Políticas Públicas, explica que “investigaciones hechas en Estados Unidos y el Reino Unido, indican que los estudiantes que aprenden mediante programas que trabajan habilidades como la autonomía, la motivación y las competencias socioemocionales de sus alumnos, pueden llegar a ganar, cada curso escolar, el equivalente a unos ocho meses de progreso educativo”.

Guillem Sartorio, el periodista de El Mundo que visitó el recinto escolar, señala que “han conseguido que muchos padres hagan de voluntarios en los grupos interactivos, pero sobre todo han conseguido que en el barrio sientan que la escuela les pertenece, que no sean tímidos ni se sientan evaluados al cruzar el umbral de la puerta del aula”.

Por otro lado, Maica, una de las madres voluntarias más conocidas del colegio, comenta que “siempre hemos visto al profesor como un mini demonio. Pensábamos que eran enemigos, y en realidad podemos hablar con ellos, aunque tengan una carrera y nosotros nada (…) mi hijo Vicente tenía problemas (en el colegio anterior). Al menos ahora lo que aprende, lo entiende”.

Representando a los alumnos, Chirine, definió el Ruyra como “este cole tiene una forma expertísima de trabajar, que es interactuar y ayudar a los otros. Antes éramos solitarios. Aquí podemos ayudar hasta a los padres, porque a lo mejor sabemos cosas que ellos ya han olvidado”.

Finalmente, Joaquim Prats, académico de la Universidad de Barcelona, hace un llamado a todas las comunidades educacionales, señalando que “no creo que un colegio pueda imitarse, pero sí creo que deberíamos aprender de éste. Sobre todo los centros con dificultades donde los maestros ya se han resignado”.

Foto de El Mundo

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