¿Engañar en la escuela en línea? Algunos estudiantes y padres dicen que están bien

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Puesto que los estudiantes secundarios en todo el país recién terminaron sus exámenes, muchos profesores estarán observando atentamente las respuestas de sus pruebas. La enseñanza a distancia ha hecho que sea más fácil que nunca engañar, lo que ha llevado a los estudiantes, que tal vez nunca consideraron hacer trampa antes de la pandemia, a buscar respuestas en Google, enviar mensajes de texto a los amigos o mirar sus apuntes.

Las situaciones difíciles que enfrentan los estudiantes este año plantean interrogantes: ¿Está bien engañar alguna vez? ¿Se deberían aplicar las reglas normales en un año que no ha sido para nada normal?

“Conozco a muchos niños que se comunicarán por FaceTime durante las pruebas y las harán juntos, o niños que tendrán Google abierto durante las pruebas”, contó Lucie Flagg, alumna de último año de secundaria en Wexford, Pennsylvania. “Creo que todo el mundo sabe que probablemente eso no está bien, pero que también es la salida fácil. Muchos niños no quieren más la enseñanza remota y no tienen ninguna motivación para trabajar este año”.

Y agrega que los profesores les han dicho a los estudiantes que están conscientes de que están haciendo trampa y algunos han manifestado que se sienten incapaces de detener esta situación. Algunos profesores han impuesto límites de tiempo para las pruebas, con lo que dificultan el engaño. Lucie aseguró que es más fácil haber estudiado realmente la materia en esos casos, porque buscar las respuestas en los libros o en Google demora demasiado. Otros profesores, agregó, han optado por las pruebas con los apuntes abiertos.

Lucie dijo que los profesores en su escuela no exigen que las cámaras de los alumnos estén prendidas durante las pruebas. Algunas escuelas sí lo exigen. Otros distritos están utilizando una tecnología, algunas veces polémica, para captar o impedir el engaño, tal como los servicios y software de vigilancia en línea que se activan con inteligencia artificial y pueden bloquear los navegadores. El director de su escuela, North Allegheny High School, declinó hacer algún comentario.

Desde el inicio de la pandemia, las clases presenciales fueron suspendidas y los estudiantes se adaptaron a la modalidad online . Crédito: Raúl Bravo

Los educadores y expertos en ética señalan que el engaño en los liceos se ve impulsado en gran medida por la naturaleza competitiva de las admisiones universitarias y la presión que ejercen los padres sobre los hijos para que entren a las mejores escuelas.

Colleen Morris, profesora de inglés en North Allegheny, cambió la forma en que evalúa a los alumnos esta temporada en un esfuerzo por contener el engaño. Morris aseguró que este estaba muy extendido mucho antes de la pandemia, pero era más fácil manejarlo. Los disuasivos habituales —caminar por la sala de clases durante los exámenes y aplicar castigos— ahora han desaparecido.

Morris decidió ahora pasar de los exámenes con múltiples alternativas a las pruebas escritas y orales. Utiliza Flipgrid, una aplicación de video para educadores, mediante la cual envía a los estudiantes una pregunta sobre su asignación de lectura y les da 15 minutos para que se graben con la respuesta.

Sin embargo, nada puede impedir el engaño por completo. Exactamente la semana pasada, ella atrapó a dos estudiantes que plagiaron en una prueba escrita. Indicó que sacaron el texto directamente de SparkNotes, una guía de estudios en línea que establece en su sitio web: “Estamos aquí para ayudarlo a aprender, no para ayudarlo a hacer trampa”.

Morris dijo que está segura de que el engaño en sus clases sería más extenso este año si no hubiera cambiado su enfoque. El código de conducta de su escuela cubre el engaño. La sanción es un cero en la tarea asignada, más la detención; pero la detención ya no es una opción, puesto que la escuela funciona totalmente en forma remota.

“Generalmente, los padres luchan bastante para lograr que sus hijos obtengan al menos algunos puntos”, señaló Morris. “La presión de los padres es realmente difícil”.

Una madre en el sur de California contó que sus dos hijos adolescentes, quienes jamás habían engañado en persona, lo hicieron hace poco en la educación a distancia. Ellos asisten a una escuela sumamente competitiva en donde muchos de sus estudiantes van a universidades importantes y a ambos los pillaron plagiando en clases diferentes.

Contó que el profesor de un hijo le puso una nota deficiente en la asignación, lo que afectó en forma significativa su nota general en la clase, y que está manteniendo la política de tolerancia cero de la escuela para el engaño a pesar de los esfuerzos que ella hizo para impugnar la nota. “No creo que el engaño sea justificado”, dijo, “pero no creo que sus oportunidades universitarias se deberían ver afectadas por un solo momento durante un período tan desafiante”.

Algunos padres me han comentado que sus hijos han tenido que “colaborar” con amigos en tareas y pruebas, porque creen que es la única forma de que aprendan algo este año.

Jen Norton, de los suburbios de Fort Worth, Texas, manifestó que el año escolar ha sido caótico, y que una serie de profesores de la escuela de su hija ha renunciado. Contó que su hija —alumna de penúltimo año que toma cinco clases de Ubicación Avanzada (AP)— tiene algunos profesores excelentes, pero tiene uno que solo publica tareas en línea y no da ninguna clase.

“Le dije que los profesores que despliegan su máximo esfuerzo para enseñarle merecen su respeto y que ella debería darles todo lo que tiene, y eso significa no hacer trampa”, señaló. Pero desistió de ese consejo cuando se trató de la profesora aparentemente menos comprometida.

“Dije: ‘Le das a ella lo que te está dando, y si eso significa buscar en Google una respuesta a una pregunta, estoy de acuerdo con eso, o si eso significa preguntarle a un amigo algo por mensajería de texto, estoy de acuerdo con eso, porque ella no te está dando todo lo que puede’”, contó Norton. “No pensé que alguna vez estaría de acuerdo con decirle a mi hija que utilizara sus recursos y cosas de Google, pero esa es mi posición ahora”.

Existe evidencia de que los estudiantes más jóvenes también podrían estar engañando, o al menos obteniendo ayuda de los padres. Curriculum Associates, un proveedor de programas de estudios y evaluaciones en línea para más de 8 millones de estudiantes de enseñanza básica y media, analizó datos de evaluaciones de diagnóstico y encontró que los estudiantes a distancia de todos los niveles de estudios tenían mejores notas en lectura que los estudiantes de años anteriores. Algunos de los grupos también tenían notas más altas en matemáticas.

Kristen Huff, vicepresidenta de evaluación e investigación de la compañía, observó que solo puede especular sobre qué hay detrás de las notas de evaluación más altas. “No queremos llamarlo engaño si están teniendo una ayuda adicional, porque no creemos que los adultos o hermanos mayores que están ayudando tengan la intención de hacer algo erróneo”, expresó.

La Dra. Huff reconoció que los estudiantes de educación media podrían estar utilizando la tecnología para inflar sus notas, pero dijo que también es posible que estén teniendo mejores calificaciones porque están más concentrados en casa.

Los expertos en ética temen que el engaño no desaparezca en forma repentina una vez que los alumnos vuelvan a las clases presenciales.

“El problema con decir que el engaño es aceptable aquí es que esto se convierta en una pendiente ética resbaladiza, donde hacer trampa en un examen pueda llevar a hacer lo mismo en otros exámenes o en el lugar de trabajo”, precisó Steven Mintz, profesor emérito de California Polytechnic State University en San Luis Obispo, quien escribe un blog de ética. “El engaño puede llegar a ser algo habitual. Con los niños, uno está tratando de desarrollar buenos hábitos, de modo que puedan aplicarlos a situaciones que enfrenten más adelante en la vida”.

David DeCosse, director de ética del campus en Markkula Center for Applied Ethics de la Universidad de Santa Clara, señaló que es importante que los adultos sean ejemplos de moral. “Corresponde a los profesores y adultos establecer los estándares aquí y mantener altas las expectativas éticas sin importar qué tipo de modelos educacionales lamentables se estén utilizando”, precisó.

Morris, la profesora de inglés de secundaria en Pennsylvania, estuvo de acuerdo, pero dijo que es más difícil que nunca convencer a los niños de por qué no deberían hacer trampa.

“Se para ante la clase y dice que la integridad importa, pero los alumnos pueden encontrar ejemplos a su alrededor de personas que salen adelante tomando atajos y engañando”, manifestó. “Nosotros somos una voz en el desierto”.

Los educadores y expertos señalan que el engaño en los liceos se ve impulsado por la naturaleza competitiva de las admisiones universitarias. Crédito: Raúl Bravo