Enseñar en Tiempos de Ébola, blog de Mónica Celedón

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evaluacion-docente[1]Toda época está marcada por sus desafíos. Claramente, somos los profesores y las profesoras quienes, al calor del cafecito del recreo, recordamos las generaciones y las experiencias que nos dejaron sin sueño, pero con la certeza que estamos (ha) siendo lo correcto y nos ha permitido ser felices.

Mis palabra de homenaje las ofrezco a quienes son profesores y profesoras y, discúlpenme, no a quienes trabajan como profesores, porque en esa sutileza aparentemente lingüística, radica la diferencia del ejercicio de nuestra profesión, perdón… vocación.

Quienes somos docentes, entendemos que cada momento es una oportunidad para el aprendizaje, que si bien es importante contar con espacios y recursos para facilitar el conocimiento, nada de eso se entiende, cuando ese espacio no lo has cultivado en tu corazón.

Quienes somos docentes, entendemos que los tiempos cambian, pero el ser humano no. Que siempre necesitaremos para nutrirnos y aprender, un grupo de pertenencia, escucha, paciencia, cuidado y, especialmente, coherencia y honestidad.

Quienes somos docentes sabemos que equivocarse es el verdadero camino del aprendizaje, ya que uno valora lo aprendido, cuando aprecia cuántas veces intentó llegar a comprenderlo.

docentes-chilenos[1]Quienes somos profesores y profesoras sabemos que los contenidos pasan, pero las experiencias quedan. No se necesitan más horas para enseñar a mirar, escuchar, acoger, perdonar y confiar. Los ajustes curriculares son los que aplicamos cada año cuando nos encontramos con el mismo curso, pero conscientes que son otros alumnos y alumnas.

Quienes somos profesores y profesoras llevamos años combatiendo el virus del Ébola con trajes de máxima protección, porque el virus es brutalmente contagioso, especialmente a través de los aparatos tecnológicos. Cuando el virus ataca, el enfermo se aísla, trabaja solo, tiene un deseo incontenible de tener y se va olvidando de ser. Gradualmente, los sentidos pierden su capacidad de conectarse con el otro y el entorno.

Sin duda, quienes somos docentes, nos reconocemos no por haber obtenido un título que certifica nuestras competencias ni por estar dictando un curso o como funcionarios en algún establecimiento educacional, sino porque seguimos creyendo que la construcción de una sociedad honesta, inclusiva, justa y solidaria, es responsabilidad de todos quienes predicamos y nos validamos con coherencia en nuestra acción, ya que aprendimos que no hay mejor maestro que cada uno de los alumnos y alumnas que te desafiaron con nuevos sueños por conquistar.

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