¿Estamos preparados para enfrentar los desafíos de la cultura juvenil?

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Actualmente nos encontramos en un cambio de paradigma en esta compleja sociedad del conocimiento y de la información; el cual interpela a todos los sectores sociales. Por lo cual, es necesario, desde el punto de vista de la educación, la conformación de redes de trabajo, de comunicación, de intercambio y de apoyo, para lograr un desarrollo  y crecimiento social.

La educación es quien nos reúne, para conocer, reconocer y comprender  aquellos aspectos que le otorgan tensión entre los protagonistas del proceso educativo, de la Cultura escolar y cultura juvenil, para encontrar las directrices, que permitan, suavizar las asperezas, establecer un diálogo constante, intervenir en  espacios y producir una resignificación de los mismos, donde la empatía, la responsabilidad y espíritu crítico, cree el punto de encuentro que necesitan los jóvenes, con su escuela y su comunidad.

Muchas interrogantes surgen en relación a  la labor de los docentes frente a las propuestas, actitudes y conductas de los jóvenes. Pues cabe preguntarnos:

¿Estamos preparados para enfrentar  los desafíos de la «Cultura juvenil»?

Resulta significativo, como docentes, considerar la temática tratada, puesto que nos invita a la reflexión constante sobre nuestra práctica pedagógica en conexión e interacción con la cultura juvenil.

Ahora bien, cabe preguntarnos ¿poseemos las condiciones o estrategias para generar puentes de acercamiento, con la cultura juvenil, dadas desde la formación inicial?  o ¿existen oportunidades en donde la cultura juvenil se sienta parte de la cultura escolar, dentro de la acción pedagógica? o como también ¿nos damos cuenta, como docentes, que nuestros alumnos y alumnas son diversos y heterogéneos por cada grupo etáreo y nivel de estudio?. Son sólo algunas de las interrogantes que nos surgen en este cuestionamiento de la problemática, tal como lo reafirman Walter Molina y Mario Sandoval (2007:107), en la cual señalan” que “las trasformaciones que se están produciendo en las diversas esferas de la sociedad tienen un impacto directo y significativo en la configuración de la cultura juvenil, la cultura escolar, produciéndose con ello una resignificación del propio espacio escolar (liceo)”, por ende, es de vital el fortalecimiento el acercamiento y la comunicación de la cultura escolar y la cultura juvenil. Como también, el promover  relaciones socio-afectivas, dentro de la comunidad educativa, tal como lo plantean Neva Milicic y Ana Arón, en generare incentivar un “clima social nutritivo”, favorable que fomente la diversidad, en donde permita al alumno sentirse acompañado, seguro, motivado, identificado y participativo, en la construcción del proceso de enseñanza-aprendizaje. Pues, de este proceder se promueve en desarrollar integralmente al alumno/a, tanto en su dimensión cognitiva como personal, fundamental para convivir en esta compleja sociedad del conocimiento.

Tras mi praxis pedagógica, se constatan indicios que afectan directamente la relación entre la cultura juvenil y el ejercicio docente. En primer lugar, no cuento con estrategias, desde nuestra formación inicial, que nos permitan afrontar lo que la cultura escolar nos exige día a día.

Debido a ellos, como primer referente, se originan tensiones que la cultura escolar, adulto céntrico, no logra dimensionar y que influye, de manera decisiva, en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en el desarrollo integral del estudiante. Por lo cual,  dentro de las  principales tensiones que se producen entre la cultura juvenil y la cultura escolar, en donde los docentes, por un lado,  no poseen las estrategias para sobrellevar la compleja realidad que viven los jóvenes de hoy, se encuentra la visión homogénea de la educación. Pues, no se vislumbra la diversidad y la heterogeneidad de la juventud, menos aún sus formar de ser, vivir, actuar, hablar, sentir; tal como lo plantea Walter Molina y Mario Sandoval (2007: 108), en donde señalan “En ocasiones, la cultura escolar o cultura juvenil aparecen como conceptos homogéneos, como si, en su interior, no existiera heterogeneidad, como si, en su interior, no existe la heterogeneidad, diferenciación de elementos, relaciones entre ellos y, por sobre todo, la pluralidad de actores sociales que la co-construyen”.

Puesto que aún se considera, desde la mirada adulto céntrica, que los alumnos son meros receptores y reproductores de información, lo que atenta con la participación juvenil del proceso educativo. Por consiguiente, se produce una bifurcación, dentro del proceso, de la institución educativa, afectando las relaciones interpersonales de toda la comunidad escolar, tal como lo plantea Jorge Baeza (2006: 279), “De esta forma, la cultura escolar no solo no integra a la cultura juvenil, sino que –muchas veces- le cierra las puertas y le da su espalda”. Por lo tanto se originan ciertas tensiones que afectan a la comunidad en su conjunto. Entre las que se destacan:

Se percibe que la cultura escolar se encuentra centrada en la homogenización del estudiantado catalogándolos como “alumnos” pasivos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, tal como lo señala Jorge Baeza (2006:279), en donde menciona que se “conduce a una visión, sobre ellos, altamente simplificada que se expresa en una homogenización de los estudiantes, donde desaparece la persona y se ve restrictivamente como alumno; una etiquetación que hace distinciones entre alumnos a partir de estereotipos y de una desconfianza en ellos, ya que se cree que el joven sólo actuará correctamente si es vigilado”. Por lo cual se pierde todo protagonismo y  participación de los jóvenes dentro de su espacio educativo. Junto a ello, al catalogar a los jóvenes como meros alumnos se pierde toda individualidad y diversidad, como también la complejidad y la multiplicidad de realidades que existen en cada establecimiento educacional.

Otro de los puntos de interés que tensiona la acción pedagógica, hace relación con la comunicación dentro de la comunidad educativa, especialmente con la cultura juvenil. Pues, no se establecen canales de comunicación que permitan generar puentes de acercamiento entre la cultura juvenil y la cultura escolar. Teniendo presenta que la comunicación es fundamental, tal como lo plantea Abarca (2004:33), en donde señala que La importancia de la comunicación es vital para las relaciones interpersonales y nuestro diario vivir esta lleno de una  y otra experiencia de comunicación.

A través de la comunicación comprendemos a los demás, aprendemos a influir sobre otros, aprendemos más cerca de nosotros mismos y sobre como nos ven los demás”, por lo tanto, los jóvenes no pueden expresar sus emociones, sus intereses como también sus intenciones, por al contrario, se ven cercenados y remitidos a la calidad de alumnos, que no vislumbra estas dimensiones.

Por último, cabe señalar que la cultura juvenil, al no ser parte del proceso, y menos aún, al no participar del proceso, no se siente parte del espacio educativo, por lo mismo, no hay una identificación del espacio en el cual se encuentran insertos. Pues, no existe una resignificación del centro escolar por parte de la cultura juvenil.

Por tanto, diagnosticada la situación debemos crear estrategias que nos permitan acercarnos a la cultura juvenil, con el propósito fundamental de potenciar el proceso educativo, en donde el diálogo, la reflexión sobre nuestras praxis docentes, tal como lo plantea el profesor Ariel Meza en su publicación “Una reflexión comprometida con nuestra profesión”, el trabajo colaborativo en post y con los estudiantes, generar estrategias de inclusión  dentro de la comunidad educativa, respetar y valorar la diversidad en el estudiantado y sus familias, el trabajo en equipo, la empatía y  promover sanas, afectivas relaciones docentes-estudiantes-familia corresponden algunos de los desafíos que debemos asumir como profesionales de la educación. Puesto que, los tiempos nos llaman a generar puentes de inclusión en la diversidad.

Bibliografía 

  • Walter Molina, Mario Sandoval. “Cultura escolar y cultura juvenil: la (re)construcción simbólica del espacio escolar en la mutación cultural”. Temas sociológicos, ISSN 0717-2087, Nº. 11, 2007.
  • Baeza Correa, Jorge. Demandas y organización de los estudiantes secundarios: una lectura sociológica más allá de fronteras y análisis coyunturales. En publicación: Investigaciones Ceju . CEJU. Centro de Estudios en Juventud. UCSH: . Octubre2006.
  • Abarca, Nureya. Inteligencia Emocional en el Liderazgo. Atal, 2004.

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