Estudio alerta sobre sesgos educativos relacionados con el tono de la piel

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Screen Shot 2017-11-20 at 12.56.51 PMProfesores y alumnos tienden a pensar que los de tez más oscura son menos entusiastas por entrar a la universidad o tienen menos posibilidades de lograr un buen puntaje PSU, en comparación con sus compañeros de tez más clara. Percepción que no varía según el nivel socioeconómico.

Margherita Cordano, El Mercurio

Aunque llegó a Chile a principios de año sin saber hablar español, hace unos días Eliseo ganó el concurso de ortografía que organizó su colegio en Cerrillos. El niño cursa prebásica, es haitiano y forma parte del 20% de estudiantes migrantes matriculados este año en ese establecimiento.

Eliseo y su triunfo también son el ejemplo al que remite Pilar Cox, vicedecana de la Facultad de Educación de la Universidad Católica. Menciona su caso para dar cuenta del potencial de aprendizaje que tienen los niños, más allá de su color de piel. Porque a pesar de que pueda parecer obvio que el tono de piel no influye en los resultados académicos, la investigación muestra que en Chile todavía existe la necesidad urgente de reforzar esta idea. Esto, porque tanto profesores como estudiantes tienden a pensar que los niños de tez morena tendrán peores resultados académicos en comparación con sus compañeros de piel más clara. Percepción que se da en un Chile donde los estudiantes extranjeros han ido en aumento a paso acelerado, sumando 21.655 migrantes en colegios públicos, alrededor de 10 mil en subvencionados y cerca de mil en los pagados.

“La llegada de más inmigrantes y su inserción en el sistema escolar nos han hecho ver con claridad algo que por largo tiempo estuvo oculto bajo un idioma común y un color aparentemente común, o por lo menos con menos matices de los que hoy en día nos encontramos en la sala. Y esta diversidad que mantuvimos de alguna manera oculta, nos permitió no enfrentar cara a cara la necesidad de comprender esta diversidad en nuestras aulas; sus aportes y requerimientos”, plantea Cox.

Autopercepción

Un estudio apoyado por Fondecyt, el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas y el Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación, evidenció que los universitarios chilenos tienen más bajas expectativas frente a los resultados educacionales que tendrán las personas de piel morena: creen que aquellos con una tez más oscura tienen menos ganas de entrar a la educación superior y que su capacidad de diplomarse es baja en comparación con sus compañeros de piel más clara (ver infografía).

“El hecho de tener que trabajar también se percibe más en las personas más morenas que claras”, dice Jorge Manzi, psicólogo y director del centro MIDE UC, quien esta semana participó en un seminario enfocado en el aprendizaje en contextos educativos en desventaja.

“Esta diferencia (en las expectativas educativas según tono de piel) no varía según la condición socioeconómica: al interior del grupo socioeconómico alto y al interior del bajo ocurre igual. Y otra cosa que se ve es que influye la autopercepción: la gente percibe el mismo sesgo si tiene la piel clara u oscura. Las personas de piel oscura también piensan que las personas de tez morena tienen menos posibilidades educativas a futuro que las personas de piel más clara”, plantea el académico, quien es uno de los investigadores detrás del proyecto Fondecyt.

En el estudio, a los participantes se les presentaron una serie de expedientes estudiantiles, todos con antecedentes -como el promedio de notas- idénticos. Lo que variaba era la foto que acompañaba cada documento, que mostraba a personas con distintos tonos de piel.

“¿Son los profesores distintos? Nos habría encantado decir que sí, pero no es así”, dice Manzi respecto de una parte de la investigación que incluyó hacer consultas sobre las expectativas que estos tenían de sus alumnos. “El sesgo que observamos era de la misma magnitud, lo que nos advierte de un problema amplio y del que nos tenemos que hacer cargo. Porque cuando los profesores tienen expectativas diferenciales sobre sus estudiantes, esas expectativas tienen una mayor probabilidad de materializarse”.

El poder de la comunicación

Para avanzar en el tema, entre otras cosas el psicólogo plantea que es importante promover la empatía con quienes son víctimas del prejuicio, manejar las dificultades de las tareas para lograr una sensación razonable de éxito, que los profesores se capaciten en el manejo positivo de los fracasos, así como en promover el desarrollo de una mejor autoimagen en sus alumnos.

Miguel Yaksic, ex director nacional del Servicio Jesuita a Migrantes, cree que para ir erradicando estas percepciones, es especialmente importante trabajar en pos de eliminar lo que él llama microrracismos o microxenofobias, que son formas de discriminación que en ocasiones no nacen de manera intencionada.

Yaksic fue testigo, por ejemplo, de cuando una mujer se acercó a un hombre haitiano a regalarle un helado porque sintió pena al verlo y creyó que le estaría haciendo un favor comprándole algo de comer. Pero resulta que esa persona no tenía la necesidad de sus donaciones.

“Hablo tres idiomas”, le respondió a la mujer cuando esta le entregó lo que había comprado. El ejemplo -indica Yaksic- da cuenta de una asimetría de poder implícita.

“La pregunta que yo dejaría es si en las acciones, si en las intervenciones educativas del profesor, en la formación que estamos ofreciendo, se está buscando o no transformar a través de la comunicación. Hay que revisar las estructuras, las prácticas, las formas de lenguaje que inferiorizan, deshumanizan y categorizan. Hay que priorizar una nueva relación simétrica, horizontal con ese otro que es parte de nuestra vida”.

Un primer ejercicio, continúa, es hacer la tarea de analizar cuáles son las propias maneras no intencionadas bajo las que se discrimina.

En este sentido, en el contexto escolar es común que las personas se refieran a los auxiliares de servicio bajo un diminutivo, algo que no ocurre cuando se menciona al rector, por ejemplo. “O se escucha hablar del mapuchito, algo que también se da frente a la comunidad haitiana; hay un paternalismo permanente. Y ellos están cansados de que los traten como si fueran idiotas. Queremos parecer más tiernos, simpáticos, cercanos, cuando en realidad lo que estamos haciendo es inferiorizando al otro”.

“El primer ejercicio -muy personal y que puede ser en el entorno, barrio o trabajo- es analizar cuáles son las propias maneras no elaboradas, no internadas, de discriminar”. Miguel Yaksic, ex director nacional del Servicio Jesuita a Migrantes.

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