Fundación Liderazgo Chile impulsa ley de educación emocional

0
153

Educación emocional en las escuelas: El proyecto de ley que impulsa la Fundación Liderazgo Chile para “sanar la sociedad”.

Arnaldo Canales, presidente de la organización, llegó el lunes pasado a la Comisión de Educación para exponer su propuesta. El Desconcierto lo ha entrevistado para conocer cuál es la fórmula que propone para mejorar el sistema educativo chileno y que ha despertado el interés de expertos, parlamentarios e incluso de la ministra Marcela Cubillos.

Por Meritxell Freixas (El Desconcierto)

Golpeando puerta a puerta, con 20 ‘nos’ y un ‘sí’. Así, de a poco, y con altas dosis de insistencia y perseverancia, Arnaldo Canales, presidente de la Fundación Liderazgo Chile, ha logrado instalar un nuevo tema en la agenda educativa del país: la educación emocional.

Ingeniero en comercio internacional de formación, Canales se capacitó a través de un magíster en Inteligencia Emocional y Educación en el Instituto de Estudios Aplicados de España (IEA) y se convirtió en asesor experto en temáticas de violencia escolar, bullying y ciberbullying para el Ministerio de Educación en Chile. Su vocación educativa no es casual: en su infancia y juventud fue boy scout e incluso llegó a trabajar en la Asociación de Guías y Scouts de Chile.

Desde hace cinco meses se dedica exclusivamente a levantar su fundación, “jugándose las cartas”, –como dice él mismo– para dedicarse a lo que ama. En su camino ha conversado con múltiples actores políticos y sociales. Partió presentándose ante el diputado Luis Pardo (RN), luego se juntó con Camila Rojas (IA) y también habló con expertos en leyes y jurisdicción para redactar su propio proyecto de ley.

Tras abrir su página de Facebook, que cuenta con más de 6.000 seguidores, Canales empezó a recibir apoyo e interés de entendidos en la materia. Se interesó por él el doctor en Psicología Infantil Felipe Lecannelier, con más de 20 años dedicados a investigar y tratar el apego y la primera infancia, o también la psicóloga y escritora Pilar Sordo. “Esto es como una revolución que está funcionando”, exclama.

Con su propuesta bajo el brazo, el lunes recién pasado llegó al ex Congreso de Santiago para asistir a la Comisión de Educación que preside Cristina Girardi (PPD). Después de tres horas de presentación, la presidenta de la instancia salió convencida: “La educación emocional puede cambiar el curso de una sociedad”, dijo. Una opinión a la que, según Canales, compartieron el resto de diputados y diputadas. A partir de ahora, el presidente de la Fundación Liderazgo Chile espera que su mensaje se difunda a través de muchos otros repetidores.

Educación Emocional¿En qué consiste el proyecto que propone?
Principalmente, buscamos que esto no sea un ramo, sino que se incorpore la educación emocional dentro del aula, pero no desde el conductismo, no bajo la forma de ramo, con una evaluación y una nota. Queremos que el docente adquiera herramientas y competencias en su proceso pedagógico para incorporarlas de forma transversal en la malla curricular. Es parecido a lo que hacen los colegios Montessori, donde los profesores están especializados y desarrollan estas competencias. Entienden que la disposición emocional determina la capacidad de aprender, es decir, un niño que está en mejores condiciones emocionales, recibirá de mejor manera los conocimientos. Los profesores tienen que adquirir estas herramientas y traspasarlas a los colegios.

En la práctica concreta, ¿en qué consistiría la promoción de la educación emocional?
Es un proceso de enseñanza continuo, permanente y sistemático. Por ejemplo, cuando un niño que llega al colegio hiperventilado o que está discutiendo porque le quitaron un juguete, el docente, consciente de este tipo de conflictos y con las herramientas adquiridas, se tiene que poner a disposición de este niño para explicarle qué emociones está sintiendo: la ira, la rabia, la impulsividad… Esto se trabaja con el alumno y en grupo para que puedan identificar qué tipo de emoción tienen y cómo lidiar con ella, para evitar que, con el tiempo, se transforme en violencia. Esta educación también permite entender más como se siente el otro, la empatía. Otro ejemplo: el 50% de presos en Chile partieron su carrera delictual a los 13 años. Si uno analiza por qué estas personas empezaron a delinquir es porque no tuvieron la oportunidad de decir que no. No tenían autoestima, no tenían consciencia delictual porque su entorno lo invitó a delinquir y ellos no tenían herramientas.

Usted cuenta que el punto de partida de este tipo de educación es la neurociencia. ¿Lo puede explicar?
La neurociencia determina que somos seres emocionales, que a través de nuestras emociones le damos información al cerebro y que lo que aprendemos tienen que ver con la disposición emocional que tenemos para los conocimientos.

Su propuesta implica una modificación de 12 textos legales. ¿Podría precisar qué tipo de cambios incorpora el proyecto?
Particularmente, voy a comentar la ley 20.529, que es la Ley de Aseguramiento de la Calidad de la Educación que es la más determinante para lo que pasa hoy en los colegios. La ley mide el desempeño de cada establecimiento en base a dos variables: el puntaje del Simce y los indicadores de desarrollo personal y social. La ley le da una ponderación del 77% al Simce y un 33% a los indicadores de desarrollo personal. Cuando van a hacer las pruebas, el colegio termina estresando al profesor, al alumno y generan una competencia perversa en el Simce, la PSU y las notas de enseñanza media. Todos están trabajando en base al 77% porque quieren más dinero, mayores incentivos, pero el estudiante queda postergado a un número y a si le va bien o mal. Nosotros buscamos no sólo formar trabajadores, sino también formar personas. Por eso queremos equilibrar esos porcentajes al 50%, para que el profesor pueda enseñar y entregar conocimientos cognitivos y, a la vez, formar personas de bien para la sociedad.

¿Qué diagnóstico hace de la educación en Chile?
Lamentablemente, está jerarquizada: los ramos más importantes son siempre matemáticas, lenguaje y ciencias. Todo el resto: arte, filosofía, teatro.. son relevantes también porque ahí es donde se construye comunidad. Tenemos, además, varios factores. Primero, el rol del docente, que está herido porque le pagan mal y está sometido a un modelo conductista, con mucha exigencia. Eso se traslada en el aula. Hoy la educación está en crisis, y eso lo vemos también en las cifras de bullying y ciberbullying. Vemos estudiantes que pegan a docentes, a carabineros, entre pares y eso es un tema central de la crisis. Y más encima, los resultados son malos. La educación emocional es la mejor receta para sanar la sociedad.

¿Qué opina del proyecto Aula Segura que se aprobó hace poco más de un mes?
Como país y como latinoamericanos en general, siempre tenemos leyes reactivas que castigan lo mal que lo estamos haciendo. Por ejemplo, en el caso de las violaciones de menores, impulsamos una ley para reponer la pena de muerte. Nosotros no queremos que violen a niñas, pero tampoco queremos matar a las personas. Lo que busca nuestra ley es la prevención. Aula segura es una reacción que ataca el problema pero no lo previene. Hay que poner el foco en la prevención. El mayor índice de suicidios en la tercera edad está en los abuelos por sobre de los 70 años. El abandono, la soledad, la tristeza, no los manejamos… Somos el país que más medica a los niños, la salud mental de los niños es la peor de América Latina. 7 de cada 10 personas se van de su trabajo por culpa de sus jefes, porque no trabajan la empatía, no son cercanos, no los apoyan, no reconocen el trabajo y no lo valorizan. Todo esto tiene que ver con educación emocional y con sus efectos transversales.

Esta ley podría ser vista por algunos como una enemiga del poder porque, en el fondo, empodera a las personas para tener herramientas de autovaloración y asertividad para lidiar con un superior jerárquico.
Es lo que hace el pensamiento crítico. Por ejemplo, lo que pasó con el levantamiento de las mujeres por el tema de los piropos en la calle. Lo que hicieron es que verbalizaron una emoción contenida históricamente. Con eso, el sistema y la sociedad se autorreguló, salieron leyes [ley de acoso callejero] y ese tipo de actitudes han disminuido. Esto permite que nos regulemos: regula al jefe déspota en su trato y nos permite establecer relaciones más horizontales, donde todas las personas seamos iguales. Más que una crítica al poder, busca empoderar desde lo positivo. La consciencia emocional genera una posición muy potente respecto a este pensamiento crítico de no creer todo lo que a uno le dicen.

En la región, ¿sería Argentina un país pionero en eso?
Sí, yo se lo reconocía a Lucas Malaisi, que desde hace 10 años desarrolla este tema desde la sociedad civil, como nosotros. Él a través de la Fundación Educación Emocional de Argentina plantea lo mismo que nosotros. Ha desarrollado la ley en las provincias de Corrientes y San Juan, donde ya hay docentes a los que se está entrenando para las habilidades emocionales. Es la primera ley de educación emocional en Latinoamérica.

El próximo viernes 21 de diciembre va a ser recibido por la ministra de Educación Marcela Cubillos para presentar su proyecto. ¿Tiene confianza en que este gobierno lo podría sacar adelante?
Sí, en este y en cualquiera. Mi esperanza es que de aquí a que termine el gobierno de Sebastián Piñera esto ya sea ley.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here