Ha llegado Marzo. Nos escribe Tatiana Bacigalupe desde N.Y.

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Así como los niños y niñas no pueden dormir el día antes de ir al colegio, los profesores y profesoras también sentimos y compartimos ese nerviosismo del primer día de clases. La labor del profesor no comienza ese primer día, comienza una o dos semanas antes cuando después de un ojalá descansado verano, volvemos al colegio. En ese momento solo tenemos muebles, materiales y un espacio que se siente vacío. Sin embargo, a lo largo de mi experiencia puedo decir que tener ese espacio vacío no es sinónimo de desesperación porque queda mucho trabajo por hacer. Por el contrario, es un regalo que nos permite pensar y reflexionar para finalmente crear un ambiente acogedor donde aprendizajes y experiencias tomarán forma.

En el mercado donde se venden materiales para profesores existe un sin número de adornos pre creados para decorar cada rincón de nuestra sala, sobre todo cuando estas salas son de educación de párvulos o primer ciclo básico. Bordes de paneles que representan las estaciones del año, paneles donde escribir los cumpleaños de los niños, los días de la semana, etc. En mi experiencia en Nueva York en el preescolar donde hice mi práctica profesional, la profesora no ocupo ninguno de estos diseños predeterminados. No porque no existieran, porque créanme hay miles y millones, sino que porque su filosofía así lo determinaba. Lo primero que me advirtió fue que para crear una atmosfera de aprendizaje y comunidad educativa, los niños y niñas debían sentirse parte de la sala de clases. Esta frase ya la había escuchado, pero practicado jamás. Por esta razón paredes blancas con un espacio para cada uno de ellos sería el escenario perfecto para el primer día de clases. Las paredes tenían los nombres de cada niño acompañado de un espacio para sus trabajos. ¿Paredes blancas?, pensé. Era extraño que algo blanco terminara siendo acogedor, pero finalmente comprendí que las paredes blancas con espacios para cada niño, los invitaba a pintar y hacer de ellos ese lugar que era tanto suyo como de la profesora.

Generar un ambiente donde los niños se sientan parte es clave para los primeros días de clases. Tener sus casilleros con sus nombres y espacios en las paredes donde puedan poner sus dibujos es de suma importancia para generar una comunidad educativa dentro de la sala de clases. Es decir, que de apoco los niños se van sintiendo parte del luego, y por ende van formando una comunidad, donde pueden poner en práctica conocimientos adquiridos, valores y creencias. Llenar de adornos predeterminados solo hace que el lugar se vea más lindo, pero no hace que los niños se sientan parte de él. Incluso si los niños ya saben escribir

su nombre, ellos mismos pueden escribirlo en sus casilleros o en el lugar donde guardarán sus trabajos.

Durante mi experiencia, he aprendido también la importancia de que en las salas de Educación Preescolar tengan un lugar donde los niños puedan decir “Aquí Estoy”. Este lugar puede ser una foto o si son más grandes un auto retrato. Esto permite que haya una transición entre el colegio y casa, donde la ansiedad de llegar a un lugar nuevo y desconocido disminuye. Los niños cada mañana tienen el desafío de decir estoy presente y listo para aprender. Estos pequeños detalles son además, parte de la rutina, que les permite entender el funcionamiento de la jornada y por ende anticipar lo que sucederá después. Mientras más clara y establecida es la rutina menos caos se genera. Es importante además tener un horario con las actividades del día. No tiene que ser sofisticado, sino funcional para que los niños puedan entender lo que sucederá durante el día. Este horario puede ser revisado en las mañanas o al final del día anterior. Una idea que también aprendí, es poner los días de la semana con fotos de los profesores o especialistas que los niños verán cada día. Música, educación física o cualquier actividad fuera de la sala puede ser un momento de estrés para muchos niños, por lo mismo anticiparlo con fotografías y horario permite que los niños se autorregulen en la ansiedad que esto puede generar y puedan anticipar lo que ira a suceder.

Ahora bien, durante el primer mes de clases las emociones y sentimientos son lo más importante, por lo mismo hablar acerca de estos y dejar un espacio cada mañana para discutir cómo se sienten nuestros niñas y niños, hace la diferencia en lo que va a suceder el resto del año. Esto mismo me recuerda otra experiencia, donde las primeras semanas de clases los niños de 4 años crearon y discutieron un plan a seguir si es que alguno de ellos extrañaba a su papa, mama, o persona que los cuidaba (de suma importancia esta última, pues había niños que extrañaban a sus tíos, abuelos, etc). Las ideas eran maravillosas, desde ir a buscar un peluche hasta escribir una carta. Sus ideas eran parte de la sala donde a diario podían referirse a ellas si es que lo necesitaban. Este espacio de discusión generado en las primeras semanas de clases permitió que a lo largo del año existiese un momento a diario para que los niños discutieran sobre sus propios intereses. Aprendieron a escucharse, a respetarse y por qué no a debatir.

Insisto en decir que si como profesores trabajamos con niños en edad preescolar, es de suma importancia que nuestra sala de clases y nuestras actividades inviten a la exploración y al juego. Como dije anteriormente no sabemos la personalidad ni carácter de nuestros niños, pero si debemos conocer los patrones físicos, sicológicos, emocionales y motores de las etapas del desarrollo en las que estarán. Si sabemos que en nuestra sala tendremos niños de 3 años,

sabemos que llenar el lugar con bancos y sillas no sirve de nada, incluso si tienen de 4, 5 o 6 años. Siempre recuerdo mi experiencia como Educadora con niños de 3 años. Si cierro mis ojos mi sala eran solo bancos, sillas y muebles cerrados. Pues queda claro porque mi grupo de niños era tan complicado. Nunca mi sala fue un espacio que invitara al juego, y cuando lo era, por ejemplo en el trabajo en áreas, el caos simplemente desaparecía.

Tener nuestra sala de clases vacía a la espera de nuestros alumnos es un regalo, donde lo lindo que es el envoltorio no sirve de nada. Lo importante es que el envoltorio sea útil y fácil de abrir.

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