Impulsos II

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Siento que soy algo más que un grupo de células, neuronas, tejido, órganos, músculos y huesos. Mucho más que una máquina viva. Más que un organismo biológico que busca sobrevivir en un ambiente siempre cambiante. Noto que mi cuerpo es una manifestación física de las ideas, pensamientos y energía que son procesados en mi mente e incluso me doy cuenta que hay coherencia entre lo que pienso y lo que sucede. La naturaleza y yo estamos en una conversación acerca de las conexiones entre mi desarrollo personal y la evolución natural. Y esa conversación nos conduce hacia la inevitable conclusión de que a medida que me desarrollo, más conexiones se hacen evidentes. A medida que profundizo mi autoconocimiento, más compleja me parece la naturaleza. Entonces comprendo que viajamos juntos y co-evolucionamos para responder a ese impulso de desarrollarme, preservar  y comprender la vida. Ese impulso se hace cada vez más evidente a medida que reflexiono y tomo conciencia.

Siento que soy algo más que un miembro de mi familia. Algo más que un miembro de una comunidad o una sociedad. Siento la responsabilidad de contribuir a la tarea de la humanidad, porque no hay otro humano que tenga mi historia o mi perspectiva. Comprendo que soy una pieza única en el puzle que debe resolver el ser humano. Me doy cuenta de que cada “otro” es también una pieza fundamental para completar el acertijo. Y que el enigma que debemos resolver va evolucionando con nosotros.  Cada generación tiene misterios que desvelar. Entonces, en esta era, mi voz se debe unir a las voces de todos los humanos para aportar la nota justa que requiere la transformación social que nos hará comprendernos mejor. A medida que escucho más voces, más diáfano me parece el canto humano. A medida que seamos más los cantores, más afinada será la melodía. Entonces comprendo que nuestro cantar se expresa en la sociedad que hemos hilvanado y que todos estamos respondiendo al plan que nos hace progresar como especie y que se genera en ese impulso de curiosidad primordial que nos caracteriza.

Siento que el tiempo es mi profesor. Que mi vida es mi escuela y mi reflexión es mi universidad. Mis experiencias me enseñan. La profundidad con que las analizo, me forman. Siento que el tiempo se adapta a mi desarrollo y me permite comprender, solo cuando estoy preparado para la lección. Y si el tiempo es así conmigo, debe serlo con la humanidad. El aprendizaje de nuestra especie ha sido lento porque hemos evolucionado colectivamente y porque ahora todos estamos enfermos. El amor por el dinero se ha convertido en una epidemia contagiosa que tendremos que erradicar. Algo que sabemos pero que necesitamos procesar. Aunque nos queda un largo camino por delante, tendremos éxito, porque no existe nada más poderoso que el espíritu humano. Sobretodo porque tenemos un impulso poderoso que nos obliga a desarrollar plenamente nuestro potencial. Y sospecho que el potencial del ser humano es verdaderamente enorme.

Confío en el ser humano, a pesar de su actual comportamiento. Confío en estos impulsos. Porque vienen de la eternidad.

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