Impulsos III, Columna de Cornelio Westenenk

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Siento que soy parte de un proceso evolutivo universal. Siento que mi propio desarrollo me permite comprender las cosas desde una perspectiva superior y que al tomar consciencia de ese nuevo entendimiento, mi vida adquiere un sentido diferente. Siento que la expansión de mi consciencia altera mi hábitat. Mi vida  co-evoluciona en la interacción con el medio-ambiente (en el que yo decido vivir). Soy producto de mis circunstancias, tanto como ellas son producto de mis decisiones. Juntos danzamos al son de la música de la vida.

Estoy conectado a todas las cosas y siento que estamos buscando una mayor coherencia. Esa búsqueda que nos une, nos define como un organismo global buscando su desarrollar su pleno potencial. La separación entre las personas y la naturaleza es una ilusión. Estamos conectados. O dicho de otra forma, somos un equipo y cada uno tiene su misión. En este equipo, el ser humano tiene un rol fundamental porque tiene consciencia de su responsabilidad. Estamos cumpliendo la labor del cerebro en este súper organismo…

Para que el equipo tenga éxito, es necesario crear un ambiente de plena colaboración. Es el rol que le corresponde al cerebro: coordinar bien al equipo. No tiene sentido que parte del equipo tenga intereses propios y diferentes. Nuestras verdaderas motivaciones deben ser coherentes con el desarrollo del pleno potencial que juntos tenemos y no de conseguir logros a expensas del equipo.

La riqueza personal, las posesiones materiales o el poder, no contribuyen al objetivo global y por lo tanto, solo deben ser contempladas como fantasmas del ego. Y cuando comprendemos que es el ego, lo que nos separa, damos el paso más importante hacia la coherencia con nuestro objetivo común.

Nuestro verdadero norte es el bienestar general, la expansión de la consciencia y la sustentabilidad de la vida. Todos en el equipo deben contribuir a acercarnos a esta meta. La humanidad, actuando como cerebro de este súper organismo, debe re-educarse.

Cambiar la cultura de fragmentación, por una cultura de integración; cambiar la cultura de la competencia por una cultura de cooperación; apuntar hacia el progreso sustentable; asumir nuestra responsabilidad en la generación del ambiente en que vivimos; son los desafíos que debe enfrentar la nueva educación.

Aquellos que buscamos generar cambios profundos en la educación, tenemos el futuro de la humanidad como principal motivación. ¡Qué privilegio y qué responsabilidad!

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