Jugar, jugar salir a Educar: La importancia del Juego en la Educación Preescolar

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Si piensas que las palabras educar y jugar no tienen ninguna relación en el contexto de la educación inicial, entonces es mejor que no continúes leyendo. Por el contrario, si crees que jugar y educar tiene una relación estrecha e imposible de separar durante los primeros años escolares, te invito a seguir leyendo y a descubrir porque es importante incluir esta actividad en la labor educativa.

El juego es de las actividades innatas que realizan los niños y niñas para descubrir el mundo que los rodea. Desde pequeños disfrutan el actuar escenas de la vida real para poder crear su propio entendimiento de cómo funciona todo lo que está a su alrededor. Es muy común ver a un niño o niña de cinco años decir, “hagamos como que yo soy la mamá y le doy la comida a la guagua”. Si pensamos en la profundad de esta frase o de cualquier otra frase donde los niños “juegan a ser” para recrear roles de la vida real, nos damos cuenta de los innumerables aprendizaje que se están desarrollando.

Nuestras bases Curriculares para la Educación Parvularia, tienen como uno de sus principios fundamentales el Principio del Juego. En él se explica la importancia de implementar y valorar esta actividad como eje fundamental de la planificación de los aprendizajes esperados que esta contiene. Entonces, ¿por qué existen Escuelas y Jardines Infantiles que olvidan la necesidad innata de los niños por jugar? ¿Por qué en algunos Kinder el curriculum está enfocado en que los niños aprendan el alfabeto, los números y porque no que aprendan a leer?

Planificar un curriculum en torno al juego no es tarea fácil. En un principio puede sonar extraordinariamente complejo dejar que los niños jueguen por una hora o más durante la jornada escolar. Los profesores se pueden preguntar cuándo entonces es que los niños van a aprender de la naturaleza, los animales, el otoño, el invierno y los miles de otros contenidos que nos empeñamos en enseñarles. Pues bien, creo profundamente que el juego, ya sea a través del trabajo en área o como cada institución escolar desee llamarle, es la clave para que todos estos contenidos se desarrollen con un invaluable sentido: que el interés del “qué” aprender venga directamente de los intereses de los niños y niñas.

Como dije anteriormente planificar en torno al juego no es fácil. Primero que todo hay que establecer el espacio que vamos a ofrecer para que esta actividad suceda. De esta manera toda clase o salón de educación preescolar y porque no de primero y segundo básico, debiese tener una área de juego dramático. Es fácil llenar un tipo de área como esta con materiales tales como cocinas, disfraces, tasas, platos y otros utensilios de casa. En una primera instancia, es un perfecto acercamiento. Pues la casa es el contexto más cercano que tienen los niños y por ende es desde ahí donde comienzan a entender el mundo que los rodea.

Sin embargo, es importante comprender que los materiales que proveemos para que este juego dramático suceda deben tener un componente esencial: tener un final abierto. Esto significa que el niño pueda transformar el material según sus propios intereses y necesidades. Un claro ejemplo es en lugar de tener disfraces, simplemente tener telas de distintos colores para que los niños jueguen “a ser” lo que ellos necesiten y quieran ser.

La hora de juego, que personalmente conocí en mi voluntariado en Bank Street College of Education es conocida como como “work time”, es decir hora de trabajo. Durante este momento lo que esencialmente ocurre es que la sala de clases se abre a un sin fin de aprendizajes donde los niños son los principales protagonistas.

El educador cuidadosamente planifica las áreas donde los niños van a trabajar además de proveer interacciones adecuadas para que cada experiencia sea un motor para futuros aprendizajes. Durante esta hora o más de “Hora de trabajo”, la cual es la base fundamental de la jornada, la sala de clases puede parecer un caos total, pero con mirar detenidamente cada espacio, es fácil darse cuenta que el caos es sólo parte de una mirada macro que no deja apreciar los detalles de los aprendizajes que están ocurriendo.

Recuerdo que cuando estaba haciendo este voluntariado me quedé mirando y observado lo que realmente estaba sucediendo en este Pre kínder. Un grupo de niños iban y venían desde la alfombra donde estaba el área de juego dramático a la mesa donde se encontraba el área de los papeles y lápices. Cortaban, escribían, mientras otros seguían construyendo algo en la alfombra que personalmente no comprendía bien que era. Después de unos 20 minutos de ir y venir los niños estaban listos. Finalmente todos entendimos que estaba sucediendo. El caos ya no era tal, pues la alfombra se había transformado en el escenario de la obra de teatro que el grupo de niños había creado. Los papeles eran las entradas que habían hecho para que los demás niños pudieran entrar a ver la obra. Los ir y venir eran los vendedores de las entradas y las sillas en fila eran para el público. Las luces se apagaron y simplemente me quedé sin palabras, pues nunca había visto algo así.

Es necesario entonces pasar horas enseñándole a los niños sobre temas globalizadores que poco son de su interés. Este grupo de niños trabajo en equipo y logró involucrar a toda una sala de clases en una obra de teatro. Enriquecieron su desarrollo social, su lenguaje, su pensamiento lógico y su comprensión de como un sistema como el de las entradas para ver un espectáculo funciona. Lograron incluso contribuir a la comunidad de esa sala de clases creando una actividad donde todos pudieran participar. Y cual fue la motivación, simplemente jugar y la gran diferencia, poder tener tiempo y espacio para hacerlo.

Dejar que nuestros niños y niñas jueguen no cuesta más que dejar un espacio en nuestra rutina diaria y tener un convencimiento firme de que los aprendizajes que suceden a través del juego son invaluables. Para que queremos tantas sillas y mesas si es en las interacciones donde los niños aprenden y se adueñan del mundo que los rodea. Las salas de clases de la educación preescolar debe ser un espacio donde actividades como el juego y el trabajo en área jueguen un rol central. No necesitamos materiales sofisticados, pues sabemos que la motivación para que el juego y por ende el aprendizaje ocurra solo necesita tiempo, espacio y la imaginación de nuestros niños y niñas.

Tatiana Bacigalupe

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