La autonomía es un elemento fundamental para los directores

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Competencias de LiderazgoLa libertad para armar equipos es clave para liderar un proyecto educativo que busca que todos avancen hacia los mismos objetivos, plantea el académico inglés. Por Margherita Cordano F. El Mercurio Mientras habla sobre aquello que define a un buen director de escuela, Christopher Day vuelve constantemente al mismo ejemplo. Se trata del caso de una mujer que hace unos años llegó a hacerse cargo de una escuela llena de problemas en Inglaterra: profesores desmoralizados, ventanas rotas y agujas tiradas en el patio eran algunos. “A los dos meses de haberse instalado en su nuevo puesto, esta directora convocó a una reunión en la que participaron todos los miembros de la comunidad; todos. Juntos se pusieron a hablar de lo que esperaban del colegio, hasta que llegaron a una visión común de lo que querían lograr. De un minuto a otro, el establecimiento dejó de ser de pocos y pasó a ser de muchos”, indica el especialista. Day es profesor de Educación de la Universidad de Nottingham (Reino Unido) y coordinador del Centro de Investigación sobre Liderazgo y Gestión de la Educación (CRELM). Desde esa tribuna, su papel ha sido investigar qué cosas definen a los buenos líderes escolares. Day usa el ejemplo de la directora para explicar una de las cualidades que le parece indispensable en un buen rector: la capacidad de generar una cultura alrededor de la cual se desarrollen las actividades en un colegio. Para hacerlo -explica- es fundamental que los directores de escuelas públicas no dependan de entidades superiores para tomar ciertas decisiones. Tener la libertad de despedir a los profesores que no rinden suficiente, por ejemplo. “La persona que destaco como ejemplo llegó a trabajar con un grupo de profesores seleccionados por la administración anterior. Después de evaluarlos por un tiempo, terminó despidiendo a un tercio”, indica para dar cuenta de cómo una de las acciones que le permitió revertir el mal estado de la escuela fue tener la libertad para tomar este tipo de decisiones. “Sé que la tradición indica que en los establecimientos públicos chilenos esto no sucede así, pero me gusta pensar que Chile avanza en este sentido”, dice. Y agrega algo más sobre la necesidad de contar con maestros efectivos: “Muchos directores solo se centran en mejorar la asistencia de los alumnos, pero eso sirve poco si tenemos niños sentados en la sala, pero sin estar aprendiendo”. Redes de protección Si se trata de escuelas que trabajan en contextos vulnerables, una de las cosas más importantes es que los directores sean capaces de definir una hoja de ruta respecto de cómo tratar casos de mala conducta entre los estudiantes. “Esto es sabiduría muy básica, pero es sorprendente lo poco que efectivamente se aplica: se sabe que uno o dos alumnos disruptivos pueden interferir en toda una clase, por lo que se vuelve necesario que los directores aborden cómo tratar estos casos con sus profesores. Si todos tienen una misma política, es más fácil pedir a los jóvenes que se comporten, porque saben que es algo que se les va a exigir en todas sus clases por igual, sin excepción. Hay cierto sentido de lógica, de sentirse seguro de que a todos se les evalúa de la misma forma”, explica Day. Otra de las acciones que ha mostrado ser altamente efectiva entre quienes lideran escuelas en contextos vulnerables ha sido involucrar a la comunidad que está alrededor del establecimiento, cosa de formar redes de protección. “Los buenos directores trabajan muy cerca de su comunidad, en ocasiones, poniendo a disposición un espacio dentro del establecimiento para que se lleven a cabo actividades en las que todos pueden participar”. De esta forma, el colegio deja de ser un ente apartado de la sociedad y se transforma en un espacio de aprendizaje conjunto que hay que cuidar. FUENTE

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