La ciudad es un espacio educativo al que los profesores pueden sacar gran provecho

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DUJrkDBWkAAJ0F-Por tres días, 33 profesores de todo el país recorrieron Chiloé para aprender de qué forma una iglesia, un mercado o un parque pueden ser la base para enseñar sobre ciencia, historia o arte. Por M. Cordano en El Mercurio Un perro callejero que le sigue el paso a unos turistas, un hombre que acarrea las compras del supermercado y hasta una persona en situación de calle: todas estas son escenas con el potencial de transformarse en situaciones de aprendizaje. Esa es la premisa detrás de los paseos culturales que hace más de 20 años organiza para un grupo de profesores la Fundación Futuro. Dos veces al año -en época de verano e invierno-, la institución escoge una ciudad, traslada a los profesores seleccionados y les planifica actividades para que la conozcan mejor. El paseo más reciente fue hace unos días en Chiloé. Para mostrar que la ciudad es un espacio educativo al que se le debe sacar provecho, mientras paseaban por la Plaza de Armas de Castro, los 33 profesores que este año participaron en la iniciativa tuvieron que discutir si les parece que en 102 comunas costeras esté prohibido el uso de bolsas plásticas, si sería posible haber lanzado la “Ley Cholito” hace 30 años, o si las personas que no duermen bajo techo son responsabilidad del gobierno. “El profesor acostumbra a enseñar desde un espacio cerrado y asimétrico, lo que genera una distancia entre el estudiante. Sin embargo, mediante la pasantía pudimos constatar que también se pueden generar aprendizajes en un espacio abierto, sobre todo si este reviste un valor cultural que genere identidad y pertenencia. De esta manera, el estudiante estará más flexible, trabajará todos sus sentidos, podrá conocer otras perspectivas e irá aprendiendo desde el hacer”, comenta Diego Ponce, profesor de Lenguaje del colegio San José (San Bernardo) y uno de los participantes de este último encuentro. En la pasantía participaron profesores de establecimientos municipales y particulares subvencionados de todo el país y se realizó durante tres días, en los que visitaron iglesias, mercados, plazas, parques y museos. Ideas concretas “Estos talleres son un espacio para hablar y convencernos de que los espacios públicos son también espacios educativos. Lo que queremos es ensanchar los horizontes de los profesores de Chile”, explica Magdalena Piñera, directora ejecutiva de Fundación Futuro. “No estamos pensando en una salida a modo de paseo de fin de año y punto; aquí hay una clase evaluable con objetivos y tiempos precisos, además de metodologías apropiadas. En Talca se puede hablar sobre la declaración de la Independencia o sobre arte, porque en la Universidad de Talca hay un parque de esculturas, por ejemplo. Un monumento puede servir para hablar sobre Historia, pero también para hablar de Física al preguntarse cuánto pesa o cómo la habrán levantado, si se usó una tarima o una especie de palanca”. Gloria Menares, profesora del Colegio Fernández León de San Antonio ya imagina cómo aplicar a sus clases las salidas a terreno. Para enseñar sobre aves marinas en Biología, su plan es visitar el humedal Río Maipo, mientras que “en Química planificaré una visita a la planta de agua San Juan, para evaluar la aplicación de la química en el tratamiento de las aguas que se realiza en la bocatoma del río Maipo para hacerla potable. Prepararé la guía de visita para evaluarla posteriormente, en ella solicitaré el listado y la aplicabilidad de las sales binarias, ternarias y sustancias puras utilizadas en la potabilización del agua”, indica. Entre sus ideas también está una salida a la plaza de Llolleo, que permita “evaluar y apreciar la química de los materiales utilizados en la remodelación de la plaza y la resistencia a la oxidación de los metales en un ambiente costero como San Antonio”. Por M. Cordano en El Mercurio

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