La «evaluación» trasciende la institución educativa

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La Evaluación es un concepto que trasciende la institución educativa, está incorporado en el lenguaje común de las persona y  en las experiencias profundas  que marcan las experiencias escolares.

La evaluación de la manera tradicional, se ocupa de las metas y no de los caminos. De los hitos finales y no de los procesos de construcción, por eso se ocupa de “evaluar” solo en los momentos de cierre y la expresión es la calificación, que aprueba o reprueba sin mirar las diferencias individuales, los modos de aprender, los ritmos y tampoco se hace cargo de lo exitosas o erradas que hayan sido las estrategias de enseñanza.

La evaluación tradicional promueve la competencia y el ranking, ratifica el éxito de los mejores, profundiza y perpetúa el fracaso de los otros.

La evaluación tradicional está dirigida a alumnos  promedio, no da  reales oportunidades de mejora y tampoco se hace cargo de profundizar en los aprendizajes de los que avanzan más.

El punto de partida para el desarrollo de una modalidad de evaluación que considere los aspectos antes señalados,  son los aprendizajes de los estudiantes. Tema  que en la práctica tampoco está del todo claro en los dispositivos que los docentes diseñan para desarrollar los procesos de enseñanza.

La evaluación del aprendizaje guarda relación directa con qué se enseña, cómo se enseña y cómo se aprende. En general las  instituciones educativas ponen los énfasis  en los contenidos de la enseñanza y cómo enseñar, raramente se enfocan en cómo deben aprender los alumnos, quizás porque quienes responden por el diseño y gestión curricular suponen que los alumnos ya saben hacerlo.

La experiencia nos demuestra que  el aprendizaje es un tema  que no se releva lo suficiente, menos vinculado con el componente evaluativo, como un factor que incide directamente en el éxito o fracaso escolar.

Muchas de las actividades de supervisión, formación y apoyo a los docentes ponen el énfasis en el dominio de los contenidos disciplinarios (aspectos que es muy importante) y la planificación de la enseñanza (con una mirada unívoca) lo que confirma que, de alguna manera, los énfasis están puestos en la enseñanza, dando por seguro que los alumnos saben aprender..

Los conceptos que históricamente han sustentado la evaluación han tenido cambios importantes.

Tal vez el más importante es que debe ser una  actividad que dé cuenta de la calidad del proceso realizado por los estudiantes y también de de los resultados de la enseñanza .

Es en el proceso educativo que la evaluación cobra su real sentido, en la medida en que  sirva a los alumnos como herramienta para mejorar su aprendizaje y también sirva a los docentes para  revisar y mejorar la calidad de su enseñanza

De esta manera, se trata de superar la  visión sancionadora, segmentadora, elitista y punitiva que ha tenido siempre, para convertirla en la mejor estrategia que permita lograr aprendizajes auténticos y significativos, así los estudiantes pueden aprender a tomar decisiones para mejorar más y mejor y  a generar sus propias estrategias de aprendizaje.

Con este enfoque  se pretende que  el alumno, cada vez  se vuelva más autónomo frente al aprendizaje, que reflexione haciendo metacognición sobre sus conocimientos y saberes, para comprender qué  y cómo está aprendiendo.

Es así que, evaluación y aprendizaje, se entrelazan como un único proceso pedagógico, de manera que la evaluación se convierte en una oportunidad más para aprender.

Así, también es necesario que los docentes manejen los dispositivos curriculares enfocados en el logro de los aprendizajes por sobre el tradicional “pasar materias”, lo que se traduce en la práctica en un reencuadre de la planificación y la construcción de instrumentos evaluativos.

La evaluación, desde la perspectiva del aprendizaje también, incluye la revisión de las prácticas y el análisis de las instituciones educativas como un proceso permanente de aprendizaje profesional e institucional para el desarrollo y la mejora permanente.

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

Porque la formación inicial no nos ha dado las herramientas necesarias  para comprender lo que ocurre con los estudiantes cuando aprenden, por lo tanto regresamos a nuestros conocimientos arraigados desde la experiencia escolar.

 Cambiar en la forma de evaluar es un cambio cultural profundo, es valorar los procesos por sobre los resultados, es creer realmente que todos pueden aprender y que para eso requieren de tiempos y oportunidades adecuadas.

Modificar la evaluación significa tomar decisiones colectivas respecto de los aprendizajes estructurantes, la integración de las asignaturas, significa revisar la práctica y sobre todo visibilizar a los estudiantes y sus aprendizajes.

Es reconocer que el poder de la evaluación no recae exclusivamente en el profesor, es validar como instrumentos evaluativos las actividades cotidianas, las guías, las tareas, los trabajos en clase, las expresiones orales, es aprender a generar pautas, rúbricas en conjunto con los estudiantes.

Pero no es lo que estamos acostumbrados a hacer, por lo tanto nos produce inseguridad y como no tenemos la experiencia, no nos atrevemos a innovar, porque modificar lo conocido y lo seguro produce temor.

Nos cuesta adoptar nuevas formas, porque tenemos creencias arraigadas, de toda la escolaridad y también de la formación profesional.

Este nuevo concepto puesto en práctica significa hablar de una evaluación para aprender y una evaluación como manera de aprender.

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