La IN-Felicidad. Blog de Mónica Celedón

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Si dar la PSU es una preocupación de nuestros jóvenes y, porque no decirlo, generadora de evidentes situaciones de estrés; menos evidente, pero no menos estresante es el enfrentarse al hecho de elegir y priorizar qué va a estudiar.

Se piensa que este dilema lo tienen solo aquellos que obtuvieron un puntaje que les permite elegir. Sin embargo, no nos engañemos, no es solo de quienes estén enfrentados a tomar la decisión de su futuro profesional, sino todos nos vemos diariamente desafiados a escoger en cada momento y situación de nuestras vidas.

Nadie puede dudar que cuando escogemos, buscamos hacer un camino que nos lleve a la felicidad. Y así, la felicidad que queremos para nosotros, la deseamos para nuestros hijos e hijas y empezamos a llenarlos de juicios que a nuestro parecer, son la clave de la felicidad: “Cómo vas a estudiar música si con tu puntaje podrías ser un excelente médico”; “Es difícil que puedas mantener una familia buscando fósiles.”; “¡Literatura! y ¿sabes qué hace un literato, eso es un hobby?”…

No dejo de sorprenderme cómo muchísimos de mis estudiantes escogen finalmente, lo que no desean, convencidos que mientras más IN, lo que estudien, más felices serán.

Pero los invito a juntar el prefijo IN con el sustantivo felicidad: IN+Felicidad. Con solo hacer este ejercicio podremos entender que el lenguaje nos entrega un mensaje de sabiduría: es difícil encontrar la felicidad cuando uno escoge desde lo que está de moda y no, desde lo que alienta tu corazón. No habrá posición, sueldo o reconocimiento que podamos valorar, estudiando o ejerciendo una actividad que no se ame. Es probable que pueda realizarla bien, pero no implica que sea feliz con ella.

¿Qué nos ha pasado? Somos testigos y, porqué no decirlo, protagonistas también, de cómo hemos perseguido y luchado desde el prefijo IN inculcado por esta sociedad de consumo, para finalmente convertir nuestra felicidad en deudas, amarguras, preocupaciones, separaciones, soledad…

Ya es tiempo que nos conectemos y recuperemos la FE+licidad, en vez de seguir hablando de su antónimo la IN+felicidad. Tal vez, las nuevas generaciones puedan salvarse de tantas decepciones, si empiezan a utilizar el lenguaje desde aquello de afirma una realidad y no, desde lo que la niega.

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