La mediación Escolar para Educar para la Paz, Columna de Cristian Ramos

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“La existencia del conflicto es evidente. Forma parte de la historia personal y social. La vida sin conflictos es un sueño, una ilusión de corta duración. Se aprende, se crece y se progresa a través y gracias al conflicto. Cada uno tiene sus propias aspiraciones y deseos, y con frecuencia no encontramos con que otros tienen aspiraciones y deseos distintos a los nuestros. Como consecuencia surge el conflicto” (San Martín, 2003; p. 9)

Por tanto, la escuela como institución no se encuentra ajena del conflicto, en donde la mediación corresponde a una herramienta fundamental para la resolución y dar respuestas a las demandas de la comunidad educativa.

Educar en contextos de pobreza ciertamente es difícil. Pero educar en contextos en donde la convivencia escolar se traduce en violencia en el diario vivir, es una tarea titánica que contradice todos los principios educacionales e incluso morales. Para poder educar y educar con calidad es necesario contar con una adecuada convivencia escolar.

Siguiendo la idea anterior, es necesario recordar que existen ámbitos de aprendizaje, de los cuales solamente uno se refiere a los contenidos, el aprender a saber. Pero, más importante es aprender a ser y aprender a convivir (el cuarto es aprender a hacer, según el Informe Delors[1]), puesto que la educación no solamente pasa por los conocimientos que los docentes puedan transmitirles a sus estudiantes, sino los valores y las actitudes que le servirán de guía para toda la vida.

En otras palabras, “la mediación educativa busca mejorar el clima y la seguridad escolar. Cada día son más los casos de violencia dentro de la escuela. Los adultos, como respuesta, tratamos de evitar o reprimir esta violencia. La mediación es otra respuesta,  más constructiva; es un intento de revertir los patrones de conducta violenta” (Rosenblum de Horowitz, 2001; p. 31).

Es por ello que estamos de acuerdo con la afirmación de que “la escuela forma en contenidos académicos y hasta ahora no se hizo cargo del tema de la resolución de conflictos, que se supone provienen del aprendizaje experimental porque se consideraba que era terreno de la educación familiar” (Rosenblum de Horowitz, 2001; p. 25), pues no puede restringir a este núcleo, base de la sociedad según la constitución, debido principalmente a los cambios que esta misma ha experimentado durante las últimas décadas y que tienen como consecuencia que la escuela deba asumir algunas de las tareas que antes le competían solamente a la familia puesto que esta “ha pasado de su anterior forma amplia a su actual forma nuclear, sin más adultos que los padres con uno o dos hijos. La mujer se incorpora paulatinamente al mundo del trabajo.  La escala de valores familiares se ha transformado. Las relaciones dentro de la familia han cambiado significativamente. La educación familiar resulta incompleta por diversas circunstancias.  Los padres no tienen la autoridad  que tuvieron en el pasado  y se ven impotentes ante la influencia de los medios de comunicación y las conductas rebeldes de sus hijos (San Martín, 2003; p. 31) y muchas veces los protegen de las sanciones impartidas por los establecimientos educacionales en una idea mal entendida de ser un “padre moderno”.

Es por ello que las escuelas también han debido reinventarse y en lugar de tener “reglamentos internos”, ahora confeccionan los llamados “manuales de convivencia”, los cuales pasan de tener una función meramente punitiva como también tiende más a la formación de los ciudadanos para vivir en comunidad y que, además, ha ido incluyendo a otros actores dentro de la comunidad educativa para su redacción en consenso, como lo son los centros de padres y apoderados, centros de alumnos, además de los docentes.

Por tanto, es dentro de este mismo pensamiento educativo, en el cual se concibe la educación como un “proyecto ético” y en el cual se ha dejado de lado ya el modelo normativo o punitivo-sancionador de corte clásico por uno más democrático e inclusivo que se ha identificado la idea inicial como la necesidad de establecer la mediación como forma de resolver los conflictos, como soporte y resguardo del manual de convivencia de un establecimiento, o como su operativización, si así se le quiere ver.


[1] Informe ala UNESCO dela Comisión Internacional sobrela Educación para el siglo XXI.

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