¿La política en la calle?

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“Si las universidades estatales se desarman, una parte esencial del Chile más profundo morirá con ellas. Eso los jóvenes lo han entendido mejor que los expertos en educación…”

La actividad política se ha deteriorado hasta llegar a niveles nunca antes vistos y ha mostrado su peor cara en estos días. El que la Alianza haya apoyado -por ejemplo- la elección de un vicepresidente de la Cámara de Diputados que todos sabían había sido condenado por fraude al fisco, solo para ganar un voto más en la acusación contra el ministro de Educación, revela una abdicación ética de la máxima gravedad, que la invalida para exigirles después probidad a sus adversarios.

Estos, por su parte, al redactar un libelo acusatorio plagado de errores flagrantes, han demostrado una impericia, falta de rigor y un nivel de improvisación vergonzosos. Después, algunos analistas se quejan de que la política se decida en la calle. A estas alturas, me parece que la calle ha demostrado más consistencia y coherencia que una clase política sin convicciones morales y sin competencia: una mezcla letal. Por ello es tan grave que el Estado haya dejado a la deriva a sus universidades estatales -que es donde se ha producido lo de más valor y relevancia intelectual en nuestra historia- y permitido que el lucro (yo hablaría con más precisión de usura) distorsione el sentido último de la educación universitaria. Sin educación pública de calidad, no puede haber política de calidad.

Se ha llegado al punto de usar argumentos morales y populistas para desviar fondos que el Estado debiera concentrar en premiar a los mejores alumnos (que son los que en su mayoría postulan a las universidades tradicionales) para repartirlos a los más “pobres”, sabiendo que al final quienes se benefician con esos recursos estatales terminan siendo muchas veces inescrupulosos dueños de universidades del tipo Universidad del Mar. El Estado no puede hacerlo todo, pero por lo menos debiera focalizarse en cuidar y potenciar sus propias universidades. El Presidente de la República se ha empecinado desde el primer día de su mandato en ningunear a esas universidades. Su forma de actuar hacia estas ha sido la misma que tuvo con el mejor entrenador de la selección chilena de fútbol de los últimos tiempos. En los dos casos ha ayudado a desmantelar la excelencia, tan escasa hoy. ¿Por qué? Tal vez porque participa de un resentimiento contra las universidades públicas y lo público -para mí difícil de entender-, propio de una derecha que traicionó a sus notables antepasados liberales del siglo XIX y se entregó a los Chicago Boys de los años 70. Esa elección puede significarle su ruina política definitiva.

También algunos conspicuos ex funcionarios y ex ministros(as) de gobiernos de la Concertación han tenido súbitas “conversiones” hacia esa particular forma de resentimiento, luego de ser contratados por universidades lucrantes.

Jorge Millas, el filósofo que ha pensado como nadie lo que es la esencia de la universidad, advirtió en los años 70 sobre la aberrante figura de la “universidad vigilada”. Hoy yo hablaría de universidades controladas y reducidas por un sesgo economicista no menos brutal que el de una intervención militar.

Cuando el ministro Beyer asumió la cartera de Educación, muchos fuimos los que tuvimos la esperanza de que cambiaría el trato del Gobierno a estas universidades, herederas del impulso fundacional de un siglo XIX y de una élite ilustrada. Lamentablemente no fue así. Terminó atrapado por el mismo aire de resentimiento hacia las universidades estatales que se respira en el Instituto Libertad y Desarrollo.

Si las universidades estatales se desarman, una parte esencial del Chile más profundo morirá con ellas. Eso los jóvenes lo han entendido mejor que los expertos en educación, y por eso hoy están otra vez en la calle. Ellos son la esperanza, porque en la “alta” política hoy reinan la incompetencia, la corrupción y el descuido de lo público.

¿Habrá que refundar Chile, recuperando su verdadero origen, volviendo al sueño de Bello y Valentín Letelier, pero esta vez desde la calle?

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