La Presión del Estado y la Calidad de la Educación: Desafíos para la Agencia de Calidad

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Blog de Ernesto Treviño, Director, Centro de Políticas Comparadas de Educación de la Universidad Diego Portales.

Con la puesta en marcha de la Agencia de Calidad, nuestro país habrá dado un paso decisivo hacia una reforma escolar basada en estándares y rendición de cuentas. Esta lógica de reforma escolar dará al estado un lugar privilegiado en el control  de las acciones de sostenedores, directores y, especialmente, profesores. A través de la agencia, el estado definirá estándares de aprendizajes, medirá el logro de dichos estándares principalmente a través de pruebas ajustadas y aplicará sanciones en caso de fracaso en la consecución de dichos estándares.

Aunque esta lógica de reforma suena razonable, especialmente en un sistema educativo coordinado por fuerzas de mercado, algunas apreciaciones de orden técnico son muy importantes de considerar.  Miremos el ejemplo de EE.UU. para obtener algunas lecciones.

Primero, la aplicación de sanciones en EE.UU. ha mostrado un gran poder para incrementar los resultados en pruebas estandarizadas vinculadas a consecuencias de alto riesgo (por ejemplo el cierre de escuelas). Sin embargo, estos mismos resultados no se reflejan en pruebas de bajo riesgo (es decir, no asociadas a consecuencias). Este patrón reflejaría más bien la tendencia de los docentes a enseñar para la prueba, más que a un aumento en la calidad de la enseñanza en un sentido amplio del término.

Segundo, el fuerte hincapié en el incremento de ciertos indicadores de calidad en EE.UU. han motivado a las escuelas a ejercer prácticas de exclusión de estudiantes poco “efectivos”, los cuales son en su mayoría pobres y de grupos minoritarios. Esto ha significado el aumento en tasas de deserción escolar y la exclusión de estudiantes de bajo rendimiento del foco de los docentes, por nombrar algunos.

Tercero, en EE.UU. la presión externa ejercida por el estado hacia la consecución de metas y la aplicación de sanciones ha mostrado tener un poder excepcional para homogeneizar la práctica docente. Los profesores en lugar de ejercer prácticas orientadas al desarrollo de habilidades superiores, más bien han optado por una pedagogía centrada en el profesor, reduciendo el currículum y fragmentando el contenido curricular. El resultado es una práctica docente debilitada y únicamente concentrada en el cumplimiento de la rendición de cuentas más que con las necesidades educativas y socio-emocionales de los estudiantes.

El estado –a través de la agencia de calidad- está asumiendo un rol más activo en la coordinación del sistema educativo. Esto es una medida deseable y necesaria para corregir los problemas que el mercado educativo fracasó en solucionar: equidad y calidad. No obstante, el control ejercido por el estado no está libre de crear resultados negativos en su intento de mejorar la calidad y equidad de las escuelas chilenas. La experiencia de EE.UU. nos muestra que podemos experimentar magníficos aumentos en las pruebas estandarizadas cuando ejercemos presión desde el estado. Sin embargo, estos resultados pueden ser sólo un espejismo numérico que no refleja la calidad de las oportunidades de aprendizaje que están recibiendo nuestros estudiantes. En este marco, la lección general tanto para diseñadores de políticas educativas como para implementadores es trabajar en el diseño e implementación de iniciativas que conjuguen un concepto de calidad de educación más integral, que salvaguarde procesos educativos robustos, auténticos y éticamente plausibles y que tiendan más hacia la integración que hacia la exclusión de estudiantes.

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